SABADO 14 DE AGOSTO 13º DIA BANGKOK-KO SAMET
LA ISLA
Por penúltima vez nos íbamos del Narai, y después de dejar parte del equipaje en la consigna del hotel, nos subimos a un mini autobús, o mejor dicho a una furgoneta con asientos que nos debía llevar hasta Ban Pe, y desde allí coger una embarcación hasta Ko Samet.
Nos repartimos como pudimos, y emprendimos otra travesía. Pilar One, iba delante, al lado del conductor, pero no creo que hablaran mucho; primero por el idioma y luego porque el conductor no parecía muy conversador…
Marta Two le dio una cassette suya al chofer para que la pusiera, pues era de música algo más actual, y ello nos dio pie para ponernos a hablar de gustos musicales…descubrimos que la mayoría de los chicos teníamos en nuestra casa un disco de Luis Miguel.
Nuestro destino, Ko Samet estaba a unos 238 Km de Bangkok. Casi unas 3 horas de viaje a través de varias autovías que nos llevaban primero hacía Rayong, y en ella tomar un desvío de unos 10 minutos que nos llevaba al pueblo de Ban Pe. Ban Pe es utilizado mayoritariamente como puerto de embarque para Ko Samet.
A la hora y media de viaje, paramos en una gasolinera con autoservicio para quien quisiera ir al baño, o comprar cualquier cosa. La parada de 15 minutos, y de vuelta al coche. En una hora y media más llegábamos a Ban Pe.
El coche nos dejó en la terminal del Ferry, donde se cogían los billetes para la isla. Nos recogieron las maletas a todos los que íbamos al mismo hotel, y las pusieron todas juntas para llevarlas a la barca.
Como teníamos tiempo, aunque no mucho, decidimos ir a comer algo en una calle que estaba al lado de la oficina y que se veía llena de tiendas y de puestos de comida. Tras andar unos metros nos decidimos entrar en un establecimiento que era algo así como una cafetería, pero que también hacia platos combinados, e incluso bocatas.
Mientras comíamos, veíamos un canal de deportes en la televisión del lugar. Había que comer rápido, pues el tiempo no nos sobraba. De vuelta al recinto de los billetes, al cabo de unos minutos, llamaron a los de nuestro hotel y nos subieron en un trenecito, para llevarnos a la barca.
Al menos nuestras maletas estaban, pues las veíamos apiladas en un lateral. Entramos en el transbordador y nos sentamos en la parte de atrás, todos juntos. Puntual la barca se fue. No íbamos demasiadas personas en el barco; aparte de nosotros 10, unas 2 o 3 parejas mas y un grupito de japoneses. Queríamos hacer una foto desde la parte delantera del barco, para así poder tener una vista de la llegada a la isla, pero el balanceo de la barca por el oleaje, hacía presagiar que o nos agarrábamos, o caeríamos al agua. En una de las sacudidas, termine dentro de la cabina de mando, mientras los que estaban dentro se reían. Al final Marta Two y yo, sentados en unas sillas de la parte delantera, pudimos hacer una foto de la isla, Ko Samet.
Ko Samet es una pequeña isla de tan solo 13 Km², parecida en forma a una T. Al llegar a la costa, o mejor dicho al “puerto”, la primera impresión no era la de una playa paradisíaca que todos nos imaginábamos. Nos bajamos de la lancha para subirnos en una furgoneta descapotable que nos iba a conducir a nuestro hotel. El Sai Kaew Beach Resort… El nombre sonaba bien y por las fotos que algunos habíamos visto en Internet, o en los folletos del embarcadero, parecía que íbamos a estar en una especie de paraíso, ideal para descansar de todo el ajetreo del viaje.
El clima de la isla era casi perfecto. Sol…mucho sol alternado con ráfagas matinales de viento y con escasez de lluvia. En todos los días que estuvimos en Ko Samet, no nos llovió ninguna vez.
De camino al hotel, pasamos por varias zonas de vegetación, pero sin vida “comercial”, hasta que al final llegando ya cerca del hotel, cruzamos una calle con multitud de tiendas, bares, restaurantes…y gente…
Nuestro hotel, estaba dentro del Parque Nacional Laem Ya-Ko Samet. Para entrar al parque se paga una entrada, que valía 200 baths, pero nosotros llevábamos un ticket que nos permitía entrar y salir de él sin pagar…teníamos la entrada pagada en el viaje…al menos por ahora.
Tuvimos que esperar unos minutos a que nos dieran las habitaciones, y la primera impresión del lugar, quizás no fue la que esperábamos. Las hermosas casitas con vistas a la playa, no estaban, y si acaso no eran las que nos dieron a nosotros. El agua no era tan verde como nos habíamos imaginado…pero había sol, y arena, y un bar al lado del mar, que también hacía de restaurante con mesas de madera, blancas, algo gastadas.
Cuando al fin nos dieron las habitaciones, no estábamos todos juntos. A Encarna y a mí, nos dieron una en la segunda fila, casi justo detrás del bar. En nuestra misma fila, estaban Jordi y Pilar Two, y más en la esquina Carmen y Pilar One.
Las dos Martas y Enric y Angels los pusieron algo mas atrás, en una tercera fila.
La habitación, con suelos de piedra y una cama inmensa, parecía de diseño….de ese diseño moderno, en que falta de todo. El baño no tenia repisas para dejar los neceseres. El suelo del baño, de cemento puro. Y por si no hubiera bastante, las arañas se paseaban por las paredes del baño tan tranquilas. La ducha también era original….sin comentarios.
Creo que tuvimos una pequeña decepción, pero no por las condiciones, porque en peores sitios habiamos estado, si no por que quizás nos habíamos creado demasiadas expectativas.
Y como en la isla habíamos venido a descansar y a tomar el sol, pues eso hicimos. Tomar el sol. Al cabo de unos instantes de habernos instalado, ya estábamos en la playa. Enric y Angels no bajaron pues querían descansar un rato. El sol era más que implacable, y a poco rato que se estuviera expuesto a él, ya quemaba. Lo peor de toda la playa, era la constante presencia, y a veces hasta molesta de las masajistas que venían constantemente a ofrecerse. Un masaje en la playa!!! Sonaba bien. Pero menos mal que no lo hicimos. Marta One, lo probó y no nos lo aconsejó. No tenían ni idea, y estaban más pendientes de charlar las masajistas entre ellas, que no de dar un masaje.
Encarna y yo nos fuimos a pasear por la arena. Toda la playa estaba llena de hamacas, con diferentes bares, al menos hacía nuestra izquierda que fue al primer lugar que fuimos. Después de unos 300 metros, en que se terminaba la arena, y que para seguir caminando había que sortear unas pequeñas rocas en forma de acantilado, vimos una pequeña construcción con un Buda dentro. Nos resultó chocante que en aquel lugar de diversión, hubiera una imagen de Buda. Por el interior de la playa, casi ocultas entre algunos arboles, había unas casitas de madera, que se intuían que debían ser de más lujo que las nuestras.
Volvimos hacía atrás, dirigiéndonos hacía la otra parte de la playa, y comprobamos que toda la arena estaba llena de cojines, hamacas, sillas, mesas… de los bares que suelen emplear la arena como extensión de sus locales. Aquello prometía, pues pensamos que por la noche, debería de haber un ambiente estupendo, con los bares al lado del agua, luces tenues y música…empezamos a maquinar lo que debería ser estar sentado en aquel lugar, contemplando el cielo despejado y lleno de estrellas, con el mar a nuestro lado, el murmullo de las olas, el aire marino, música acorde al momento, una buena cerveza, sentados o tumbados, y como no, con la compañía de todo el grupo.
En algún momento parecía que el hotel se terminaba y con él los bares, y en unos pocos metros más aparecían más bares y con otro nombre de hotel a su lado.
Siguiendo por la arena, llegamos al “final” de la playa, y en la cual, en lo alto de unas piedras, estaba una estatua…una estatua que tenía que ver con el lugar.
Una leyenda relata la historia de un príncipe, que estaba exiliado en un reino submarino, y que ese reino estaba gobernado por una mujer gigante enferma de amor. Una sirena ayuda al príncipe a escaparse a Ko Samet, donde derrota a la giganta tocando una flauta mágica.
De lo alto de aquella roca, veíamos toda “nuestra” playa, y como por detrás de las rocas, seguía habiendo más playa. Alguna pareja de Thailandeses, se refugiaba entre las rocas, buscando un lugar de tranquilidad.
Regresamos al hotel, mientras veíamos que a medida que cae la tarde, los Thailandes aprovechan para bañarse ellos en el mar, pero vestidos. Pantalón corto, camisetas, pero no en bañador, o en bikini. Al menos la mayoría.
Llegaba el momento de la cena. Y como teníamos un mapa, que habíamos conseguido en la oficina de Turismo, con un montón de direcciones y locales de varios lugares de la isla, pues decidimos que por un día podíamos dejar la cocina Thai, y optamos por una pizzería.
Pero como con el mapa vimos que estaría algo lejos fuimos hacía lo que aparentemente era el centro del pueblo a buscar transporte, taxi. Después de regatear un poco y cuando creíamos que nos tendríamos que desplazar a pie, al final conseguimos una furgoneta que nos llevó hacía el pueblo, o mejor dicho hacía la localidad de Vongduernbeach.
El camino era particularmente horroroso. A oscuras, lleno de baches. Casi me recordó el último día del rafting, en aquel auto loco, pero esta vez la principal diferencia es que íbamos algo más limpios.
El taxi nos dejó en el inicio de una zona de bares y restaurantes, y luego tuvimos que andar unos minutos para localizar la pizzeria, la cual nos pasamos de largo, y tuvimos que volver hacia atrás para encontrarla.
Al final allí estaba; Tompizzabeach…sentado al lado del mar, en una mesa y sillas de madera, tomando una cerveza, y esperando unas pizzas que tardaron 1 hora en servírnoslas…ya nos lo advirtió el camarero con una sonrisa que tardarían bastante…pero no le quisimos creer.
Como había hambre, Enric y Marta One, se fueron a un puesto cercano a buscar unos pinchos, pero también tardaron lo suyo, tanto que enseguida fueron blanco de nuestras bromas…
Fue la primera vez en todo el viaje, que abandonábamos la cocina Thai. Pero daba igual. Las pizzas nos supieron a gloria.
Para regresar tuvimos que contratar un nuevo taxi, y aunque regateemos un poco, no había mucho donde elegir, pues el lugar estaba bastante apartado y los taxis no abundaban. De regreso quisimos parar en un bar musical donde se anunciaba una fiesta nocturna, pero cuando llegamos a él, no había demasiado ambiente, por no decir casi ninguno, y nos fuimos hacia el hotel. Queríamos tomar una copa, seguir con la noche, y nos fuimos a pasear por la playa contemplando los bares que permanecían abiertos, con sus mesas y sillas en la arena, o las colchonetas. Había Karaoke, bares de música reggae, y despues de caminar unos instantes, nos sentamos en uno que ofrecía además buena música.
El colmo del relax. Estábamos sentados o semi estirados en la arena, con unas velas en la mesa, y oyendo el ruido del mar, que se mezclaba con la música de los altavoces, y en cielo un montón de estrellas. Una copa y nuestras risas…ideal.
Pero lo curioso, es que los bares cierran pronto, o al menos para nosotros. Aun no eran las 11 de la noche, y estaban ya recogiendo. Pero en fin, no se podía tener todo…
Había que continuar la fiesta en la habitación de cada uno. O al menos intentarlo. Los que pudiéramos.
Mañana queríamos alquilar unas motos para recorrer la isla. Pero eso seria mañana.
DOMINGO 15 DE AGOSTO 14º DIA KO SAMET
MOTOS Y BICIS POR LA ISLA
El sábado noche pasó, y después de la particular fiesta de cada uno, el domingo llegó como llegan todos los domingos cualquiera. Nos levantamos con la inercia propia vacacional y nos fuimos a desayunar frente al mar…Hummmmm…casualidad o no, todos los miembros del grupo habíamos tenido la misma idea, y poco a poco fuimos ocupando las mesas libres que quedaban. Lo único que rompía la magia era el aire molesto que se empeñaba en acompañarnos. El desayuno del hotel era muy completo, como casi todos los que tuvimos en el viaje; la fruta nunca escaseaba y si queríamos nos hacían una tortilla con multitud de ingredientes al momento.
Este domingo habíamos decidido que alquilaríamos unas motos e iríamos a conocer la isla, pues al ser tan pequeña, creíamos que tendríamos tiempo de sobra de verla entera, y además podríamos aprovechar para detenernos en cualquier cala que nos apeteciera y tomar el sol como si estuviéramos en una isla desierta.
A una de las personas del hotel que siempre estaba por ahí, le dijimos que nos consiguiera 5 motos, pues al principio todos queríamos ir en moto, aunque nos diera un poco de respeto.
Poco a poco fueron llegando unos chicos con unas motocicletas de color azul y rojo, con marchas, de bastante buen aspecto, pero si he de ser sincero me daban más miedo que otra cosa. Me apetecía mucho ir con ella, pero como llevaba más de 13 años sin subirme a una, y además siempre me habían causado un miedo importante, pues no las tenía todas conmigo. Enric fue el primero en subirse y dar una pequeña vuelta para familiarizarse con ella. Luego Jordi y después lo hice yo. Primero sólo, pero luego le dije a Encarna que se subiera, pues ir con un pasajero no es lo mismo que ir solo…
Aunque me costó girar la moto, me atreví…¿ cómo no iba a atreverme?…Pilar One dudaba entre coger una moto, o una bicicleta, y creo que a raíz de lo mucho que le insistí se decidió por la moto…-¿cómo no te vas a atrever Pilar?…Tú nuestra valiente capitana…una vez más, Pilar, fue aquella mujer valiente y atrevida que nos había enseñado que era durante el trekking. Carmen se decidió por ir en bicicleta, pues no sabía ir en moto, y las dos Martas también optaron por pedalear. Hacer todo el recorrido que hicimos pedaleando, con las constantes subidas y bajadas, con los baches…creo que se ganaron el reconocimiento de todos por el cansancio que les iba a representar.
Despues de inmortalizar el momento con una foto, empezamos la excursión. Siempre les dejábamos a las ciclistas algo de ventaja, pues nosotros con un golpe de gas, nos poníamos a su altura.
Nos dirigimos hacia el sur de la isla, hacia la punta, a través de la misma carretera sinuosa que habíamos hecho la noche anterior. No había planing hecho. Donde nos apeteciera nos pararíamos, y tomaríamos el sol, el agua, o lo que fuera. Y en Thailandia se conduce por la izquierda.
Poco a poco fuimos dominando la moto, y lentamente nos íbamos atreviendo a cambiar de marchas, a adelantarnos, etc. en algunas subidas, y al ir dos en la moto, si no tomábamos empuje, o poníamos marcha corta, se nos paraba la moto en medio de la subida, como nos paso a Jordi y a mi alguna vez.
A veces teníamos que decidir hacia que dirección ir, pues la carretera se dividía en dos caminos, y además como no queríamos separarnos mucho de las ciclistas, pues las paradas eran frecuentes, y sé tenía la sensación de que íbamos muy despacio. Al cabo de un buen rato de subidas, bajadas, baches, coches que aparecían en medio de la carretera, justo cuando te parabas, y alguna caída sin consecuencias, optamos por parar en una pequeña playa que parecía bastante desértica. Lo único que la playa estaba al final de una fuerte bajada, y había que hacerla con los cinco sentidos.
En aquella excursión estaba echando de menos a Jossel y Silvia, sobre todo por las risas y comentarios que me imaginaba que hubiera hecho Jossel….Un poquito no más!!!!
Llegamos a la arena, y al agua. Después del esfuerzo motero, la recompensa fue un baño en unas aguas limpias, transparentes y con una playa casi desértica. Quienes de verdad se merecían una recompensa eran las Martas, y sobre todo Carmen, pues su cara roja, extasiada, era un poema.
Al cabo de unos instantes decidimos beber algo y acercarnos al bar, al chiringuito playero que estaba detrás de nosotros. Jordi y Marta One me acompañaron, y lo mejor del bar, sus camareros.
El bar estaba regentado por dos Ladys Boys, dos travestis que a Jordi le desnudaron con la mirada; Y eso que de ropa llevábamos poca. Yo también me lleve alguna mirada, pero Jordi acaparo el interés de los dos…del lugar.
Y claro, las risas de la situación, fueron la comidilla del día con el grupo. Terminado el paréntesis, de nuevo a las motos, o a las bicis, y a seguir. Queríamos llegar al final de la isla. En circunstancias normales, supongo que en media hora se podía hacer todo el recorrido, pero con tantas paradas que hacíamos, el tiempo paso más rápido de lo normal. A ratos mientras íbamos en moto, veíamos a ambos lados el mar, señal de que el final de la isla estaba cerca y nosotros íbamos por el pedazo de tierra que separaba las dos partes de la isla.
Después de alguna peripecia más llegamos a una bajada impresionante, y que optamos por bajar sin nuestra pareja, pues además de lo empinada que era, el terreno no estaba precisamente llano. Al final de la cuesta, había un restaurante, donde despues de preguntar si nos daban de comer, nos quedamos a hacer el avituallamiento del día. Seguíamos estando en un ambiente de relax total. Ahora íbamos a comer al lado del agua, y despues a hacer la siesta en la arena. En el bar tenían una televisión en la que estaban transmitiendo algunas pruebas de natación de las Olimpiadas.
Mientras nos preparaban la comida, Encarna y yo paseamos un poco por la playa donde descubrimos un columpio sujeto con unas largas cuerdas en la rama de un árbol.
Despues de comer, la siesta. Un mini baño, y a descansar…pero no había que confiarse, pues aún queríamos hacer un montón de cosas, y ver muchos sitios. Dejamos las bicis y las motos aparcadas y nos fuimos andando hacia la punta de la isla, bueno todos no, pues Mª Carmen se quedó tumbada en la arena, haciendo la siesta, o buscando algún momento de tranquilidad. En el restaurante nos dijeron que no se podía hacer en moto, porque el camino era peligroso, o sea que en vez de ir en motito, tocaba ir a patita. Pero al cabo de unos minutos de andar, el camino se empinaba y no parecía que la punta de la isla estuviera cerca, por lo cual dimos media vuelta. Bueno, todos no, pues Encarna se empeñó en que quería ver el final de la isla, y yo un poco a regañadientes la acompañé. Quedamos con el grupo en no entretenernos demasiado y ellos mientras empezaron a volver hacia el hotel.
Varias veces estuvimos Encarna y yo tentados de volver hacia atrás, pero más por su empeño que no por otra cosa, al final, al cabo de unos 15 minutos de andar, llegamos a una caseta que parecía un puesto de guardia, y despues de saltar la verja que impedía su acceso, detrás de la caseta, estaba nuestra recompensa: El final de la isla…respiramos con un aire de satisfacción, nos hicimos unas fotos, aunque el lugar no era quizás lo idílico que hubiéramos podido suponer. Unas rocas y un acantilado parecido a cualquiera de la Costa Brava, era el paisaje que vimos, pero si algo lo hizo más interesante fue él hecho de que por nuestra tozudez, o quizás más por la de Encarna, llegamos a la punta de la isla.
Despues de unos instantes de contemplación, emprendimos el camino de vuelta hacia las motos. Mientras caminábamos una motocicleta con gente del lugar, subía por aquella cuesta tan empinada que antes, nada más verla a todo el grupo se nos quitaron las ganas de subirla en moto.
El camino de vuelta fue mucho más rápido que el de ida, pues en principio no debíamos paramos para nada. No obstante si que hicimos alguna parada, algo forzosa. Nos fuimos encontrando a todo el grupo. Uno tras otro.
Primero vimos a Angels y Enric parados en un lado de la carretera. Se habían quedado sin gasolina. Según parece su indicador no funcionaba bien, y no tenían el deposito lleno como la mayoría. Ya habían pedido ayuda. Unos chicos del lugar, se ofrecieron para irles a buscar gasolina. Insistí varias veces en quedarme con él, pero Enric me dijo que no, que a no ser que se hiciera de noche, y no regresara, no le hacía falta ayuda.
Al cabo de un rato encontramos a Carmen. Ella se había parado en un bar para pedir un taxi para regresar al hotel. No podía más. Estaba roja como un tomate. Sin embargo más adelante encontramos a las Martas, que se habían propuesto llegar al hotel en bici, y creo que tuvieron un malentendido con Carmen, pues no se vieron y no sabían si Carmen había pedido un taxi o no.
Luego vimos a una furgoneta que de carga llevaba a Jordi. Él iba a buscar a las Martas y estaba sentado en la parte de atrás de la furgoneta.
Más adelante, en el pueblo que estaba mas cerca del hotel, nos encontramos a las dos Pilares, sentadas en un bar, tomando un refresco, esperando a la reorganización del grupo. Despues de contarles las novedades, y de esperar a Jordi, emprendimos los cinco regreso al hotel. Aunque como la carretera estaba en mejor estado, e íbamos algo embalados, casi nos pasamos del sitio.
La llegada al hotel fue más rápida que la ida; sin embargo no habíamos visto la parte norte de la isla, pues nos había faltado tiempo. Y eso que creíamos que lo veríamos todo. Poco a poco fuimos llegando todos. Enric y Angels también llegaron bien, y nos contaron que el chico que les trajo la gasolina, no se la quiso cobrar…ni tampoco quería propina…aunque lógicamente se la dieron…hospitalidad Thailandesa.
Despues de dejar las motos, nos fuimos a pie, hacia las afueras del hotel, pues queríamos encargar una excursión en lancha para mañana. La encargamos, y después Encarna y yo nos fuimos a un local donde había conexión a Internet, pues queríamos saber si el hermano de Encarna, ya había sido papa, y también mandar algún email más a la familia.
En nuestra habitación, el servicio de lavandería había echo su encargo, y nos habían devuelto toda la ropa perfectamente lavada y planchada, ropa que por error, no quisimos dejar que nos limpiaran en Chiang Mai. Toda la ropa asquerosamente sucia del trekking, volvía a estar lista para usar de nuevo.
Para cenar habiamos decidido ir al pueblo que estaba mas cerca del hotel, y en alguno de los muchos lugares que había, buscar uno que nos gustara para comer. El pueblo se llamaba Ao Hin Krong, y estaba a unos cinco minutos a pie de nuestro hotel.
Decidimos cenar en un restaurante donde lo más llamativo del lugar, eran los pinchos enormes que hacían. El restaurante de los pinchos lo llamábamos.
Todos nos pedimos uno o dos de ellos; había de cerdo, ternera, pescado, salchichas y todos ellos con verdura, salsas y como no cerveza.
Después de la cena, alguien dijo de ir a bailar, o mejor dicho, primero a tomar algo en uno de los locales que había cerca del restaurante y que daba aspecto de estar más animado. Y entramos en el Naga. Aquel disco bar de playa estaba bastante bien. Se podía estar sentado en una mesa, frente al mar, o bailar, o simplemente contemplar a los numerosos especímenes raros que pululaban por el sitio.
A Enric no le apetecía mucho el quedarse, pues no le gustaba demasiado bailar, pero como a Angels si, al final accedió a quedarse, aún que se pasó la mayor parte del tiempo sentado en la barra, contemplando un partido de fútbol que se emitía por la televisión del bar.
El resto nos pusimos a bailar; la música no es que estuviera mal, pero tampoco era para echar cohetes. Varias veces le pedí al DJ. música española, y él lo más parecido que nos puso, fue la Shakira y en inglés. En el bar, había un personaje particular. Un chico del lugar, vestido de negro, con unas gafas de sol puestas, y sin decir ni una palabra, se nos ponía en medio de nosotros, intentando imitar a algún movimiento de Michael Jackson. Si al menos hubiera tenido gracia… Mas que nada, nos provocaba risa, y hasta algo nos molestaba, pero como él iba y venía sin que nadie le dijera nada, pues le dejamos hacer. Si intentaba impresionar a alguna de las chicas, creo que no lo consiguió. Poco a poco, el local se fue animando más y muchos turistas se dejaron caer por el local. Los que más llamaban la atención eran unos enormes chicos de color, que iban acompañados de unas rubias igual de altas que ellos.
Al final Enric se unió a nosotros y también se puso a bailar un rato. Pero poco a poco el cansancio fue haciendo mella en nosotros y decidimos regresar al hotel. Dejamos el bar en el momento en que había más gente y lentamente emprendimos el camino de regreso al Sai Kaew.
El día había sido intenso: motos, arena, playa y baile. Todos regresamos sanos y salvos, a excepción de Pilar One, que tenia la pierna algo estropeadilla; entre las quemaduras que se dio con el tubo de escape, y los arañazos de la caída con la moto, fue la que peor lo paso.
Pero siempre se puede rematar el día, con una buena noche…y mañana más.
LUNES 16 DE AGOSTO 15º DIA KO SAMET
POR LAS CERCANIAS DE KO SAMET
Era lunes. Señal inequívoca que estabamos en la última semana del viaje, o mejor dicho, en los últimos días de nuestra aventura. Y de nuevo lo primero era desayunar, frente al mar, con la brisa marina azotando las tostadas de mantequilla…
Hoy tocaba excursión en barca. Enric y Angels no vinieron. A Enric el tema de la navegación no le atraía demasiado y además no podía mojarse los oídos, por lo cual el atractivo del Snorkel, que íbamos a realizar, tampoco lo podía disfrutar. Se les echo de menos. Acostumbrados a las peripecias de los 12, ahora íbamos a ser 8. Angels y Enric no tenían plan establecido para ese día, y no sabían si alquilar una moto, descansar, o pasear por la isla.
A la hora acordada nos dirigimos hacía el lugar de embarque, que estaba muy cerca del hotel. De hecho todo estaba siempre bastante cerca. Tuvimos que esperar unos minutos a que viniera la lancha a buscarnos, y mientras nos dedicamos a curiosear las tiendas que estaban abiertas, llenas de souvenirs, de comida, de bañadores y sobre todo de pareos.
En la lancha no íbamos solos. Aparte de nosotros 8 nos acompañaban un grupo de japoneses, que siempre querían ser los primeros en todo; en subir a la lancha, en coger los equipos de Snorkel, en comer, y en ser impertinentes. Como no, ellos se sentaron en la parte delantera de la lancha, y nosotros nos quedamos en la de atrás, y como teníamos más espacio, también nos reímos bastante más.
Dirigiéndonos a la isla, desde el mar, la imagen que veíamos, era preciosa. El agua verde, muy verde, mezclada con el blanco de la arena, y con las palmeras y la vegetación detrás…era la típica imagen de playa paradisiaca que todos habíamos visto alguna vez. Y lo que era mejor…estábamos prácticamente solos.
Nuestra primera parada al cabo de unos 30 minutos de navegación fue otra isla, en la que íbamos a practicar Snorkel, y más tarde comer. Cuando los japonesitos terminaron de coger los equipos, nosotros nos apropiamos de lo que quedaba, y menos mal que había para todos. El equipo por así decirlo, no era más que unas gafas de buceo con su correspondiente tubo de aire.
Teníamos un aspecto de risa. Ataviados con las gafas de buceo, y los tubos de respiración, nos dirigimos a “inspeccionar” el fondo marino y a ser aprendices de buceadores. Primero había que tener cuidado con los erizos. En las rocas que era lo que más cerca y con más cantidad estaban de nosotros, se encontraban unos erizos negros, con unos pinchos larguisimos, y que en algunos casos sus púas median más de 40 cmts. Había que tener bastante cuidado, pues en una roca inofensiva, podía aparecer un pincho en el momento más inoportuno. De peces, no es que viéramos muchos. Cuando alguien avistaba unos cuantos, chillábamos como si hubiéramos encontrado un tesoro, y si la cantidad vista era enorme y encima de colorines, aquello ya era una fiesta.
Algún pequeño pez, de color azul, o de rayas blancas y negras; otros transparentes, otros de color verde…pero sin abundar demasiado. Si esperábamos la imagen de bancos de peces pasando por nuestros ojos, esa no llegó. Si queríamos ver algo, debíamos alejarnos bastante de la orilla, y como a casi todos el agua se empeñaba en entrar por donde no debía, abandonamos pronto la practica acuática.
Quienes se llevaron la peor parte fueron Mª Carmen y Pilar One. A Carmen, un erizo se empeñó en juntarse con ella de souvenirs, y tuvo que ir a ver al guía, él cual golpeándole el dedo donde tenía la púa clavada y aplicándole después una pomada, le solucionó el percance. Pilar One, al nadar, se rozó la pierna en una roca, y llevaba toda su pierna llena de arañazos…ayer se lastimó la pierna con la moto, y hoy se la volvió a machacar con las rocas…aún así, ni un reproche salió de sus labios, tan solo los gestos espontáneos de dolor, juntados con el cachondeo que ella hacía de sí misma, fueron las únicas quejas que dijo sobre las excursiones. Era nuestra valiente capitana.
Todos tomamos la opción de dejar el buceo y dedicarnos al vagueo…a hacer el vago…tumbarse a tomar el sol, o como mucho a darnos algún bañito sin aventuras. Las dos Martas, juntamente con Encarna y yo, nos fuimos hacía unas rocas para hacernos unas fotos e intentar divisar algún paisaje encaramados en lo alto de unas rocas.
Hacía el mediodía, tocaba comida. Nuestro guía nos llamó a la mesa, y en ella aparte de los de nuestra lancha, estaban los de otras embarcaciones. La mesa larguisima, estaba llena de piña, sandía, unos pocos calamares y arroz, aparte de agua claro. Y estaba preparada para que a todos nos llegara de todo, un plato de cada cosa para 3 o 4 personas. Lo más asombroso, fue ver a los japoneses, que despues de terminarse su comida, fueron a buscar más a los extranjeros que teníamos a nuestro lado. Pero que no se acercaran a nosotros!!!!!. Y no se acercaron….¿notaron que les miramos con cara de asombro y desprecio?.
Después de la comida, nos montamos de nuevo en la lancha, para dirigirnos hacía otra isla. La barca, daba unos botes en el agua impresionantes. A veces parecía como si por unos segundos se despegara del agua para volar por encima del mar. Lastima que los golpes que daba cuando se posaba de nuevo en el mar, eran igual de espectaculares, y o nos agarrábamos fuertes, o alguna vez nosotros mismos hubiésemos volado por los aires. Eso sin contar, con los golpes que nuestro trasero iba soportando. Supongo que en un intento de fanfarroneo, y de asombrarnos, el guía, que llevaba unas gafas de sol negras, y que no se quitaba para nada, se dedicaba a subirse por los palos de la lancha y a dejar que su cuerpo fuera azotado por el viento, como una veleta, como un trapo…a veces se apoyaba en el exterior de la lancha y se movía colgado de la embarcación, por el exterior, como si estuviera haciendo Sky acuático. Imagino que lo habría hecho cientos de veces, aún así nos sorprendió.
Paramos en una pequeña islita, en la que había un pequeño monte, que todos nos empeñamos en subir. Unos tras otros, fuimos siguiendo a los que iban delante de nosotros, sin saber muy bien para que, o que íbamos a encontrar en la parte más alta de la roca, y después de estar unos 10 minutos subiendo, llegamos a lo que se suponía que era la parte más alta e hicimos algunas fotos de las panorámicas que veíamos. Ciertamente, no valía mucho la pena, pero bueno, al menos caminamos un poco, observando, las hormigas de diferentes colores que íbamos encontrando a nuestro paso.
Al bajar, encontramos unas vistas preciosas y todos nos fuimos hacía un rincón donde había una buena perspectiva de dos pequeños islotes unidos por un pedazo de tierra, y que desde donde estábamos hacían una foto preciosa.
De nuevo a la lancha, a los botes, a los golpes, y a las risas. Ahora la excursión nos llevaba a una piscifactoría en la que debíamos ver crías de tiburón, tortugas y peces varios. Caminar por aquel lugar era tener muy buen equilibrio. Los estanques estaban protegidos por unas mallas, pero para caminar por entre ellos, había unas maderas de unos 40 cmts de ancho, y en la cual tan solo se podía caminar uno tras otro, y si venía alguien por la misma dirección, había que hacer marcha atrás, y buscar un cruce, para desviarse y dejar pasar al resto. En la piscifactoría vendían comida para los peces por si alguien quería darles de comer.
Nos subimos de nuevo a la lancha, con cuidado, pues tanto para subir como para bajar, se tenía que vigilar un poco, y nos dirigimos a otra piscifactoría cerca de la primera. Aunque lo descubrimos más tarde, estábamos en Ko Samet, en la occidental de nuestro hotel. Lo mejor del lugar, era el bar en el que nos sentamos a tomar algo. No cabíamos todos juntos y nos sentamos en dos mesas. Mesas de madera con unas colchonetas que tenían un cojín en la espalda, y con los pies colgando por el agujero que había debajo de nuestras mesas. Realmente se estaba super relajado. De fondo se escuchaba música actual, y nos entreteníamos charlando y contemplando a todos los turistas que por ahí se acercaban.
Pero el relax se terminó y de nuevo a la lancha. Antes el guía se acercó a una de las “peceras” y extrajo un pez globo…lo cogió con la mano, se lo puso en la boca, y simulando que lo hinchaba, aquel pez que era de un tamaño normal, se convirtió en una pelota de baloncesto. Su aspecto era similar a un gran erizo de color blanco, pero el tacto era parecido al de una esponja, no pinchaba, y cuando lo dejó de nuevo en el agua, se deshinchó y volvió a perderse entre las aguas
La excursión llegaba a su fin; nos volvimos a subir por última vez a la lancha y nos dirigimos ya hacía la playa de nuestro hotel, a la que llegamos en unos 5 minutos.
Al caminar por la arena de regreso al hotel, tuvimos una sorpresa. El grupo de Fletcher, que habíamos visto en Chiang Mai, nos vieron llegar y una de las chicas se dirigió a nosotros. Parecía que hubiera encontrado a unos amigos que hacia años que no veía, y más por educación que no por otra cosa, estuvimos un rato hablando con ella; luego se acercó una más del grupo para contarnos lo bien que se lo habían pasado en el Treking, y lo “super, super Guay”, que había sido todo….
¿ Que hubiese ocurrido si en vez de ir con el grupo actual, hubiésemos ido con el de los “pijos”?…Creo que todos estamos convencidos de que no hubiera sido igual. Si este viaje estaba siendo tan especial, era por la buena sintonía que todos teníamos, y aunque siempre podíamos encontrar más afinidad con uno que con otro, nunca tuvimos ninguna desavenencia con nadie. Y eso era importante.
Despues de la excursión tuvimos tiempo libre, de relax, o de playa. Por la noche íbamos de nuevo al mismo sitio que ayer, a comer de nuevo pinchos. Angels y Enric, se habían dado un día de relax total. Sol y playa…y piscina…descubrieron la piscina del hotel.
De camino al restaurante, nos encontramos a todo el grupo de Flecher que estaban cenando en otro restaurante. Solo con mirarlos se intuía una diferencia abismal con nosotros.
Mientras les íbamos contando a Enric y Angels las aventuras del día nos dirigíamos hacía la cena. Los camareros del lugar se acordaban de nosotros, y volvimos de nuevo a comer pinchos, como ayer.
Luego decidimos tomar de nuevo una copa, en el mismo lugar que la noche anterior, pero esta vez no nos íbamos a quedar todos. Las dos Martas, Mª Carmen, Pilar One, Encarna y yo nos quedamos. Enric y Angels y Pilar Two y Jordi, se fueron hacia el hotel…se perdieron la noche más…¿digamos sexy? de todas.
Nos sentamos en una mesa los 6, escuchando la música, hablando y bebiendo. Por primera vez desde que estaba en Thailandia probé una bebida con hielo. Me pedí un Chivas, que me supo a gloria, tanto por la compañía, como por el lugar. Observaba el agua, y me entraron unas ganas locas de bañarme en el agua, y así lo comenté…estoy seguro que si alguna de las chicas se hubiera apuntado nos habríamos bañado en ese momento.
Encarna tuvo que ir al baño, y para ir a los servicios, era toda una odisea. Se tenía que salir del bar, caminar unos metros por la calle completamente oscura, hasta llegar a otro bar que estaba cerrado, y en el cual los baños también estaban algo faltos de luz. Además las cámaras frigoríficas y las sillas que estaban en medio del paso, eran los obstáculos que a oscuras, nos empeñamos en tropezarnos con ellos.
Un poco más tarde de la medianoche, decidimos regresar al hotel, dando un paseo por la playa. En el camino nos encontramos a parte del otro grupo de Flecher que se estaban bañando en la playa. Una de las chicas del otro grupo, ( la más pija) nos contó lo bien que se lo habían pasado en un restaurante, y que toda la noche les pusieron música española. Mientras hablábamos con ella, parte de los chicos de su grupo, vinieron a saludarnos mientras salían en calzoncillos del agua.
Los dejamos a todos en otro bar, y seguimos paseando hasta el hotel. Al llegar frente a él, en la arena, Marta Two dijo la frase…. ¿Nos bañamos o que? ….mientras lo decía se iba descalzando…a mi me sobraron segundos, para aceptar, y antes de que todos dijéramos algo, yo ya estaba desnudándome….¿ pero en pelota picada?, preguntó Marta One….Cada uno como quiera, respondí yo, aún que mis palabras se perdían por la velocidad en la que yo me estaba dirigiendo al agua, completamente desnudo…si he de ser sincero, soñaba con un baño nocturno, solo o en compañía, pero me apetecía muchisimo.
Poco a poco, todas las chicas fueron llegando al agua….y yo era el único chico. Ellas se bañaron en ropa interior, menos Mª Carmen, que dejo que sus pechos fueran observados por la luna...
Apenas se veía nada, y como estábamos dentro del agua, ninguna parte “íntima” quedó demasiado al descubierto…la sensación de completa libertad, estando dentro del agua desnudo, es única.
Al cabo de unos minutos de olas, baños, bromas, etc.…tocaba salir…y aunque reconozco que suelo ser bastante atrevido en todo, también conservo mi dosis de timidez, por lo cual a la que decidimos salir, emprendí una veloz carrera hacía la ropa, para vestirme el primero, y no tener demasiadas cosas al aire libre durante mucho tiempo….
La ropa interior mojada, insinuaba algunas formas, pero aunque todo tuvo su dosis de picardía, en ningún momento nadie se sintió incomodo. Ahora tocaba otro gesto de valentía…Había que ir a recepción que estaba frente a nosotros, a buscar las llaves de las habitaciones…. ¿Pero quien iba, tal como íbamos? …Por votación popular a dedo, me tocó a mí, y con tan solo una camisa que me llegaba justo para tapar la mitad de mis slips me fui a recepción. El pantalón puesto por encima de los hombros, y todo yo empapado de agua y arena…una pareja ya mayor, que estaba sentada en una mesa en el bar, nos miraba y se reía, mientras todas las chicas fueron desfilando sigilosamente hacía las habitaciones, y un chico con un aspecto horrible, pedía las llaves de las Ladys…
Fue un broche de oro a nuestra última noche en la isla, y lo mejor sería él contárselo mañana al resto del grupo…aún nos quedaba un poco más de agua que recibir; ahora había que ducharse para que toda la arena se quedara en la ducha, aunque por toda la habitación dejamos restos de arena…
Una ducha y relajados a la camita….mañana regresábamos a Bangkok…el viaje estaba tocando a su fin…aunque aún tuvimos tiempo para hacer más cosas…en los días que nos faltaban claro…