Realmente de película. Si quisiéramos hacer una broma podríamos titularla “Tres coches y un temporal”, debido a unas “anécdotas” que se produjeron en este viaje y que más tarde contaré. Pero ese título podría provocar malentendidos sobre lo que realmente fue este viaje. Y no sería de justicia. Aparte, de que ese título no corresponde al género de esta “peli”, que evidentemente es, sin duda, un “western”, aunque también a lo largo del diario citaré varias películas diferentes relacionadas con el lugar visitado.
Pero vayamos por pasos:
El año pasado mi mujer, mis dos hijas y yo, estuvimos en Nueva York y Washington D.C. Cuando nos planteamos el viaje del siguiente año: una de las opciones “locas” que propuse fue el viaje que siempre había deseado, aprovechando que celebrábamos, mi mujer y yo, los treinta años de casados: los Parques Nacionales de los Estados Unidos. Y por parte de la familia no hubo dudas, pero con una condición: que ya que íbamos había que conocer la costa californiana. Así que no iba a haber solo Naturaleza, aunque su peso en este viaje es mucho mayor, también ciudades. Evidentemente, dos básicas: Los Ángeles y San Francisco.
Empecé entonces a “estudiar” el asunto y para ello qué mejor que los diarios de “Los viajeros”.
De aquí saca uno, verdaderas maravillas de consejos. Y por tanto, vayan mis iniciales agradecimientos a todos aquellos que han dedicado su tiempo a contar sus andanzas por aquellas tierras. No quisiera citar a ninguno en concreto por que todos ellos aportan algo. Aunque evidentemente hay verdaderas “enciclopedias” estupendas. A todos ellos mis anónimas mil gracias. Y con estas líneas, va también mi “microscópico” granito de arena sobre la experiencia adquirida.
Y sigo este largo rollo inicial, diciendo, como otros han advertido antes que yo, que no es un viaje cómodo: hay que hacer muchas “millas” y cumplir un horario estricto, si no se dispone de un mes entero o más para hacerlo. Pero en cambio los lugares recorridos, las tierras rojas, los ríos de montaña, las inmensas praderas, etc. que quedan en la retina lo compensan. Las fotos, al menos las mías, no siempre están a la altura de lo que se siente al ver tanto magnífico paisaje ni cubren todo lo visto.
Y finalmente, esto es importante: hay que elegir qué es lo que quieres ver. Es imposible ver todo: no hay tiempo ni cuerpo que lo aguante. Por tanto uno puede preparar el viaje con “todo” lo que quieres ver pero siendo realista que habrá que renunciar a cosas. Es decir hacer una lista con opciones “si me queda tiempo” o a qué renuncio “si no me queda tiempo”. Tengo que reconocer que los cálculos me fallaron algunas veces con respecto a los iniciales por varios motivos: el cálculo de tiempo en que me basé los recorridos. El de Google Maps, era demasiado optimista. Tardaba más, simplemente porque no puedes conducir una media de 4 horas diarias sin hacer paradas. Y las paradas no son de 5 minutos. Si eres conductor único es elemental, pero en otro caso también tienes que parar a hacer otras necesidades y las tuyas no son las de todos los miembros de la “expedición” bien porque pueden ser niños o en nuestro caso por ser siete personas (se añadieron una familia amiga al viaje).
Pero también los “accidentes” que uno no puede controlar: los parones por tapones de tráfico