Por la mañana nos dirigimos a Pont Aven, desde Quimper son 35 kms, 25 min.
Sin duda Pont Aven me gusta más que Concarneau, a pesar de que es un pueblo pequeño y que no tiene mucho que ver es un paseo agradable. Aparcar no se nos da mal, en una zona residencial subiendo una calle larga, hay que andar un poco pero aquí todo está cerca y nos sale gratis así que qué más se puede pedir.
Se nota la impronta que ha dejado Paul Gaugain y diversos carteles te lo recuerdan a cada paso.
Descubrimos casi por casualidad el paseo de Xavier Grall, es una pequeña ruta a pie que discurre a margen del río, entre vegetación, flores, pequeños puentes, etc. Realmente es precioso, digno de un cuadro de Gaugin.
Cerca de aquí se puede bajar al río, sentarse en una de las piedras, tocar el agua, imagináos para un niño, este contacto con la naturaleza les encanta y a mí más
Desde el paseo:
El puerto de Pont Aven
Si os gusta el arte además aquí tenéis un montón de galerías de arte y algún museo. Sus calles están llenas de pequeñas tiendas o galerías donde venden todo tipo de obras así que no os lo podéis perder.
Dejamos atrás Pont Aven y nos vamos a Quiberon, aproximadamente son 90 kms. Justo para llegar a la península de Quiberon nos encontramos con un tremendo atasco, teníamos pensado comer allí pero visto el percal y con las horas que son nos damos media vuelta hasta el pueblo de Penthievre, encontramos una hamburguesería y comemos aquí mismo. Todo tiene un aire surfista, hasta su clientela, los kms de costa se notan y por aquí debe ser un deporte habitual.
Después de comer intentamos otra vez llegar a Quiberon y esta vez sí, ya no hay atasco así que en vez de coger la carretera recta hasta el pueblo tomamos la alternativa para ver la costa salvaje.
Paramos el coche en un par de ocasiones para ver los acantilados, son bonitos, aunque sinceramente los he visto mucho más impresionantes en Irlanda. Como excursión está bien y la niña se lo pasa bomba saltando entre las piedras como una cabritilla montesa.
Costa Salvaje de Quiberon:
Finalmente llegamos al pueblo de Quiberon. Tiene un encanto, es muy costero, está lleno de gente, tiene paseo marítimo con sus tienditas, nada que envidiar a la costa española, bueno sí, la temperatura del agua
Aquí me sorprende encontrar diversas tiendas de conservas. Entramos en una enorme, es una nave y tienen de tooodooo y cariiisimoooo!! Me hubiera llevado todo, porque además son latas super cukis, encuentras latas de todo tipo, y para llevar a la familia es un buen regalo.
Playa de Quiberon:
Después de reposar en este pueblo costero vamos para Vannes donde haremos noche.






