Nos levantamos q las 7’00 pues hoy tenemos el trayecto más largo por una carretera bastante peligrosa y no queremos conducir de noche.
El trayecto pasa por arenales increíbles al lado del mar, desierto, pampa, todos ellos amenizados con diferentes colores. Es muy bonito.
Al salir de Nazca, para variar, nos sorprende mucha niebla y muy espesa que hace que no puedas correr pues apenas se ve. Sin embargo se disipa pronto. Continuamos con rectas inmensas acabadas por pronunciadas curvas que hace que tengas que estar atento y bajar la velocidad.
Vale la pena recrearse en el paisaje, los pueblos, Tamaca, Chala, Roques, Ocoña… donde encontramos una manifestación que corta la carretera pero que sorteamos por vías alternativa, de pura suerte. Solo nos cruzamos con algún camión, continuamos siendo el único coche por las carreteras.
Hasta Atico pagamos dos peajes de 7,5 s/ cada uno (aproximadamente 2€).
En Camana hacemos un alto en el camino para comer en un “restaurante” de carretera si se puede llamar así. Aquí nos pasa una cosa curiosa y es que nos enseñan una carta con unos precios que consideramos caros para el lugar y cuando comentamos que nos vamos y decimos porque –con todo el morro- … nos traen otra carta más barata. Conclusión: debe ser un bar-restaurante de carretera donde paran turistas y tienen una carta para turistas y otra para nacionales. Independientemente de este detalle, comimos bien.
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Pagamos otro peaje en Camama y nos adentramos en la carretera llamada “quebrada del toro” famosa por los accidentes que se producen en ella y que a mi particularmente me daba mucho respeto. En todas las carreteras de Perú hay multitud de hornacinas o cruces en los lados conmemorativas de algún muerto en accidente en el lugar. Algunas pueden ser construcciones grandes. El trayecto pasa por arenales increíbles al lado del mar, desierto, pampa, todos ellos amenizados con diferentes colores. Es muy bonito.
Al salir de Nazca, para variar, nos sorprende mucha niebla y muy espesa que hace que no puedas correr pues apenas se ve. Sin embargo se disipa pronto. Continuamos con rectas inmensas acabadas por pronunciadas curvas que hace que tengas que estar atento y bajar la velocidad.
Vale la pena recrearse en el paisaje, los pueblos, Tamaca, Chala, Roques, Ocoña… donde encontramos una manifestación que corta la carretera pero que sorteamos por vías alternativa, de pura suerte. Solo nos cruzamos con algún camión, continuamos siendo el único coche por las carreteras.
Hasta Atico pagamos dos peajes de 7,5 s/ cada uno (aproximadamente 2€).
En Camana hacemos un alto en el camino para comer en un “restaurante” de carretera si se puede llamar así. Aquí nos pasa una cosa curiosa y es que nos enseñan una carta con unos precios que consideramos caros para el lugar y cuando comentamos que nos vamos y decimos porque –con todo el morro- … nos traen otra carta más barata. Conclusión: debe ser un bar-restaurante de carretera donde paran turistas y tienen una carta para turistas y otra para nacionales. Independientemente de este detalle, comimos bien.
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Llegamos al hotel Torres de Ugarte que habíamos reservado que está muy bien si coges las habitaciones bajas independientes del jardín. Nos dejaron aparcar el coche en medio del jardín, delante de nuestra habitación, nos duchamos y salimos a visitar Arequipa.




Algunos gastos:
- Peaje en Atico: 2€
- Visita convento Santa Caterina: 9€ adultos 4,5 mis hijas
- dormir en las Torres de Ugarte: 74€ habitación cuádruple[/align]