Hoy madrugamos bastante ya que vamos a pasar el día en Nikko. Es el día que activamos el JR Pass. Como desde Shinjuku no sale ningún tren a Utsunomiya incluido en el JR Pass, cogemos un billete aparte hasta Omiya, y después nos daremos cuenta de que no es la mejor elección. La otra opción era ir hasta la estación de Tokyo o Ueno con la línea Yamanote o la Chuo Rapid Line (no solo la línea Yamanote está incluida en el JR Pass, y esta última es mucho más rápida para llegar a la estación de Tokyo) y coger allí el shinkansen que lleva a Utsunomiya. Para hacerse una idea de las combinaciones para llegar hasta Nikko: Como llegar a Nikko
Como era el primer día de JR Pass, pensábamos que sería mucho lío llegar hasta la estación de Tokyo o Ueno para coger allí el shinkansen que lleva a Utsunomiya, por lo que decimos comprar un billete (no incluido en el JR Pass) desde Shinjuku a Omiya, para enlazar allí con el shinkansen que sale de Tokyo. Resultó ser un error!
Lo primero de todo, porque llegar desde Shinjuku hasta la estación de Tokyo era facilísimo con la línea JR Chuo (Rapid Service), incluida en el JR Pass, y mucho más directo que la Yamanote. Segundo, porque nos equivocamos de tren y cogimos uno local en lugar del rápido. Y tercero, porque ese día hubo retrasos en los trenes de Shinjuku a Omiya (será de las pocas veces que hay retrasos en Japón), y no solo en los locales, por lo que aunque no hubiésemos cogido el local, habríamos perdido el shinkansen en Omiya (nos enteramos luego por una pareja de españoles que cogió el tren rápido aunque desde Ikeburuko, y tuvo que esperar como nosotros una hora en Omiya).
Resumiendo, estamos esperando al tren que nos va a llevar a Omiya, y pasa un tren que en ese momento no sé por qué, pensamos que es el rápido. Con la confusión, vamos a meternos, pero el tren está tan lleno que en aquel momento solo consigue entrar Xabi y yo tengo mi primera y única experiencia con un empujador de tren. Sí, existen; y me empujaron a trancas y a barrancas dentro del tren! Estaba tratando de entrar en el tren, y solo me entraba un pie; pues de repente me vi empujada por detrás por uno de los trabajadores, la puerta se empezó a cerrar, me dio en la pierna; pero el empujador siguió y consiguió meterme. Hasta que la puerta se cerró a mi espalda y yo quedé empotrada entre la gente y la puerta del tren. Todo eso, para después de una parada darnos cuenta de que es el tren local.
En Omiya perdemos el shinkansen y el siguiente es una hora más tarde. Allí conocemos a un chico madrileño que está igual, y pasamos el resto del día con él visitando Nikko, a donde llegamos una hora más tarde de lo previsto, a las 11:20h. Teníamos pensada la posibilidad de ver las cascadas y el lago, pero con la hora perdida, y porque nos apetece tomárnoslo con calma, decidimos no ir, y disfrutar más tranquilamente de la zona de templos de Nikko e ir al Abismo.
El tema del bus también nos parece lioso en Nikko… Hoy no damos pie con bolo, jajaja! Al final, cogemos el primero que pasa y nos bajamos en una parada que no sabemos muy bien donde estamos. Resulta que está al lado del templo Rinnoji. Anteriormente había una entrada conjunta a todos los templos, con la que salía más económico que visitarlos todos por separado. Ahora hay que comprar la entrada de cada templo por separado. Tampoco teníamos idea de visitarlos todos, por lo que teníamos hecha la selección del Toshogu y el Taiyu-in.
Por tanto, pasamos de largo el Rinnoji, que está en obras y totalmente cubierto por el exterior, y nos dirigimos al santuario Toshogu (1300¥), el lugar de descanso de Tokugawa Ieyasu, el fundador del shogunato Tokugawa. El santuario es un complejo con diferentes edificios, que vamos viendo poco a poco.
El entorno es precioso, con todo este complejo en medio del bosque, contrastando los vivos colores de los edificios con el verde de la vegetación. Uno de los edificios más vistosos es la gran pagoda roja.
Otro edificio que llama la atención son los establos sagrados, donde está la famosa escultura de los tres monos sabios, que se tapan los ojos, los oídos y la boca; para no ver el mal, no escuchar el mal, y no decir el mal. Hasta las tablillas ema tienen los monos representados!
Los edificios del Toshogu tienen mucha decoración y miles de detalles, aunque parte de los mismos está en obras, como por ejemplo la puerta principal Yomeimon; y algunas otras partes también están cubiertas de andamios.
Hay una parte del Toshogu con muchísimas escaleras, que por supuesto nos animamos a subir, aunque solo de pensar lo que sufrirá mi rodilla al bajarlas…
En otras zonas hay que descalzarse, tienen unos armarios de madera para dejar el calzado, y se va caminando sobre tarima, viendo diferentes zonas del edifico en cuestión, así como un santuario.
Después de ver este primer santuario, vamos hacia el Futurasan Jinja, aunque solo lo vemos desde fuera.
El siguiente templo es el Taiyu-in byo (550¥), un mausoleo del tercer shogun Tokugawa. El camino para llegar al mismo es precioso, aunque otra vez hay muchas escaleras, jaja. En la puerta tiene cuatro guardianes, como en algún otro templo que vemos, pero estos son cada uno de un color. El conjunto es muy bonito, también lleno de detalles como el Toshogu.

A partir de aquí, nuestra idea es comer e ir al abismo de Kanmangafuchi. Pero parece que debido a la hora que es, todos los restaurantes cercanos a la zona de templos han cerrado; y por más que buscamos no encontramos ningún sitio. Acabamos comprando unas galletas saladas en una tiendita en la que nos invitan a té y galletas. Llegamos al abismo, una zona súper bonita en medio de la naturaleza, en la que el río ha erosionado la piedra, esculpiendo una pequeña garganta. En el sendero paralelo al río hay una serie de esculturas jizo, con su característico gorrito y babero rojo. La zona es preciosa, merece la pena venirse hasta aquí a dar un paseo.
La vuelta del abismo la hacemos caminando paralelo al río, hasta llegar al puente Shinko, un precioso puente rojo muy fotogénico.
Volvemos a la estación, y compramos algo para comer en una tienda cercana. Esperamos al tren local, y luego en Utsunomiya cogemos el shinkansen para volver a Tokyo. Esta vez iremos hasta la estación de Ueno directos. Lo mejor de la vuelta es que vemos la silueta del monte Fuji desde la ventana. Nos hace ilusión, ya que pensábamos que no veríamos el Fuji en este viaje!
Al llegar, cogemos la línea Yamanote con idea de ir directos a Shinjuku, pero nos equivocamos de sentido, jaja! Así que nos animamos a parar en Harajuku para verlo de noche. Damos una vueltilla por la calle Takeshita Dori, viendo el ambiente nocturno; y nos volvemos a casa en tren. La cena la hacemos en un restaurante cerca del apartamento que tiene un poco de todo lo que elegimos está bien, pero nada destacable.
Como era el primer día de JR Pass, pensábamos que sería mucho lío llegar hasta la estación de Tokyo o Ueno para coger allí el shinkansen que lleva a Utsunomiya, por lo que decimos comprar un billete (no incluido en el JR Pass) desde Shinjuku a Omiya, para enlazar allí con el shinkansen que sale de Tokyo. Resultó ser un error!
Lo primero de todo, porque llegar desde Shinjuku hasta la estación de Tokyo era facilísimo con la línea JR Chuo (Rapid Service), incluida en el JR Pass, y mucho más directo que la Yamanote. Segundo, porque nos equivocamos de tren y cogimos uno local en lugar del rápido. Y tercero, porque ese día hubo retrasos en los trenes de Shinjuku a Omiya (será de las pocas veces que hay retrasos en Japón), y no solo en los locales, por lo que aunque no hubiésemos cogido el local, habríamos perdido el shinkansen en Omiya (nos enteramos luego por una pareja de españoles que cogió el tren rápido aunque desde Ikeburuko, y tuvo que esperar como nosotros una hora en Omiya).
Resumiendo, estamos esperando al tren que nos va a llevar a Omiya, y pasa un tren que en ese momento no sé por qué, pensamos que es el rápido. Con la confusión, vamos a meternos, pero el tren está tan lleno que en aquel momento solo consigue entrar Xabi y yo tengo mi primera y única experiencia con un empujador de tren. Sí, existen; y me empujaron a trancas y a barrancas dentro del tren! Estaba tratando de entrar en el tren, y solo me entraba un pie; pues de repente me vi empujada por detrás por uno de los trabajadores, la puerta se empezó a cerrar, me dio en la pierna; pero el empujador siguió y consiguió meterme. Hasta que la puerta se cerró a mi espalda y yo quedé empotrada entre la gente y la puerta del tren. Todo eso, para después de una parada darnos cuenta de que es el tren local.
En Omiya perdemos el shinkansen y el siguiente es una hora más tarde. Allí conocemos a un chico madrileño que está igual, y pasamos el resto del día con él visitando Nikko, a donde llegamos una hora más tarde de lo previsto, a las 11:20h. Teníamos pensada la posibilidad de ver las cascadas y el lago, pero con la hora perdida, y porque nos apetece tomárnoslo con calma, decidimos no ir, y disfrutar más tranquilamente de la zona de templos de Nikko e ir al Abismo.

El tema del bus también nos parece lioso en Nikko… Hoy no damos pie con bolo, jajaja! Al final, cogemos el primero que pasa y nos bajamos en una parada que no sabemos muy bien donde estamos. Resulta que está al lado del templo Rinnoji. Anteriormente había una entrada conjunta a todos los templos, con la que salía más económico que visitarlos todos por separado. Ahora hay que comprar la entrada de cada templo por separado. Tampoco teníamos idea de visitarlos todos, por lo que teníamos hecha la selección del Toshogu y el Taiyu-in.
Por tanto, pasamos de largo el Rinnoji, que está en obras y totalmente cubierto por el exterior, y nos dirigimos al santuario Toshogu (1300¥), el lugar de descanso de Tokugawa Ieyasu, el fundador del shogunato Tokugawa. El santuario es un complejo con diferentes edificios, que vamos viendo poco a poco.
El entorno es precioso, con todo este complejo en medio del bosque, contrastando los vivos colores de los edificios con el verde de la vegetación. Uno de los edificios más vistosos es la gran pagoda roja.
Otro edificio que llama la atención son los establos sagrados, donde está la famosa escultura de los tres monos sabios, que se tapan los ojos, los oídos y la boca; para no ver el mal, no escuchar el mal, y no decir el mal. Hasta las tablillas ema tienen los monos representados!
Los edificios del Toshogu tienen mucha decoración y miles de detalles, aunque parte de los mismos está en obras, como por ejemplo la puerta principal Yomeimon; y algunas otras partes también están cubiertas de andamios.
Hay una parte del Toshogu con muchísimas escaleras, que por supuesto nos animamos a subir, aunque solo de pensar lo que sufrirá mi rodilla al bajarlas…
En otras zonas hay que descalzarse, tienen unos armarios de madera para dejar el calzado, y se va caminando sobre tarima, viendo diferentes zonas del edifico en cuestión, así como un santuario.
Después de ver este primer santuario, vamos hacia el Futurasan Jinja, aunque solo lo vemos desde fuera.
El siguiente templo es el Taiyu-in byo (550¥), un mausoleo del tercer shogun Tokugawa. El camino para llegar al mismo es precioso, aunque otra vez hay muchas escaleras, jaja. En la puerta tiene cuatro guardianes, como en algún otro templo que vemos, pero estos son cada uno de un color. El conjunto es muy bonito, también lleno de detalles como el Toshogu.


A partir de aquí, nuestra idea es comer e ir al abismo de Kanmangafuchi. Pero parece que debido a la hora que es, todos los restaurantes cercanos a la zona de templos han cerrado; y por más que buscamos no encontramos ningún sitio. Acabamos comprando unas galletas saladas en una tiendita en la que nos invitan a té y galletas. Llegamos al abismo, una zona súper bonita en medio de la naturaleza, en la que el río ha erosionado la piedra, esculpiendo una pequeña garganta. En el sendero paralelo al río hay una serie de esculturas jizo, con su característico gorrito y babero rojo. La zona es preciosa, merece la pena venirse hasta aquí a dar un paseo.


La vuelta del abismo la hacemos caminando paralelo al río, hasta llegar al puente Shinko, un precioso puente rojo muy fotogénico.
Volvemos a la estación, y compramos algo para comer en una tienda cercana. Esperamos al tren local, y luego en Utsunomiya cogemos el shinkansen para volver a Tokyo. Esta vez iremos hasta la estación de Ueno directos. Lo mejor de la vuelta es que vemos la silueta del monte Fuji desde la ventana. Nos hace ilusión, ya que pensábamos que no veríamos el Fuji en este viaje!
Al llegar, cogemos la línea Yamanote con idea de ir directos a Shinjuku, pero nos equivocamos de sentido, jaja! Así que nos animamos a parar en Harajuku para verlo de noche. Damos una vueltilla por la calle Takeshita Dori, viendo el ambiente nocturno; y nos volvemos a casa en tren. La cena la hacemos en un restaurante cerca del apartamento que tiene un poco de todo lo que elegimos está bien, pero nada destacable.