El viaje hasta Vieantiane fue, con toda seguridad, el peor que he hecho en un bus. El sleeping bus que cubre la ruta Luang Prabang-Vientiane pone a disposición de los pasajeros camas tamaño laosiano, es decir, camas de 1.70 ó 1.75 metros de largo. Para mí, que mido 1.86 m, era de todo menos cómodo. Asimismo la anchura es de 1 metro y se duerme con otra persona. En mi caso, íbamos mi novia y yo, pero a nuestro lado un viajero que iba solo hubo de compartir su sitio con una laosiana. El bus consta de dos pisos, y a nosotros nos tocó en el piso de abajo. Si tenemos en cuenta que la carretera no está asfaltada, tenemos una gran experiencia ya que las piedras chocan continuamente contra los bajos y notas todos los baches, la carretera está tan solo iluminada por los faros del bus....y el bus no es que esté en buenas condiciones. A lo largo del camino - que yo me enterara - paró 2 veces: una porque pinchó y otra por problemas en el motor. El bus para en Vang Vieng, siendo esta parada anunciada a voces por uno de los conductores. Nunca me he metido en una lavadora, pero el viaje en este "(non) sleeping bus" es la sensación más cercana.
El bus arribó a Vientiane cerca de las 7 de la mañana, no recuerdo la hora exacta ya que estaba muy desorientado debido a la falta de sueño. Al salir del bus todos los tuk-tukeros te asaltan, pero yo necesitaba 5 minutos para situarme por lo que despaché a todos con mirada de pocos amigos. Pasados 5 minutos negociamos con varios de ellos, una vez habíamos acordado el precio y sin mediar palabra, otro tuk-tukero coge nuestro equipaje y lo echa al techo de su tuk-tuk por lo que nos subimos (qué remedio!!). No sé en qué parte de la ciudad estábamos, pero el viaje al centro se me hizo bastante largo.
Nos apeamos en Wat Mixai y aquí llegó otra "charla" con el tuk-tukero. Habíamos acordado un precio de 20000 Kip por los 2 y él nos quería cobrar el doble, así que mi novia sacó el dinero y se lo dio, el conductor se quedó mirándonos con mala cara diciendo que quería más y nosotros contestábamos que eso era lo acordado y que si no se acuerda no es nuestro problema. En estas me subí al tuk-tuk, agarré nuestras mochilas del techo y le dije - en inglés - a mi novia "vámonos". El hombre puso muy mala cara, agarró el dinero y se marchó, pues el tuk-tuk estaba lleno.
Yo estaba muerto y no tenía ganas de ponerme a buscar guest house, así que pillamos el primero que vimos: mixay paradise hotel (170000 Kip por noche en habitación con aire acondicionado). Tratamos de regatear, pero el empleado nos decía que los precios eran fijos y que no se podía. La habitación era pequeña, pero estaba limpia y la cama era enorme. Aparte de eso, el aire acondicionado funcionaba muy bien y las toallas estaban incluidas.
Nuestra última comida había sido el día anterior a las 17:00, así que el hambre apretaba mucho. En la guía lonely planet vimos el "Le Banneton" y allí que nos fuímos a desayunar, ya que estaba a un minuto a pie de nuestro guest house. Nos dimos un buen homenaje: croissants, cafés, zumo de naranja, tostadas con mantequilla y mermelada (74000 Kip). Los clientes de esta cafetería eran extranjeros que trabajan en Laos, sobre todo en cooperación al desarrollo. En la terraza había una pareja que hablaba en español, así que me acerqué a pregutarles qué se podía ver en Vientiane (así pude saciar mis ganas de hablar español). El hombre era mexicano y su mujer californiana, así que estuvimos hablando un buen rato
Luego de desayunar nos fuímos un buen rato a dormir. Antes de salir a ver Vientiane reservamos alojamiento en nuestro próximo destino (Pakse) y compramos el billete del bus nocturno en el Niny Backpackers hostel (150000 Kip por Persona). La ciudad es muy pequeña y no tiene una excesiva cantidad de monumentos, lo cual nos permitió ver el 90% de ellos: diversos monasterios, el palacio presidencial, diversas estupas. Nuestra última parada fue en el templo Wat Si Saket donde, de pura casualidad, nos encontramos una ceremonia budista. Los propios monjes nos invitaron a participar en la misma.....y nosotros no tuvimos problema
Terminamos el día comiendo algo en el restaurante Lao Kitchen (recomendado en la lonely planet): Arroz con pollo, fideos con tofu, agua y coca-cola (80000 Kip). Mi novia quería ver el mercado nocturno, que no andaba muy lejos, pero fue una decepción de mercado ya que solo había unos pocos puestos de comida y nada más. Decidimos poner rumbo al guest house y pasamos por el estadio nacional, donde había un torneo de rugby. Muy cerca del estadio, en una explanada delante del museo nacional de Laos, nos encontramos con la celebración del festival de la amistad laosiano-japonesa: en el escenario había grupos japos haciendo coreografías mientras unos pocos japos, que había entre el público gritaban. Los laosianos que contemplaban semejante espectáculo desde sus sillas no reían mucho, tampoco gritaban, simplemente tenían los ojos como platos
Estuvimos un buen rato viendo las coreografías - y riéndonos mucho - hasta que finalmente pusimos rumbo al guest house.