Alehop. Eran poco más de las 7:30Am y era hora de moverse, que el día tenía una pinta estupenda. El desayuno en el motel era de los habituales en este tipo de alojamientos, máquina de gofres incluida. Nada de lujos pero más que suficiente, al menos para mí.
Arranqué el coche y me fui en dirección a las islas de Sanibel y Captiva. Había leído que la que tenía más encanto era la de Captiva (la más lejana), así que fui directa hacia allá. Para acceder a las islas hay que cruzar un puente (6$ en cash la broma
. La velocidad, súper reducida, lo normal era ir a 30 mph. Y como nadie la sobrepasaba no iba a ser yo la que rompiera el karma. Seguí todo el camino hasta Captiva Beach, la playa más al norte de Captiva a la que se puede llegar en coche. La carretera directamente acaba en un párking de pago y pequeñito. Si vais en temporada alta, recomiendo que madruguéis. Como yo estoy mal de la cabeza y me gusta madrugar de vacaciones, llegué y estaba prácticamente vacío. A diferencia de Naples, aquí se paga sacando el típico tícket y dejándolo en el salpicadero (ni hay que introducir matrícula ni nada). Las tarifas son de infarto. Mejor una imagen que mil cifras:

La playa era grande, tranquila, llena de paz. Paz allí, paz acá. Caracolas por todos los lados. Gente agachada recogiéndolas. La calma lo invade todo por allí, la verdad es que la diferencia con las playas de South Beach y todo su ajetreo es gigante.

Estuve por allí un buen rato y luego me dirigí a Turner Beach, al comienzo de la isla de Captiva. Más calma y la misma pasta de párking. Di un paseo, cogí unas caracolas, me di un baño… La vida pasaba tranquila estando allí. Ains
. 
Desde esa playa se ve otra que ya está en Sanibel y que se llama Blind Spot Beach. Sólo hay que cruzar un puente para llegar de una a otra, así que caminé por allí un rato (mover el coche habría sido una tontería) y di una vuelta por esta segunda playa. Había tantas conchas y caracolas que había que calzarse las chanclas.


Ya era casi la comer, así que decidí que ya había tomado suficiente sol esa mañana. Me dirigí al Doc Ford’s Rum Bar&Grille de Sanibel (hay otro en Captiva) para comer. Tomé un riquísimo sándwich de pescado, un refresco y el típico key lime pie por 25$.
Tras la comida no me dio ninguna pereza deshacer parte del camino que había recorrido para ir al restaurante y fui a Bowman’s Beach (en Sanibel). La verdad es que conducir por allí es tan placentero que no importa pasar tiempo en el coche. Las distancias son pequeñas, el tema es la velocidad, que como decía antes es reducida y hace que cualquier trayecto se ponga en 30 minutos. Pero benditos minutos. En fin. Bowman’s está muy bien, es súper amplia y se llega pasando por una zona de vegetación y agua muy curiosa. Por lo que vi, la gente se queda en el propio acceso a la playa, pero yo eché a andar un poco más al norte y me encontré prácticamente sola y rodeada de paladas de caracolas.


Descansé un rato (¡como si tuviera razones para estar cansada!
Me viene a la mente el capítulo piloto de FlashForward, con ese muelle lleno de gente desmayada. Por cierto, qué buen capítulo piloto y que mala serie luego, vaya fail. Ups, que me voy hacia un off-topic. Volvamos al muelle de Sanibel. En el camino, antes de llegar, me pareció ver otra zona residencia parecida a la de Naples y ahí que me metí a echar un vistazo. Me encantan mucho (como dice mi sobrina
) esas zonas y esas construcciones.

Tras un rato dando vueltas, volví a tomar la carretera hacia el muelle. Es muy pequeñito y había gente pescando. Desde él se ve el puente por el que se accede a las islas y una amplia perspectiva de Fort Myers Beach, Estereo island y Lovers Key State Park. También me pareció ver venir una tormenta que amenazaba con llegar por allí más pronto que tarde. La verdad es que casi todas las tardes se cubría y había truenos y centellas, aunque por suerte no me cayó mucho más que un par de chaparrones tropicales.


Eran ya algo más de las 18.30 y el sol empezaba a caer, así que me fui al motel a darme una ducha no sin antes darme un chapuzón en la piscina y probar el jacuzzi (¡Ah! El puente que conecta Sanibel con el resto de Florida es de peaje sólo a la entrada, la salida es gratis). Como no puedo estar quieta y tenía Fort Myers Beach a 10 minutos en coche, allá que fui. Tenía apuntado que Estero Blvd tenía encanto. Yo no se lo vi por ningún sitio, tal vez porque el comienzo de la calle está en obras, tal vez porque esperaba el típico boulevard con vegetación a pie de playa (y lo que me encontré no sé ni definirlo), tal vez porque no es más que una sucesión de restaurantes sueltos y párkings aquí y allá. No sé, no me gustó, así que di la vuelta y me quedé en la zona de Times Square (muy alto han apuntado con el nombre de esa plaza teniendo en cuenta lo que hay), que es la parte más norte de Fort Myers Beach. Lo cortés no quita lo valiente: ¡tienen un precioso muelle allí! Desde él pude ver un anochecer de lo más chulo.

Di un paseo por allí y cuando ya no había nada más que ver, me recogí en la habitación del motel para cenar algo y dormir pronto, que al día siguiente tocaba madrugón (más aún) para aprovechar al máximo la última jornada de este mini road-trip.