Sábado 8 de octubre de 2016
Nos levantamos tempranito, a las 7:30 suena la alarma del móvil. El desayuno lo dejamos contratado la noche anterior. Así que nos quitamos las lagañas, nos vestimos y bajamos al comedor a desayunar; como ya dijimos en la etapa anterior dejamos contratado el desayuno la noche anterior. Tras un copioso desayuno subimos a lavarnos los dientes, revisamos las mochilas, que dejamos preparadas la noche anterior, esta vez, ya con las dos cámaras con sus baterías cargadas y nos dirigimos al coche. Por cierto, el hotel cuenta con parking para clientes, pero no necesitamos contratarlo ninguno de los días, en la zona se aparca bastante bien, además, hay un descampado al otro lado de la carretera.
La ruta prevista para el día es:
1.- Eguisheim.
2.- Mulhouse.
3.- Turckheim.
4.- Katzenthal.
En un principio había un par de paradas más, pero tras consultar al personal de recepción de hotel (un personal magnifico en todo momento, aún cuando teníamos serios problemas de comunicación,
1. Eguisheim
Llegamos a este encantador pueblecito temprano, serían sobre las 9. Aparcamos justo a la entrada del pueblo, ahí se aparca sin problema y es gratis, dos calles más adelante ya comienza la zona de pago.
A pesar de lo temprano que es, al llegar a un aparcamiento grande que hay a la entrada del casco antiguo, ya hay varios autobuses estacionados. Hay que tener en cuenta que este pueblo, hace unos años fue declarado el pueblo más bonito de Francia, por los propios franceses, así que si se va en fin de semana, como es nuestro caso, es recomendable madrugar.
Buscamos la oficina de turismo, que está justo a la entrada, pero está cerrada, así que lo hacemos a nuestro aire. El pueblecito es para perderse en él, chiquito, pero precioso.
Cuando llegamos, Noelia, la benjamina del grupo (8 años) decide que quiere ser fotógrafa, así que se hace dueña de la réflex y me deja con la compacta. Y la fotógrafa se lo toma todo lo en serio que podáis imaginar, colocándonos cuidadosamente para cada instantánea, y fotografiando cada rincón, cada detalle. Se tomó tan en serio el trabajo que, normalmente, la visita a Eguisheim suele hacerse en 1 hora, nosotros tardamos 2.
Si Obernai, la jornada anterior nos había dejado boquiabiertos, Eguisheim lo superaba con creces.
2. Mulhouse
Llegamos a Mulhouse a la hora de comer de estas barbaras tierras, o sea, a la hora de la cervecita y la tapita, así que, lo primero que hacemos, entrar en TripAdvisor a ver que tenemos cerca que está bien. Esta app tan apañada nos recomienda L'Entrecote de Mulhouse, un acierto. Comimos los cuatro por algo más de 60€, por supuesto con agua, refrescos y buena cerveza alsaciana
.Ya con los estómagos rellenos y las fuerzas recuperadas seguimos avanzando buscando la oficina de turismo. Creo que hemos vuelto a triunfar con el coche, hemos tropezado con la única calle con aparcamientos libres en plena zona de aparcamientos de pago, 5 minutos al restaurante y 5 más a la oficina de turismo. Allí encontramos una chica que habla algo de español, nos facilita un plano del casco antiguo con un recorrido recomendado el cual seguimos. Es una ciudad preciosa, con una arquitectura gótico-barroca preciosa, pero nada que ver con el encanto de los pueblos. Y no me malinterpretéis, es una ciudad muy bonita, pero tras haber revivido un cuento de tu infancia no la aprecias como es debido. Estuvimos en Mulhouse hasta las 5 aproximadamente.
3. Turckheim
Llegamos a Turckheim a algo más de las 5, después de la experiencia en Eguisheim y Mulhouse aparcamos en un aparcamiento que encontramos antes de cruzar un río que hay a la entrada del pueblo, Pero se ven las puertas del casco antiguo nada más cruzar el río, un error, justo antes de la puerta hay un aparcamiento bastante grande, que dimos por supuesto que sería de pago, pero en este caso, encontramos la excepción que confirma la regla, en Turckheim no cobran por aparcar, aún. Pero bueno, un puente de distancia no justificaba mover el coche.
Pasamos el arco que da entrada a la villa, y, como siempre, buscamos la oficina de turismo, pero la encontramos cerrada, lo cual no fue un problema. Nuria se paró, nada más pasar la puerta, para comprar unos souvenirs, y la señora de la tienda nos indica amablemente el recorrido que se recomienda y nos hace entrega del plano de la villa con el recorrido recomendado. Además, la señora, nos recomienda que nos quedemos hasta las 10, ya que, a esa hora, hace su salida una figura típica de la villa, una especie de sereno, que se dedica a recorrer las calles de la villa parándose a entonar su canción en cada esquina, le Veilleur de Nuit.
Comenzamos el recorrido. Volvemos a retomar contacto con la arquitectura popular de Alsacia, y volvemos a retomar nuestros sueños infantiles.
A mitad de camino de la calle principal nos damos cuenta de que, a pesar de ser algo más de las 6 de la tarde, se nos está haciendo tarde para cenar en estas tierras barbaras, así que decidimos eliminar de la lista Katzental, ya que ahí solo pretendiamos cenar. Retornamos a la tienda de souvenirs Noe y yo, ella para pedir a la señora que le cambie su cigüeña de peluche, que está manchada, sin problema; yo para pedir consejo a la señora sobre algún lugar donde cenar. nos recomienda un par de sitios. Tras preguntar en el primero y comprobar que no tenía más que una mesa para 2, que, obviamente, se nos queda corta. Nos dirigimos al segundo, aún está cerrado, tienen un cartel indicando que abren a las seis y media, esperamos cinco minutos que faltaban aún; mi sorpresa fue mayúscula al ver como una pareja que esperaba pacientemente con nosotros, justo en el momento en que dan las seis y media, comienzan a aporrear la puerta hasta que sale una chica a atendernos. Nos ponemos a intentar comunicarnos con la chica que nos atiende, con mucho esfuerzo, tanto por su parte como por la nuestra hacemos una reserva para las 7:30, que es la última hora posible en Restaurant Caveau du Vigneron.
Tras solucionar el problema de la cena nos reunimos de nuevo con Nuria y Paula que nos están esperando junto a una heladería en la calle principal, Nuria nerviosa porque tardamos mucho y Paula con cara de pena porque acaban de cerrar la heladería. Tras reagruparnos continuamos nuestro paseo por la Grand Rue de Turckheim. Al llegar al final de la calle, donde hay otra puerta de acceso a la villa, nos encontramos con una pareja de maestros jubilados que vienen desde Cataluña, nos cuentan que les encanta esta zona de Europa, que todos los años, por esas fechas hacen una escapada en su autocaravana por Centro Europa y a la vuelta paran un par de días en Alsacia.
Cuando terminamos una agradable conversación en el idioma de Cervantes, nos damos cuenta de que la hora de nuestra cena se nos echa encima, así que volvemos sobre nuestros pasos, ya que Caveau du Vigneron se encuentra al principio de la Grand Rue y nosotros estamos al final.
Entramos en el restaurante y nos sientan en una mesa en la planta superior. De nuevo, luchando contra nuestro problema con los idiomas pedimos tartes flambées, para las niñas, y para nosotros choucroute 4 viandes y gratín de queso Munster, con agua y refrescos para ellas y cerveza alsaciana para mi. Todo delicioso. Tras los postres salimos teniendo que quitarle un puntito al cinturón y con sesenta y algunos euros menos en el bolsillo.
Son sobre las 9 de la noche, así que mientras sale o no sale le Veilleur de Nuit nos disponemos a terminar nuestro recorrido en Turckheim, como ya recorrimos, antes de la cena, la Grand Rue, ahora comenzamos el itinerario recomendado en sentido contrario, buscando el tercer arco de entrada a la villa, por el que, aún no habíamos pasado. De aquí, bajamos por la calle que nos lleva hasta el segundo que vimos, y desde este, volvemos a pasear por la Grand Rue hasta la Rue Wickram - Corps de garde, que es el lugar desde donde comienza su recorrido por la villa le Veilleur de Nuit. Cuando llegamos al Corps de garde faltan, aún, 10 minutos para las 10, así que esperamos esos diez minutos, pacientes, con los demás grupitos que se hallan allí, mientras continúan llegando grupos y familias para disfrutar de la ronda.
A las diez en punto sale un señor, ataviado con sus ropajes medievales de un negro como la noche; porta en una mano un farol y en la otra una pica; nada más salir entona su canción mientras todos los allí reunidos comenzamos a hacer fotos mientras él termina impasible; al terminar su cantata explica, en francés, su oficio y más detalles sobre el tema, comienza a recorrer la Grand Rue seguido por todos los que allí nos habíamos congregado esperándolo, parando religiosamente en cada esquina para volver a entonar su canción. Mientras se va realizando la cabalgata va charlando con los presentes, cuando se acerca a nosotros medio entendemos que su oficio es similar al de los "serenos" que teníamos en nuestro país en otra época. En una de las estaciones para cantar toma a Noe como ayudante, para que le sujete el farol. Después de la cuarta o quinta parada abandonamos la cabalgata, estamos muy cansados, nuestro día ha sido muy largo; nos despedimos del peculiar "sereno" francés y nos dirigimos al coche.
Programando el GPS para ir directos hacia el hotel. Al llegar nos encontramos que ya no está Lorenzo en recepción, es tarde y ya está un compañero suyo del turno de noche. contratamos el desayuno para la mañana siguiente y nos vamos directos para la ducha y la cama. Caemos rendidos.