A Florencia fuimos en tren desde Castellfiorentino y así nos evitamos la preocupación por conducir y aparcar en esta ciudad que debe ser una locura. Otra razón por la que me gustó la ubicación de nuestro apartamento.
Sólo teníamos un día para visitarla, así que descartamos entrar en la galería de los Ufizzi y visitamos sólo el David de Miguel Angel en la Academia. Como no habíamos reservado por Internet, vimos que había mucha cola y reservamos la visita para las 13:00, en una librería que hay enfrente de la Academia. Sale más caro, pero si vais con poco tiempo creo que merece la pena.
Cogimos las entradas para subir a la cúpula del Duomo, pero también había muchísima cola y decidimos subir por la tarde. Por la mañana visitamos el Baptisterio y el Doumo, que son espectaculares:

La Academia se ve muy rápido, porque prácticamente sólo contiene el David, pero la verdad es que es una maravilla y merece la pena. A los niños les imprimí cierta información sobre Miguel Angel y también la historia de David y Goliat, para que entendieran lo que estaban viendo y también lo que significó el Renacimiento en la historia del arte.

Para comer fuimos al Mercado Central. En la planta de arriba tiene una zona similar a los mercados de San Anton o San Miguel en Madrid, es decir, una zona de mesas en el centro y varios puestos de comida alrededor. Hay un puesto de pizza, pasta, bocadillos, etc.
Después de comer fuimos paseando hasta los Ufizzi, el ponte Veccio y cruzamos hasta el Palazzo Pitti.
En esta ruta hay miles de tiendas y heladerías. Paramos en la heladería Venchi, porque tiene una especie de cascada de chocolate que llama mucho la atención. Como en toda Italia, muy buenos helados.
A la vuelta nos pusimos a la cola para subir a la cúpula del Duomo. Debían ser las 5 así y había mucha menos gente que por la mañana. Aun así, tuvimos que esperar unos 40 minutos o más. La subida a la cúpula es dura, son muchos escalones, pero mis hijos nunca habían subido tantas escaleras y lo vivieron como una aventura. A mitad de camino se hace una parada para poder contemplar los frescos de Brunelleschi de cerca y merece mucho la pena, porque rodeas toda la cúpula y puedes ver los frescos de cerca. Me habían dicho que era muy estresante porque había mucha gente y tenías que verlo muy rápido, pero en nuestro caso no fue así, tal vez por la hora, y pudimos verlos con bastante tranquilidad. A mis hijos les llamó la atención sobre todo la parte que representa el infierno, con demonios y seres retorcidos.
Tras la paliza de subir y bajar la cúpula, nos fuimos directos a la estación de tren, que está muy cerca del Duomo, y vuelta al apartamento.
Los niños aguantaron bien el trote, pero creo que fue un acierto dejar la subida al Duomo para el final. Si lo hubiéramos hecho a primera hora, tal vez se hubieran cansado demasiado y habríamos pasado el resto del día escuchando sus quejas, los que tengáis niños ya sabéis que no hay nada peor que aguantar a un niño cansado.