No es lo típico, pero prefiero iniciar el diario en las conclusiones, para no aburrir a quienes sólo buscan consejos o una idea global que los ayude en su propia planificación. El desarrollo probablemente sea demasiado detallado, y aburrido.
Recién regresados, con algo de jet lag y reponiéndome de la descompostura más prolongada de mi vida (todo esto para contextualizar), éstas son mis lecciones aprendidas y reflexiones:

India no es para cualquier
tipo de viajero, no para el mío. Quizás hasta no experimentarlo no fuera consciente de ello. No me gusta la incomodidad extrema, la completa falta de cortesía, sentirme físicamente mal, no dormir. Por otro lado tampoco soy un turista cinco estrellas, dispuesto a que lo guíen entre algodones en un tour diseñado para ver sólo lo bonito de un lugar. Quiero entender el lugar que visito y por eso busco diagramar el viaje por libre pero con ciertas comodidades. Esto funciona en lugares más organizados, no en India.

Los
indios, en su localía (excluyo a los turistas indios), tratan al extranjero con desdén o interés monetario. Leí en algún lado, y adhiero, que para ellos somos algo así como billeteras con patas.

El
idioma ES un problema. Los que hablan inglés lo hacen de una forma rápida y cerrada, y son renuentes a repetir, modular o hablar lento. Interrumpen y en general no escuchan.

Los
monumentos y paisajes pierden gran parte de su encanto por la invasión y falta de respeto de los locales. Para ellos la entrada es muy barata y por lo tanto la afluencia es masiva. En su mayorìa no respetan prohibiciones ni pautas de comportamiento de sentido común. Son sumamente ruidosos y avasallan por número.

Los
traslados por carretera insumen mucho más tiempo del esperado. Las rutas aún las que están en un estado excelente y con peajes, no permiten subir la velocidad a más de 80km/h, con una media muy por debajo. Animales y todo tipo de vehículos y peatones se cruzan en cualquier sentido.

El
tren es muy incómodo para dormir. Lo usamos en clase 2AC. Las literas son muy delgadas y duras, las almohadas pequeñas y el traqueteo infinito. El zarandeo del cuerpo en mi caso era casi revulsivo.

Los
vuelos salen con retraso y en mi caso, una de las combinaciones (comprada a través de Makemytrip) resultó "errónea" y nos llevó a cancelar la última parte del viaje, con nula asistencia. Los últimos tres días fueron sumamente estresantes y agotadores, de traslado y hotel malo para no perder el vuelo de retorno. Si se compran combinaciones, que sea con mucho margen y chequear permanentemente con las aerolíneas las horas.

La
comida no sólo es picante (se puede pedir no spicy) sino muy especiada. Para mi paladar todo tiene casi el mismo sabor. Las condiciones de sanidad son deficientes. Aún comiendo solo en hoteles, los mozos toman los vasos con los dedos en el interior, el pan con las manos, la vajilla no se ve limpia... El mismo Mc Donald no deja de tener el sabor indio.

El
regateo es agotador, sobre todo para el transporte local.

El
clima en enero es benigno. El frío es leve y no hay lluvias. Lo negativo son las horas de luz, que es importante considerar para traslados y visitas. A las 17:30 anochece y a las 18:00 ya es noche cerrada. Los horarios de visita a algunas de las atracciones incluso indican desde el amanecer hasta la puesta de sol.

El estándar de los
hoteles no es el mismo que para Europa, Argentina, Brasil o el Caribe (comparo a partir de mi experiencia). Cuestiones básicas como la disponiblidad de agua caliente, cajas de seguridad o juegos de sábanas completos parece que acá no aplican. La mayoría son operados exclusivamente por hombres, incluso para tareas de limpieza y cocina.

Los
precios en general son bajos, tanto en alojamiento, transporte, comida y compras en general. Un agua mineral de litro, en el hotel (frigobar) cuesta 30 rupias (menos de medio dólar). Los viajes en tuc-tuc arrancan de 100 rupias, y sólo para distancias muy grandes o cuando implican esperas, raramente pasan las 200.

Con los cuidados básicos de cualquier lugar, India me resultó un país
seguro. No vimos violencia ni situaciones delictivas (más allá de la estafa o el timo). Es sórdido en ciertos momentos y agobiante en los sitios de aglomeramiento como los bazares, pero no pareciera que eso abonara situaciones de arrebato, por ejemplo, tan "naturales" en mi país