Como prometí en una entrega anterior, y antes de finalizar el diario, incluyo una pequeña reseña de los precios de las distintas entradas a los diversos monumentos visitados, como guía de previsión de gastos para todos aquellos que quieran acudir...
Como prometí en una entrega anterior, y antes de finalizar el diario, incluyo una pequeña reseña de los precios de las distintas entradas a los diversos monumentos visitados, como guía de previsión de gastos para todos aquellos que quieran acudir:
- Palazzo Strozzi: 8€ (Mis niños, 15 y 12 años, entrada reducida: 4€)
- Palazzo Vecchio: 6€ (Niños, entrada reducida: 2€)
- Galeria degli Uffizi: 10 € + 4 por la reserva (Niños, entrada reducida: 4€)
- Museo del Bargello: 7€ (Mis hijos entraron gratis)
- Palazzo Medici-Riccardi: 7€ (Niños, entrada reducida: 4€)
- Capelle Medicee: 7€ (Mis hijos entraron gratis)
- Museo di San Marco: 4 € (Mis hijos entraron gratis)
- San Miniato al Monte: Aportación voluntaria para la conservación de la iglesia.
- Galleria dell’Accademia: 10 € + 4 por la reserva (Niños, entrada reducida: 4€)
- Battistero di San Giovanni: 4 € cada uno
- Iglesia de Santa María Novella: 2,50 € cada uno
- Museo Civico y S. Maria Della Scala, Siena: Biglietto cumulativo: 11€
- Museo Civico, entrada reducida: 4,50€
- Duomo de Siena: 3€ cada uno
- Pisa: Duomo y Baptisterio: 6€ cada uno
Bueno, pues concluía nuestra estancia en la ciudad que siempre quise visitar. Me parecía mentira los días pasados y el último, lunes, me desperté con la sensación de que llevaba allí toda una vida. Ya me sonaban tremendamente familiares las voces de los empleados del hotel Alba y los buon giorno, excusi, grazie, prego, per favore... se habían convertido en palabras de nuestro léxico habitual, incluso cuando hablábamos entre nosotros, mientras terminábamos de meter en nuestras maletas todo lo que habíamos traído y llenarlas con todo lo que nos llevábamos, tanto material, como lo más importante: las vivencias de unas jornadas que recordaremos siempre.
Después de desayunar, y de dejar unas letras en el libro de papel de aguas florentino, colocado en un atril para que los huéspedes que quisieran aparecieran inmortalizados en ese fragmento de buenas intenciones y de añoranza que refleja una despedida, solicitamos a la chica de recepción que nos pidiera un taxi para encaminarnos al aeropuerto. En el breve tiempo que se tarda en decir adiós y dar las gracias por el trato dispensado, estaba el taxi en la puerta. El taxista, un chico joven y fornido, que recordaba a los que habíamos visto desfilando el día anterior por la via Calzauoli, introdujo nuestros dos troleys en el maletero. Mis hijos ocuparon el asiento posterior y yo me senté a su lado. Lo primero que hice fue ponerme el cinturón de seguridad, elemento no sólo imprescindible como modo de evitar problemas con los “carabinieri”, sino de absoluta necesidad si se va como ocupante de un medio de transporte en Florencia, Siena o Pisa a tenor de las experiencias vividas, cada vez que subíamos bien a un taxi o a un autobús.
La manera de conducir es tan temeraria como segura, pero eso no lo aprecias hasta que desciendes; mientras eres pasajero, vas apretando un freno inexistente y cogiendo con fuerza el agarradero de la puerta. No he visto un modo más increíble de introducirse entre dos coches cuando tú apenas si aciertas a ver el hueco; las formas de cambiar de carril y los atajos, a través de una gasolinera, para enlazar con una vía y sortear un atasco, parecían más de película de acción que de un viaje sin prisa, puesto que no corre el taxímetro, ya que el precio es fijo, y tampoco se va a perder el vuelo porque, tanto a la salida como al regreso, una prevé en demasía el tiempo hasta que sube al avión, ya que no apetece ir corriendo por los andenes ( aunque este ejercicio lo tuvimos que practicar en alguna ocasión) o por las puertas de embarque. Algo que me llamó la atención porque, a priori, la forma de ser parece similar a la nuestra, con lo que una tiende a hacer algún comentario que suavice el silencio del recorrido, es el laconismo y la sequedad de los distintos taxistas con los que me encontré, si bien el tono estaba exento siempre de estupidez o brusquedad; muy al contrario, este chico que nos llevaba al aeropuerto interponía sus brazos fuertes y tatuados y me pidió varias veces excusas por diversos frenazos en los que casi salgo por la luna delantera. Al final, llegué a la conclusión de que el caos circulatorio, con bicicletas y motos por todos lados y esa rapidez con la que se conduce, impiden cualquier intento de practicar italiano, de conocer un poco la idiosincrasia de los florentinos o de que se conviertan en guías improvisados por la ciudad para que sepas por dónde vas y qué ves, ya que no pueden perder en ningún momento la concentración mientras van al volante.
Así que, en la mitad aproximadamente del tiempo que yo había estimado, llegamos al pequeño aeropuerto “Americo Vespucci” o “Peretola”, como quieran llamarlo. Esto tiene también un precio, porque entonces existen más posibilidades de visitar la “duty free”, aunque, en este caso es igualmente de reducidas dimensiones, lo que no da pie a muchos caprichos, si bien la zona dedicada a los perfumes está perfectamente surtida. Como esta es una de mis debilidades, aprovecho siempre las salidas para reponer los frascos que, luego, durante el tiempo que transcurre hasta el próximo viaje, se van vaciando lentamente, en un intento de alargar los recuerdos de los lugares que llevan asociados.
Embarcamos a la hora prevista y tras un suave despegue miramos por última vez la cúpula de Brunelleschi y contemplamos la vista aérea de una ciudad que no había defraudado, para nada mis expectativas.
Ya en tierra firme, en el AVE que nos devolvería a Sevilla, iba ojeando la guía de viaje, como forma de prolongar lo improrrogable y me iba quedando una pequeña desazón por lo “desaprovechado” del último día, aunque, por otro lado, aparecía la ilusión por la vuelta.
Los días posteriores, los típicos comentarios de algunos amigos y conocidos que habían estado en Florencia, con ocasión de algún circuito, y que se extrañaban de que hubiera dedicado cuatro días a la ciudad “si nosotros la vimos entera en un día y medio”, me provocaban una sonrisa ciertamente maliciosa y me convertía, casi sin querer, en una feroz defensora de la necesaria parsimonia para admirar las maravillas monumentales y las callejuelas y rincones de la ciudad. ¿Cómo traspasar las sensaciones ante los frescos de los Reyes Magos, la inquietante quietud de San Miniato, el feroz demonio del Baptisterio, la luminosidad de los amarillos del puente Vecchio, la majestuosa y desafiante mirada del David, el frescor de la capilla de los Príncipes, la vista del bullicio cambiante de la plaza de la Signoria desde un velador, el olor de la Oficina Proffumo Farmaceútica, el encanto de la descuidada decadencia de algunos lugares…?. Todos esos recuerdos iban apareciendo, de nuevo, como los distintos fotogramas de una película, fundiéndose con el sabor de un extraordinario “gelatto”, pensando que volvería a Florencia si “Il Porcellino” cumplía con su función, mientras seguían sonando en mi mente las notas del acordeón: Quizás, quizás, quizás…
Gracias por este diario, lo hemos imprimido en casa y creo que nos vendrá muy bién este Agosto que tenemos pensado viajar a Bruselas.
Gracias por el currazo. Es muy bueno, con muchos detalles.
Muchísimas gracias defsoulk, imagino que te refieres al otro aunque el comentario lo has hecho sobre el de Florencia. Espero que disfrutes de tu viaje tanto como lo hice yo. Saludos
Merche ,aún no te lo había leido ni puntuado.
Ademas te e puesto cara ..que no te conocía.
Te dejo mis estrellitas .
Magnifico Diario y muy bien explicado .
Un beso .
Muchas gracias any, siento el retraso con el que te agradezco tu valoración pero no he tenido aviso y he entrado por casualidad. Me alegro de que te haya gustado. Un beso también para ti.
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Hola viajeros, estoy planeando con un grupo de amigos un viaje en motos de alto Cilindraje por parte de La Toscana pero para hacerlo más variado queremos incluirle Las Dolomitas, tenemos 8 días que distribuiríamos en 4 días Toscana y 4 días llegar a Dolomitas, hacer la ruta por allí y luego volver. Será demasiado pesado para la cantidad de días que tenemos?
Salodari Moderador de Diarios 03-04-2009 Mensajes: 24041
Hola, sinceramente este plan de viaje lo veo muy pesado. Si quieres conocer la Toscana medianamente bien necesitas los 8 días. No sé que zona de Dolomitas tenías pensado visitar pero también el territorio es extenso además es imprescindible hacer alguna caminata aunque sea con ayuda de los remontes.
Piénsalo y decide uno de los dos. Ambos son bellísimos .
Hola viajeros, estoy planeando con un grupo de amigos un viaje en motos de alto Cilindraje por parte de La Toscana pero para hacerlo más variado queremos incluirle Las Dolomitas, tenemos 8 días que distribuiríamos en 4 días Toscana y 4 días llegar a Dolomitas, hacer la ruta por allí y luego volver. Será demasiado pesado para la cantidad de días que tenemos?
La Toscana te da para 8 días y más. Yo me centraría solo en ella
javiky13 Dr. Livingstone 27-02-2012 Mensajes: 7020
Hola viajeros, estoy planeando con un grupo de amigos un viaje en motos de alto Cilindraje por parte de La Toscana pero para hacerlo más variado queremos incluirle Las Dolomitas, tenemos 8 días que distribuiríamos en 4 días Toscana y 4 días llegar a Dolomitas, hacer la ruta por allí y luego volver. Será demasiado pesado para la cantidad de días que tenemos?
Creo que es mejor centrarse en una sola zona, además, si tienes 8 días, hay que quitar los días de desplazamiento....