Llegué a la frontera a las 17h. No hay colas y los trámites son rápidos, salvo a la hora de pagar las tasas por el uso de la red namibia de carreteras (242 dólares namibios, unos 16€). No dispongo de efectivo, así que me permiten entrar clandestinamente en el país para acceder al cajero más próximo para obtener el dinero.


Prosigo la marcha y en los siguientes 140km hasta llegar al primer destino namibio sólo me cruzo con 15 vehículos, de los que sólo 6 eran coches.

Llego a Grunau de noche y me alojo en una granja (guest farm). Me reciben Kinna y Walf, un matrimonio jubilado. Kinna me informa cómo funciona la casa y me da la posibilidad de cenar. Asiento. El alojamiento está a unos 3km de allí, en la antigua vivienda familiar. Walf me acompaña y me muestra la enorme habitación. Me enseña la cocina, en la que se encuentra una nevera con diferentes tipos de bebida. Lo que quiera tomar, sólo debo marcarlo en un papel para saldar las cuentas al día siguiente. El café, roibos y leche es a cuenta de la casa. Se despide con un hasta ahora, pues vendrá a traerme la cena en 5 minutos. Mientras lo espero, cojo una cerveza y me siento en el porche contemplando las estrellas.
Día 13, Grunau.