Akumal significa en idioma maya "Tierra de tortugas" y es todavía uno de los sitios preferidos por estos animales marinos para desovar. Esta bahía se ha vuelto famosa por ser uno de los sitios favoritos para hacer snorkel y bucear pues sus aguas son transparentes y se puede disfrutar del arrecife donde viven gran cantidad de peces y tortugas marinas.
Desde el mes de enero se había cerrado el paso a las excursiones guiadas que llevan a bucear al fondo marino de Akumal, porque se estaba destruyendo el arrecife. Pero desde hacía 10 días se había abierto de nuevo el paso a las excursiones y la playa de Akumal volvía a tener vida. Sin duda, era una de las visitas obligadas en nuestro viaje, y su ubicación a 11 Kilómetros del hotel Gran Palladium, facilitaba la realización de esta visita, y así fue.
Desayunamos en La Hacienda, el buffet del hotel Colonial, que nos falta conocer a la hora del desayuno. Vamos andando, pues nos hemos dado cuenta de que está cerca de nuestra villa, y la opción es estupenda, pues siempre hay rincones nuevos que conocer en este maravilloso complejo hotelero. Hoy encontramos un nuevo altar de bodas, la Iglesia de Nuestra señora de las Nieves y otro rincón dedicado a los flamencos. No faltan los encuentros con los animalitos ¡Qué agradables estos paseos por el hotel!
El desayuno en La Hacienda estupendo nuevamente. Esos zumos de colores nos encantan...
A la salida vamos al mostrador de relaciones públicas para intentar reservar la cena en el restaurante japonés para mañana. Son las 8:15 cuando hacemos la reserva y solo queda una plaza libre para mañana y otra libre para hoy. La pena es que no nos quedan casi noches ya para organizar las cenas. ¿Qué hacemos? La chica de relaciones nos propone cambiar el plan y eso es lo que hacemos: reservamos para hoy la cena en el japonés con teppanyaki a las 19:30, aunque solo queda un plaza, con intención de ir un rato antes a preguntar si nos dejan cenar a las dos. Y pasamos la reserva en Punta Emilia que teníamos para hoy, a mañana a las 20:30.
De allí directas al túnel subterráneo que atraviesa la federal. Enseguida pasa una van y nos montamos. El trayecto a Akumal es muy corto: tardamos 15 minutos y nos cuesta 40 pesos a las dos (unos 2 €). Esta vez se puede cruzar la federal por un puente sobre la carretera y no hay nada de peligro, y a continuación tomamos el paseíto que nos lleva hasta la playa. Son las 9 de la mañana y por el camino nos encontramos con varias compañías que nos quieren vender su excursión. Insisten en que, aunque se permite de nuevo el paso a estas salidas, el número de visitas está restringido, y debemos reservarlo cuanto antes para no quedarnos sin conocer el fondo marino de Akumal. Nos piden entre 400 y 500 pesos por persona. Nosotras no queremos hacer la excursión, pues preferimos conocerlo por nuestra cuenta, así que no les hacemos caso. Al llegar a la bahía, vemos una caseta informativa y preguntamos por consignas para dejar la mochila, además de pedir recomendaciones para el buceo con tortugas. Nos dicen que alquilando un chaleco podemos bucear por nuestra cuenta en la zona donde se encuentran gran cantidad de tortugas, además de ofrecernos una consigna para dejar nuestra cosas. En total, chalecos + consigna, nos cuesta 350 pesos (17€) y es la opción que elegimos.

La experiencia es estupenda. Vemos rayas, peces de colores y tortugas. ¡Es una gozada! Al salir del agua podemos comprobar que la playa se está llenando de gente. Es normal, pues se trata de una playa urbanizada y con el aliciente de las tortugas, el turismo está asegurado. Decidimos andar un tramo por la orilla hasta encontrar un lugar tranquilo y allí pasamos otro rato bañándonos y jugando en la fina arena blanca. Después volvemos a hacer otro ratito de snorkel y vemos unas cuantas tortugas más. Esta vez es más emocionante pues las vemos subir a la superficie y nos rozamos con ellas.
Son la 1 de mediodía cuando nos dirigimos a la carretera federal a tomar una van que nos lleve de nuevo al hotel. La mañana entre tortugas, peces y rayas ha sido una experiencia maravillosa. El trayecto de regreso al hotel en van, otros 40 pesos.
Hoy queremos pasar la tarde en la piscina Las Rocas, de agua salada, por lo que decidimos comer en el 24 horas de la playa, que está cerca de esta piscina. Hay un bufet de ensalada de frutas y snacks para picar. Nos hacemos una estupenda ensalada y nos servimos nachos con queso que hay también allí. Además pedimos quesadillas sincronizadas (jamón y queso) y fajitas de pollo con guacamole. De beber, un cocktail para cada una. Y junto al mar… ¿Qué más se puede pedir? De aquí a la piscina de agua salada hay una agradable paseo a la orilla del mar, pasando por el altar en el que se está preparando una boda para esta tarde.

La piscina de agua salada nos impresiona, es chulísima. Es una piscina natural al borde del mar, con un montón de peces. Además de hamacas, hay camas balinesas, lo que le da un encanto aún más especial a este rincón. Nos ubicamos en una de estas y pasamos un rato estupendo entre baños y relax. Son las 5 de la tarde cuando el cielo comienza a ponerse gris y sopla el viento. Nos vamos dando un paseo hasta el miniclub y mi hija se queda allí un ratito. Yo voy al restaurante japonés a preguntar si podemos cenar las dos a pesar de tener reserva solo para una, y me dicen amablemente que sin problema nos harán hueco a las dos. ¡Genial! Me voy tan contenta al gimnasio, donde hoy puedo hacer deporte tranquila al saber que mi hija está tan entretenida en el miniclub. A la salida voy a recogerla y encuentro que están preparando en la playa las mesas para la barbacoa nocturna. Ideal.
Nos vamos a duchar y preparar para nuestra cena en el restaurante “Sumptuori”, a las 19:30.
La experiencia del espectáculo teppanyaki nos encanta. Nos toca en la mesa con una familia canadiense, y un cocinero de lo más dicharachero que nos deja boquiabiertos cuando hace malabarismos con la vajilla y la comida. Realmente es divertido y la cena es muy completa.
Nos la van sacando poco a poco: sushi, tempura de calamar, arroz tres delicias cocinado allí mismo y el plato principal que se puede elegir entre diferentes tipos de carne y pescado, hasta 3 variedades por persona. Nosotras elegimos todo pescado: calamar, pulpo, gambas y salmón, que nos ponen acompañado de verduras. De postre hay cuatro opciones a elegir y pedimos tarta de chocolate y mousse de café, ambos acompañados de helado. Todo riquísimo. Al salir cogemos el trenecito que nos acerca a nuestra villa y nos vamos a dormir felices tras un día de lo más completo.