Llegaba el domingo y, se estropeó durante la noche el móvil, lo que nos costó que no sonara la alarma, y en vez de estar en pie a las 8, estuvieramos cerca de las 10. Pese a ello salimos a la calle con la ilusión de ver Notre Dame, Arco del Triunfo y Sacre Coeur, aunque lo primero que nos encontramos fue una fina lluvia acompañada por viento que, si ibas en pantalon corto, como yo, te hacia tener bastante frio, jeje.
Primeramente nos bajamos en Cité, para ver Notre Dame; antes de ello nos hicimos unas fotos con Carlomagno y su monumental escultura.


Tuvimos la "suerte" de llegar cuando estaban dando misa, asi que no pudimos ver la catedral, asi pues decidimos subir a lo alto de la catedral (también gratis, tendré que aprovechar y volver a Paris antes de los 26 años, jeje). Arriba nos hicimos las fotos características con la ciudad (impresionante pero minimizado por la reciente subida a la torre Eiffel), con la gran campana y como no, con las gárgolas.



Desde aquí, decidimos no ver Saint Chapelle por cuestión de horarios (vimos la aguja desde detrás) y nos pusimos en marcha con dirección ahora de Argentine, para ver nada más y nada menos que, el Arco del Triunfo.

Lo primero que hicimos fue subir arriba (más escaleras, llevábamos tantas... pero...¡gratis!), donde pudimos ver la bonita imagen de la docena de las avenidas radiales que nacen del Arco del Triunfo, así como el Gran Arco de La Defense al fondo. particularmente, me gustó la vista que se tiene de Sacre Coeur en la otra punta de la ciudad desde el Arco de nuestro amigo Napoleón.



Al bajar de lo alto del Arco nos hicimos fotos con el fuego de la tumba del Soldado Desconocido, y con uno de los pilares del Arco, que tenía inscritos los nombres de las batallas de Napoleón en España (en otros pilares de otros lugares, pero nos llamó la atención porque desconocíamos ésto).


Desde aquí fuimos a Anvers, donde visitamos el siguiente espectáculo de París, el Sacre Coeur de Montmatre. Al llegar a la entrada del recinto, tuvimos que quitarnos de encima a los 'pesados' que intentan timarte enganchando un lazo en tu dedo (para hacer una pulsera) y queriendote engatusar y convencer para que se lo pagues (cuidado con esta gente, no sólo son pesados, sino además violentos, como ya contaré en la quinta etapa de este diario). Volviendo al viaje, nos montamos en el tiovivo que hay bajo la basílica, ya que decían que es el de la película Amelie (yo me fio de mi novia porque hace muchos años uqe vi la pelicula, jeje); después decidimos subir a pie en lugar de funicular, y cual fue nuestra sorpresa cuando vimos a cientos de persona rodear a un hombre (por lo visto se llama Iya Traoré y se gana la vida así) que hacía malabres imposibles con un balón de fútbol. Al llegar arriba decidimos ver la basílica pero no subir arriba, aun así, las vistas de la ciudad son magníficas.



En vez de volver pronto al apartamento, y dado que eran las 15 horas, decidimos comprar un pan con salchicha (una especia de perrito caliente con pan normal) con queso y ketchup realmente muy rico (3'5€) y comerlo en la propia colina bajo la basílica.
De aquí fuimos a pie hasta Moulin Rouge, donde cogeríamos el metro tras ver por fuera el afamado cabaret. De camino vimos al margen de los conocidos Sex-shop o salas de sexo un curioso lugar, el Sexodrome, donde muñecos moviles en la propia fachada realizan actos poco apropiados para que suba imágenes por aquí, jeje.

De ahí volvimos al hotel a descansar, ducharse y vestirse para cenar por París, cerca de la Torre Eiffel, el restaurante Iolanda, a unos 100 metros de la parada de Bir-Hakeim, en una terraza donde, pee al tránsito constante de visitantes de la Torre Eiffel se estaba muy agusto.
De ahí fuimos a nuestro destino, ver la torre en plena noche, con ese brillo áureo que destila, una preciosidad que se eleva al cuadrado cuando aparecen las luces que simulan el brillo de las estrellas (creo que es cada hora en punto),


Desde aquí, con la buena noche que hacía, y tras docenas de fotos a la torre nos dirigimos comiendo un rico helado al Puente de l'Alma donde vimos el monumento en conmemoración de la amistad anglo-americana que se simboliza en una réplica de la llama de la Estatua de la Libertad, pero que, como todos sabemos, se ha convertido en un monumento por Lady Di, ya que trágicamente falleció en ese puente. Por cierto, a parte de escritos de cariño de la princesa de Gales, había sobre todo muestras de cariño por Michael Jackson (se ve que es un punto de referencia en lo referente a EEUU en Paris).
Volviendo a cosas más bonitas, las vistas de la torre desde allí son muy, muy bonitas. Ya desde allí, regresamos al hotel para descansar que venía el gran día, el día de Disneyland.
