Memphis + Saqqara (parte 2) + Alfombras + Barrio Copto + Khan el Khalili
Sábado 15 de abril de 2017
Nos despertamos y bajamos a desayunar, porque a las 07.30 am nos pasaban a buscar por la recepción para empezar con las visitas de la agencia. Cuando llegó Ramón, otro de los coordinadores de Galaxia, fuimos al bus que nos estaba esperando en la puerta del hotel. Ahí nos encontramos con quien iba a ser nuestro guía en todo el viaje: Ramzy. Hoy éramos diez personas; el lunes llegaban otras cuatro y así ya iba a quedar armado el grupo. Consideramos que estaba bien porque no éramos muchos.
Contrario a lo que estaba previsto en el programa (Memphis, Saqqara y las pirámides de Guiza), nos comentaron que las excursiones del día se iban a dividir en dos: hoy hacíamos Memphis y Saqqara y el día siguiente, las pirámides
. Nos pareció raro porque la ruta de Saqqara y las pirámides era la misma (por algo las agencias las agrupan el mismo día), así que pregunté el porqué del cambio y me dijeron que habían tenido que reprogramar las visitas porque dos personas de nuestro grupo que tenían otro itinerario (que incluía Alejandría) habían llegado dos días antes y ya habían ido al Museo y a las pirámides el día anterior.
Fuimos hacia Memphis, capital del Imperio Antiguo, y llegamos alrededor de las 09.00 am. Nos repartieron las entradas del museo al aire libre (EGP 40), que estaban incluidas. Primero visitamos la única sala cubierta del museo, donde subimos unas escaleras para poder contemplar mejor el coloso de Ramsés II.
El tamaño de la estatua impresionaba y el nivel de detalle era increíble: se notaban bien las facciones, los músculos, las rodillas... ¡hasta las uñas!
Salimos de la sala, el guía nos dio explicaciones sobre la Triada de Memphis y la esfinge de alabastro y tuvimos media hora para recorrer la zona.
La estructura de todas las excursiones que hicimos con la agencia era la misma: llegábamos a un lugar, el guía nos daba las entradas correspondientes, escuchábamos sus explicaciones y después teníamos tiempo libre para andar y sacar fotos.
Seguimos rumbo a Saqqara. Antes de entrar por la enorme fachada, nos detuvimos y escuchamos a Ramzy, quien nos daba sus explicaciones haciendo dibujos en la arena con un palo que le alcanzó uno de los vigilantes del lugar. El método nos resultó didáctico e interesante y se repitió en el patio, cuando nos contó sobre la construcción de la pirámide escalonada y sus cámaras. Y aquí un dato anecdótico: mientras escuchábamos al guía, en el cielo se veían muchas cosas blancas que volaban. Una de las personas del grupo creyó que era una bandada de aves, pero al ver mejor se dio cuenta de que eran nada más ni nada menos que bolsas de basura... Justamente el día anterior habíamos notado que había sectores del complejo que no estaban bien cuidados. Cuando le preguntamos a nuestro guía, nos dijo que lamentablemente no se invertía en la limpieza y el cuidado de los sitios. Una lástima
A continuación, media hora de tiempo libre para caminar por los alrededores. Cruzamos el patio en dirección a las escaleras, y subimos para contemplar las vistas privilegiadas de la pirámide de Djoser.
Desde lo alto se veían la pirámide de Unas y, a lo lejos, las pirámides de Dashur. Sacamos algunas fotos y bajamos. Ya de nuevo en el patio, pasamos por el pabellón real, bordeamos la pirámide escalonada y caminamos por el patio del Heb-Sed con sus capillas para luego atravesar la sala con las columnas, salir del recinto y subir al bus.
Aquí terminó la excursión a Saqqara, de unas dos horas de duración, con su lado bueno y su lado malo. Por suerte, en nuestro caso, la visita se complementó con la que habíamos hecho el día anterior: nos explicaron otras cosas y pudimos concentrarnos en el complejo funerario de Djoser, que habíamos visto muy por arriba con el guía que contratamos por nuestra cuenta. En contra tengo que decir que no entramos a ninguna mastaba ni pirámide y solo nos dieron media hora de tiempo libre. Claro está que es una opinión personal; tal vez aquellos que se conformaban con ver la pirámide escalonada y algunos restos arqueológicos no tuvieron quejas. Creo que todo depende de los gustos y las preferencias y cuando se viaja en grupo lamentablemente hay que ajustarse a las reglas del juego (mientras algunos quieren pasar más tiempo en un lugar hay otros que no ven la hora de irse).
A la vuelta nos llevaron a una fábrica de alfombras, en la que primero nos explicaron cómo las hacían y luego nos hicieron subir a un salón donde estaban todas exhibidas. Había de todos los colores, modelos y tamaños, pero los precios eran caros. Nadie compró nada y la visita duró menos de lo esperado. Otro dato anecdótico: cuando llegamos a la tienda, nos ofrecieron algo para tomar, pero luego “se olvidaron” y no nos convidaron nada. Ya en la puerta, antes de subir al bus, uno de nuestros compañeros del grupo le dijo al guía, en forma de broma, que el té había estado muy rico y al guía le llamó la atención que no nos hubieran dado nada. Con su mejor voluntad intentó entrar de nuevo a la tienda a reclamar, pero al unísono le respondimos que no hacía falta, que siguiéramos con el recorrido.
La siguiente visita fue al Barrio Copto, donde conviven sinagogas, mezquitas e iglesias cristianas. Las calles del barrio eran estrechas y hasta parecía un laberinto.
Conocimos la Iglesia de San Sergio y entramos en la cueva donde, según la Biblia, se refugió la Sagrada Familia. La iglesia era pequeña y muy bonita. Adentro no se podían sacar fotos, pero sí estaba permitido con el celular. También visitamos la sinagoga de Ben-Ezra, donde directamente estaba prohibido hacer fotos.
Después fuimos al bazar Khan el Khalili. Como cortesía por el ofrecimiento de bebidas fallido en la fábrica de alfombras, Ramzy nos invitó a tomar algo…. a El Fishawy!!!
(esta visita no estaba prevista en el programa). Por suerte el lugar no estaba lleno y encontramos asiento enseguida. La mayoría pedimos té de menta y algunos optaron por café turco o gaseosa.
El Fishawy o Café de los Espejos tiene un encanto particular, un ambiente que atrapa, no sabría cómo describirlo. Las paredes están llenas de espejos enormes con unos marcos preciosos de madera tallada y en el techo cuelgan lámparas de distintos estilos. En las mesas se veían grupos de gente fumando shisha, tomando té y conversando. Se mezclaban los turistas con la gente local.
Después de la pausa en el Fishawy, tuvimos tiempo libre para recorrer las calles del bazar. La intención era hacer compras en la tienda de Jordi, donde los precios son fijos y no se regatea. Con un plano escueto que teníamos en el celular tratamos de localizar la tienda, pero no la encontramos
Es más, nos perdimos entre las calles hasta que empezamos a ver cada vez menos turistas y cada vez más tiendas con precios en árabe. Para volver teníamos como referencia uno de los minaretes de la Mezquita Al Hussein, pero en la zona había otras mezquitas y aun así no nos ubicábamos. Solución: preguntar por El Fishawy
(porque justo conectaba con un callejón que salía a la plaza Al Hussein, nuestro punto de encuentro con el resto del grupo).
No compramos nada; de todos modos, el guía nos había adelantado que prácticamente todo lo que íbamos a ver era mercadería hecha en China. Igual me quedé con las ganas de ir a Jordi, supongo que me hubiera salvado con los souvenirs para regalar y, además, hubiese tenido una idea de precios. Claro que era más fácil preguntar a alguien por la tienda y dar una propina, pero queríamos aventurarnos y lanzarnos por nuestra cuenta. Salvo dos o tres vendedores pesados, ninguno nos agobió mientras estuvimos en el bazar y fue un lindo paseo.
Eran las 16:00 pm y llegó la hora de comer (el almuerzo estaba incluido en el programa). Nos llevaron a un barco amarrado a la orilla del Nilo, el “Nile Maxim”. Como ya era tarde el restaurante estaba vacío, lo teníamos solo para nosotros. De entrada nos pusieron panes para acompañar con unas salsas, el plato principal era pollo con arroz y papas fritas (se podía elegir pescado) y el postre era helado. La comida no me pareció muy buena, pero era lo que había. Le pagamos al mozo las bebidas, pero no nos dio el vuelto (y era bastante, porque no teníamos cambio). No sabíamos si creyó que lo que sobraba era propina o se hacía el que lo cría, la cuestión fue que nuestro guía intervino y recibimos el vuelto correspondiente.
Llegamos al hotel cerca de las 18:00 pm; si bien nos hubiera gustado seguir recorriendo la ciudad, estábamos un poco cansados y decidimos quedarnos.
Arreglamos con una pareja del grupo para cenar en uno de los restaurantes del Fairmont; entre charla y charla se hizo casi la medianoche y nos fuimos a dormir, que seguían los madrugones…
Sábado 15 de abril de 2017
Nos despertamos y bajamos a desayunar, porque a las 07.30 am nos pasaban a buscar por la recepción para empezar con las visitas de la agencia. Cuando llegó Ramón, otro de los coordinadores de Galaxia, fuimos al bus que nos estaba esperando en la puerta del hotel. Ahí nos encontramos con quien iba a ser nuestro guía en todo el viaje: Ramzy. Hoy éramos diez personas; el lunes llegaban otras cuatro y así ya iba a quedar armado el grupo. Consideramos que estaba bien porque no éramos muchos.
Contrario a lo que estaba previsto en el programa (Memphis, Saqqara y las pirámides de Guiza), nos comentaron que las excursiones del día se iban a dividir en dos: hoy hacíamos Memphis y Saqqara y el día siguiente, las pirámides
Fuimos hacia Memphis, capital del Imperio Antiguo, y llegamos alrededor de las 09.00 am. Nos repartieron las entradas del museo al aire libre (EGP 40), que estaban incluidas. Primero visitamos la única sala cubierta del museo, donde subimos unas escaleras para poder contemplar mejor el coloso de Ramsés II.

El tamaño de la estatua impresionaba y el nivel de detalle era increíble: se notaban bien las facciones, los músculos, las rodillas... ¡hasta las uñas!

Salimos de la sala, el guía nos dio explicaciones sobre la Triada de Memphis y la esfinge de alabastro y tuvimos media hora para recorrer la zona.
La estructura de todas las excursiones que hicimos con la agencia era la misma: llegábamos a un lugar, el guía nos daba las entradas correspondientes, escuchábamos sus explicaciones y después teníamos tiempo libre para andar y sacar fotos.
Seguimos rumbo a Saqqara. Antes de entrar por la enorme fachada, nos detuvimos y escuchamos a Ramzy, quien nos daba sus explicaciones haciendo dibujos en la arena con un palo que le alcanzó uno de los vigilantes del lugar. El método nos resultó didáctico e interesante y se repitió en el patio, cuando nos contó sobre la construcción de la pirámide escalonada y sus cámaras. Y aquí un dato anecdótico: mientras escuchábamos al guía, en el cielo se veían muchas cosas blancas que volaban. Una de las personas del grupo creyó que era una bandada de aves, pero al ver mejor se dio cuenta de que eran nada más ni nada menos que bolsas de basura... Justamente el día anterior habíamos notado que había sectores del complejo que no estaban bien cuidados. Cuando le preguntamos a nuestro guía, nos dijo que lamentablemente no se invertía en la limpieza y el cuidado de los sitios. Una lástima
A continuación, media hora de tiempo libre para caminar por los alrededores. Cruzamos el patio en dirección a las escaleras, y subimos para contemplar las vistas privilegiadas de la pirámide de Djoser.

Desde lo alto se veían la pirámide de Unas y, a lo lejos, las pirámides de Dashur. Sacamos algunas fotos y bajamos. Ya de nuevo en el patio, pasamos por el pabellón real, bordeamos la pirámide escalonada y caminamos por el patio del Heb-Sed con sus capillas para luego atravesar la sala con las columnas, salir del recinto y subir al bus.


Aquí terminó la excursión a Saqqara, de unas dos horas de duración, con su lado bueno y su lado malo. Por suerte, en nuestro caso, la visita se complementó con la que habíamos hecho el día anterior: nos explicaron otras cosas y pudimos concentrarnos en el complejo funerario de Djoser, que habíamos visto muy por arriba con el guía que contratamos por nuestra cuenta. En contra tengo que decir que no entramos a ninguna mastaba ni pirámide y solo nos dieron media hora de tiempo libre. Claro está que es una opinión personal; tal vez aquellos que se conformaban con ver la pirámide escalonada y algunos restos arqueológicos no tuvieron quejas. Creo que todo depende de los gustos y las preferencias y cuando se viaja en grupo lamentablemente hay que ajustarse a las reglas del juego (mientras algunos quieren pasar más tiempo en un lugar hay otros que no ven la hora de irse).
A la vuelta nos llevaron a una fábrica de alfombras, en la que primero nos explicaron cómo las hacían y luego nos hicieron subir a un salón donde estaban todas exhibidas. Había de todos los colores, modelos y tamaños, pero los precios eran caros. Nadie compró nada y la visita duró menos de lo esperado. Otro dato anecdótico: cuando llegamos a la tienda, nos ofrecieron algo para tomar, pero luego “se olvidaron” y no nos convidaron nada. Ya en la puerta, antes de subir al bus, uno de nuestros compañeros del grupo le dijo al guía, en forma de broma, que el té había estado muy rico y al guía le llamó la atención que no nos hubieran dado nada. Con su mejor voluntad intentó entrar de nuevo a la tienda a reclamar, pero al unísono le respondimos que no hacía falta, que siguiéramos con el recorrido.
La siguiente visita fue al Barrio Copto, donde conviven sinagogas, mezquitas e iglesias cristianas. Las calles del barrio eran estrechas y hasta parecía un laberinto.

Conocimos la Iglesia de San Sergio y entramos en la cueva donde, según la Biblia, se refugió la Sagrada Familia. La iglesia era pequeña y muy bonita. Adentro no se podían sacar fotos, pero sí estaba permitido con el celular. También visitamos la sinagoga de Ben-Ezra, donde directamente estaba prohibido hacer fotos.
Después fuimos al bazar Khan el Khalili. Como cortesía por el ofrecimiento de bebidas fallido en la fábrica de alfombras, Ramzy nos invitó a tomar algo…. a El Fishawy!!!
(esta visita no estaba prevista en el programa). Por suerte el lugar no estaba lleno y encontramos asiento enseguida. La mayoría pedimos té de menta y algunos optaron por café turco o gaseosa.
El Fishawy o Café de los Espejos tiene un encanto particular, un ambiente que atrapa, no sabría cómo describirlo. Las paredes están llenas de espejos enormes con unos marcos preciosos de madera tallada y en el techo cuelgan lámparas de distintos estilos. En las mesas se veían grupos de gente fumando shisha, tomando té y conversando. Se mezclaban los turistas con la gente local.

Después de la pausa en el Fishawy, tuvimos tiempo libre para recorrer las calles del bazar. La intención era hacer compras en la tienda de Jordi, donde los precios son fijos y no se regatea. Con un plano escueto que teníamos en el celular tratamos de localizar la tienda, pero no la encontramos
No compramos nada; de todos modos, el guía nos había adelantado que prácticamente todo lo que íbamos a ver era mercadería hecha en China. Igual me quedé con las ganas de ir a Jordi, supongo que me hubiera salvado con los souvenirs para regalar y, además, hubiese tenido una idea de precios. Claro que era más fácil preguntar a alguien por la tienda y dar una propina, pero queríamos aventurarnos y lanzarnos por nuestra cuenta. Salvo dos o tres vendedores pesados, ninguno nos agobió mientras estuvimos en el bazar y fue un lindo paseo.
Eran las 16:00 pm y llegó la hora de comer (el almuerzo estaba incluido en el programa). Nos llevaron a un barco amarrado a la orilla del Nilo, el “Nile Maxim”. Como ya era tarde el restaurante estaba vacío, lo teníamos solo para nosotros. De entrada nos pusieron panes para acompañar con unas salsas, el plato principal era pollo con arroz y papas fritas (se podía elegir pescado) y el postre era helado. La comida no me pareció muy buena, pero era lo que había. Le pagamos al mozo las bebidas, pero no nos dio el vuelto (y era bastante, porque no teníamos cambio). No sabíamos si creyó que lo que sobraba era propina o se hacía el que lo cría, la cuestión fue que nuestro guía intervino y recibimos el vuelto correspondiente.
Llegamos al hotel cerca de las 18:00 pm; si bien nos hubiera gustado seguir recorriendo la ciudad, estábamos un poco cansados y decidimos quedarnos.
Arreglamos con una pareja del grupo para cenar en uno de los restaurantes del Fairmont; entre charla y charla se hizo casi la medianoche y nos fuimos a dormir, que seguían los madrugones…