Nos levantamos a eso de las 4 de la mañana porque había que llegar a Yala antes de que amaneciera. Me hacía especial ilusión ese safari. El conductor nos había dicho que, si teníamos suerte, podríamos ver leopardos, que no era fácil, pero que a veces se dejaban ver. Bajamos a la recepción, recogimos el desayuno que nos habían preparado, tipo picnic y salimos al encuentro de Dayan que nos estaba esperando con un jeep que habíamos contratado la tarde anterior. Os explicaré que en Minneriya, llegas al parque, pagas la entrada y te dicen a qué jeep tienes que subirte, sin embargo, en Yala tienes que tener ya contratado con antelación el jeep que te recoge en el hotel y te lleva al parque nacional.
Tardamos unos 25 minutos en recorrer los 19 kilómetros que separaban nuestro hotel de Yala. Al llegar nos juntamos varios jeeps en la entrada, pero no tuvimos que esperar demasiado y prácticamente nada más traspasar la verja, los jeeps que iban delante se detuvieron porque habían visto algo. Todos hicieron señas de que guardáramos silencio y pudimos ver, emocionados, como un leopardo caminaba delante de nosotros, como deslizándose. Nos quedamos un buen rato observando sus movimientos. El leopardo se subió a una roca y posó muy digno para las decenas de fotos que le hicimos.
Después de la sesión fotográfica y aún entusiasmados por haber visto al leopardo, comenzamos el recorrido por el Parque Nacional. Iba amaneciendo poco a poco y el sol ya despuntaba en el horizonte tiñendo el cielo de rojo y según lo hacía íbamos descubriendo los increíbles paisajes de Yala. Vimos bambis, pavos reales, búfalos, lagartos gigantes, cocodrilos, elefantes, monos, una variedad de aves, como el tántalo indio, garzas, etc, así como pequeños pajaritos de colores muy brillantes.
Aproximadamente 2 horas después de entrar en el parque, llegamos al mar, y descubrimos que Yala tiene una playa fantástica, pero por desgracia el baño no está permitido por las corrientes. Allí hicimos una parada para desayunar dando buena cuenta del picnic que el hotel nos había preparado y dar un paseo por la playa. Vimos unas planchas de metal de diferentes alturas y nos explicaron que indicaban la altura que alcanzaron las olas en el tsunami de 2004. Al lado había una placa en memoria de las 47 personas que perecieron a consecuencia del tsunami ocurrido el 26 de diciembre de 2004 a las 09.20 am. en Yala. Te ponía los pelos de punta, la verdad. Por lo visto los animales lo presintieron y huyeron hacia el interior, pero por desgracia, las personas no tenemos esa facultad y fueron sorprendidas en esa playa por las gigantes olas.

Tras tres horas de safari por Yala, regresamos al hotel y nos dimos un bañito en la piscina para refrescarnos, porque, a pesar de ser las 09.30 de la mañana, el sol apretaba.


Tras el agradable paseo por Dondra volvimos al coche y nos dirigimos a Mirissa, que es una de las playas más turísticas de Sri Lanka y con razón, porque es amplia y muy bonita. Allí comimos en un chiringuito y nos bebimos otra rica cerveza Lion.


Lo más famoso de la ciudad es el fuerte y el faro rodeado de palmeras. Dentro de la ciudad amurallada, hoy en día hay muchos hoteles boutique, restaurantes con encanto y coquetas tiendas. No dejéis de echar un vistazo a la tienda Barefoot (en la esquina de Church y Pedlar Street), está muy bien montada y allí podéis encontrar artesanía, velas aromáticas, aceites esenciales, libros, bolsos, sharongs o pareos y un largo etc. Es muy agradable pasear por sus calles peatonales e ir descubriendo cada rincón.

Cenamos en el hotel. La comida era rica pero los precios eran elevados para lo que llevábamos visto. Copita bajo las estrellas y a dormir.
Como veréis he tenido que hacer collages para poder enseñaros todo lo que quería porque el límite que ponen de 6 fotos por etapa, no me daba ...