Amaneció un día estupendo con un sol radiante y después de desayunar aprovechamos para dar una vuelta y ver la ciudad ya que no habíamos podido hacerlo la tarde anterior por culpa de la lluvia. Visitamos la oficina de correos, cuyo edificio es de lo más pintoresco, la estación de autobuses, muy típica y el mercadillo donde se pueden encontrar imitaciones de marcas famosas.


Tuvimos que esperar una media hora a que llegase el tren en el andén, pero fue entretenido la espera viendo a la gente que iba y venía. Incluso vimos de cerca a dos mujeres recolectoras de té.

Ahí nos despedimos de nuestro conductor que tenía que ir por carretera con el equipaje y nos encontraríamos de nuevo en Ella.
El viaje duró unas dos horas durante las cuales no quitamos ojo de la ventanilla disfrutando de los maravillosos paisajes que la naturaleza nos ofrecía. Chispeó en algún momento, pero eso no enturbió la belleza que estábamos contemplando, montañas plagadas de hojas de té, cascadas, bosques y paradas en estaciones que parecían estar sacadas de alguna película de la época colonial, al igual que el tren, que parecía una maqueta de tren antiguo. Si sacabas la cabeza por la ventanilla, veías lo larguísimo que era y a más viajeros asomados, algunos con medio cuerpo fuera.

Salimos de la estación, el conductor aún no había llegado, era comprensible, en tren se tardaba menos que por carretera, así que para hacer tiempo a que llegase y como ya estábamos hambrientos, nos tomamos algo en un puesto que había, cuya dueña era muy amable, pero nos sableó lo que quiso por unos plátanos. Treinta minutos después llegó él, nos dio tanta alegría vernos que el encuentro fue como si no nos hubiéramos visto en un año.
Después de contarle las magníficas impresiones del viaje en tren, nos llevó a ver Ella. Dimos una vuelta y como le dijimos que no habíamos comido nos llevó al Ella Motel. No sé cómo serán las habitaciones, pero puedo decir que me pareció un sitio muy recomendable si se hace noche en Ella. (Cosa que recomiendo si tenéis días de sobra porque desde aquí se pueden hacer muchas excursiones de senderismo, escalada, bicicleta, etc.)
El hotel tenía una gran terraza, donde estaba el bar restaurante con unas vistas realmente espectaculares.

Después de comer y contemplar un poquito más el paisaje, continuamos el viaje hacia nuestra siguiente parada que eran en Rawana Waterfalls, una sucesión de caídas de agua espectacular.
Abandonamos poco a poco las montañas y el fresquito para volver al calor del nivel del mar en Tissamaharama, donde habíamos reservado el hotel para esa noche. The Safari Hotel ($100 incluyendo desayuno y Wifi) Nos causó muy buena impresión al entrar en la zona de la recepción, era muy espaciosa, con varios ambientes todo al aire libre y techado con una especie de brezo a dos aguas que le daba un aspecto muy de safari. Detrás de la recepción pudimos ver que estaba la piscina y detrás el lago Tissa.
La habitación no era muy grande, pero estaba bien decorada y tenía todas las comodidades necesarias.
Nos dimos una ducha y bajamos a cenar al restaurante del hotel que estaba en una terraza al aire libre al borde del lago Tissa. La cena no fue barata, pero estuvo bien, la copa que no falte y a dormir que mañana tenemos que darnos un madrugón para ver amanecer en Yala.