A las 8:45 nos están recogiendo para llevarnos, esta vez, a la Reserva de Santa Elena.
Entre todas las actividades que se podían realizar con la empresa Selvatura nosotros habíamos elegido los puentes colgantes, el jardín de mariposas, el jardín de colibríes y el almuerzo. Mi marido se quedó con las ganas de la tirolina, pero por mi vértigo sabía que yo esto no lo iba a realizar ni loca y al final no quiso dejarme sola durante las dos horas que más o menos duraba la actividad.
Lo primero que hicimos es el recorrido por los 8 puentes colgantes, al principio con un poco de reparo por lo de mi vértigo, pero puedo aseguran que se hacen perfectamente y son seguros para cualquier persona.

Al no haber cogido guía pocas cosas vimos, pero aun así merece la pena. Unos conocidos lograron ver hasta un quetzal y nosotros habíamos pasado por ahí poco antes sin percatarnos ni siquiera.
No hay tiempo para realizar el recorrido pero por muy despacio que se vaya 3 km no dan para mucho, así que una vez fuera de los puentes nos dirigimos al jardín de colibríes porque las mariposas eran con hora.
En el jardín de colibríes estuvimos un ratito pero como en el hotel donde nos alojamos también se encontraban estas aves a montones y ya teníamos nuestras bonitas fotos nos fuimos pronto.
El jardín de mariposas tiene su horario porque se entra con guía. Se encuentra en un pabellón cerrado y el guía te explica curiosidades de las distintas especies de mariposas y posteriormente te dejan tiempo libre para pasear, observar y fotografiar las mariposas y plantas que se encuentran en este jardín.
Una vez finalizadas nuestras visitas solo nos quedaba el almuerzo y aunque era un poco pronto como ya estaba abierto el restaurante decidimos tomarlo y volver en el siguiente transporte, porque poco más podíamos hacer por allí, ya que tampoco había ningún camino de acceso libre para poder pasear.
Para la vuelta puedes elegir distintos horarios y decidir si te quedas en el pueblo o te llevan a tu hotel, en nuestro caso, dado que aún era pronto decidimos quedarnos en el pueblo de Santa Elena y dar un paseo por sus calles.

El pueblo no es demasiado grande y enseguida se puede ver todo lo que ofrece, así que una vez visto el curioso restaurante “Tree House” que se encuentra en la copa de un árbol y de compra en un supermercado algún alimento para la cena nos fuimos caminando hacia el hotel, esta vez sí, bajo una lluvia ligera que nos obligó, por fin, a sacar nuestros chubasqueros.
Una vez en el hotel a relajarnos tomándonos una cervecita mientras contemplábamos el revoloteo de los colibríes, a cenar en la habitación y a prepararnos para el día siguiente.