Hoy nos levantamos con la sensación triste porque nos vamos de esta increíble ciudad, como es Florencia, pero también nos vamos con la ilusión de conocer otro de los puntos fuertes del viaje, Venecia.
Nos tenemos que levantar más pronto de lo habitual ya que llegaremos a Venecia en tren. Para ello debemos tomar el tren de las 9:30 que sale de S. M de Novella y llega a S. Lucia a las 11:35.
Mirando el tiempo en el móvil, vemos que hoy indican lluvias en nuestro destino por lo que no sabemos cuanto podremos aprovechar el día. Llegamos sobre lo previsto, en la misma estación de tren compramos el ticket para tomar el vaporetto que nos dejará en nuestro hotel. Primera sorpresa, el billete de 75 min cuesta 7.50 €/pers. aquí ya nos empezábamos a dar cuenta de o cara que era esta ciudad.
Salimos de la estación y lo primero que nos encontramos es con el Gran Canal. Increíble ver esa autopista de agua llena de góndolas, vaporettos y otros barcos. Son casi las 12:00 y la ciudad está completamente despierta, ajetreada se podría decir. Tomamos nuestro vaporetto, el 1, que nos dejará en Gritti, desde allí solo tendríamos que andar unos metros y estaríamos en el hotel. El viaje, aunque es un poco más largo de lo esperado, se hace entretenido ya que obtenemos una primera visión de la ciudad, dicho vaporetto recorre todo el Gran Canal.
Nuestro hotel es el Ala Histroical Place of Italy, por fuera tiene apariencia de palacete veneciano y por dentro un poquito más moderno. Nos toca esperar hasta que nos dan la habitación, están saliendo muchos huéspedes y pronto nos dan la nuestra. La habitación un poco rara, la verdad, está en la tercer piso y el ascensor solo llega hasta la planta segunda. Nos toca subir una planta con las maletas a cuestas. El hotel nos decepcionó un poco ya que lo elegimos porque, si miras en su web, las habitaciones tienen apariencia de reformadas y estilo con un aire moderno; el caso es que nuestra habitación era todo lo contrario. Parecía el camarote de los hermanos Mars, y eso que nos costó un pico!
Dejamos los bártulos y nos vamos ansiosos de recorrer la ciudad, nuestra primera parada la Piazza de San Marcos, a solo cinco minutos del hotel. El entramado de callejuelas hace esta ciudad, un poco más especial si cabe. Allí se nos presenta el Campanille, la Basílica, el Palacio Ducal, y como no, la gente. Había turistas por todos los sitios, esta sería la tónica durante toda la estancia en la ciudad. Ahora entiendo porque los venecianos están un poco cansados del turista.
Desde allí, callejeando, llegamos hasta el Puente Rialto, icono y símbolo de la ciudad. La zona de Rialto fue una de las primeras zonas habitadas de la ciudad, primero zona bancaria y luego comercial. Allí nos encontramos con que estaban haciendo un spot publicitario así que “robé” alguna foto que otra.
El tiempo sigue dándonos un poco de tregua, aunque está bastante nublado. Es hora de comer, por lo que nos acercamos hasta Al Merca para disfrutar del tapeo de esta ciudad. Había leído en foros que era uno de los mejores sitios, pero la verdad es que lo vimos bastante normalito. Además, hubo un detalle que no nos gustó nada. Es un lugar muy, muy pequeño donde apenas puedes tomarte algo dentro del sitio, tienen habilitados unas mesas altas fuera para que te tomes la bebida. Bien, pues pedimos la bebida y unas tapas, y nada más de servirnos vemos que empiezan a recoger y a cerrar la cancela del bar, así que ahí nos quedamos comiendo y bebiendo como pavos para poder terminar cuanto antes. Nos pasó a nosotros y a otro grupo de extranjeros que había. Tan a tiempo, que se pone a llover, por lo que teníamos que ir aún con más prisa ya que no podíamos refugiarnos en el bar porque tenía la cancela cerrada…
Nos tomamos un Aperol Spritz y un vino blanco dulce, con cuatro mini pulgas de bacalao y jamón. Todo nos salió por 11€.
Corriendo fuimos a otro bar que había a la otra esquina de la placita, allí sí que había sitio para sentarse dentro del local. Nos tomamos dos vinos tintos y unas tapas, todo salió por 13€.
Hicimos tiempo hasta que dejó de llover, terminamos las tapas y nos marchamos. Seguimos callejeando hasta que encontramos el Teatro La Fenice, no nos apetecía entrar así que nos asomamos un poco al vestíbulo y nos fuimos.
Desde allí nos dirigimos hasta el Puente de los Suspiros. Lo llaman así porque ese es el puente por el que pasaban por última vez los prisioneros, antes de ser ejecutados.
Seguimos, perdiéndonos por sus calles, hasta llegar a la famosa librería Acqua Alta, uno de los lugares más curiosos en los que he estado. Su nombre viene porque, durante los meses de otoño e invierno cuando el agua sube de nivel, esta librería sufre pequeñas inundaciones debido a este fenómeno, ya que una de sus puertas da al canal.
Una vez realizada nuestra paradita cultural
Parecía que el tiempo estaba mejorando, y el atardecer hizo que las nubes se fueran disipando por lo que nos acercamos a la Piazza de San Marcos para hacer nuevas fotos con otra luz, mejor que la de esta mañana.
Después paramos a cenar en Santo Stefano, pero no nos gustó mucho. Cenamos una lasaña y pasta con chipirones, más bebida, todo fue 43€.
Decidimos ir, para despedir el día, a sacar alguna foto nocturna a la Piazza de San Marcos. Había mucha menos gente durante la noche y se podía andar sin problemas. Allí experimentamos un poco el fenómeno de acqua alta. Desde allí, nos fuimos al hotel para descansar, pero de camino además de cruzarnos con personas, también nos cruzamos con algún que otro bichito de cuatro patas, dos orejitas, bigotes y cola larga, y no eran gatossss….


































