Comenzamos el día visitando el templo Senso-ji, que nos quedaba muy cerca del hotel. Paseo tranquilo hasta allí, donde el volumen de gente se multiplicó. Visitamos las distintas partes del templo, la pagoda, el jardín, la puerta Kaminamiron, hasta terminar en la calle comercial con todos sus tiendas y especialmente en una papelería, a la derecha de la puerta, en la que compramos algunos grabados.

De ahí seguimos paseando por la zona hasta llegar al barrio especializado en cosas para la hostelería (que luego nos dimos cuenta que estaba justo detrás de nuestro hotel), llamándonos especialmente la atención las tiendas de comida de plástico.

De ahí fuimos al museo Edo Tokyo, muy recomendable, y aunque no te gusten los museos éste es diferente, con reproducciones completas de edificios, recreaciones de la vida tradicional japonesa, objetos curiosos,...

Eran casi las 16h, así que de camino a nuestro próximo objetivo, Akihabara, paramos en un pequeño bar de ramen en el que comimos estupendamente por muy poco dinero.

En Akihabara estuvimos un buen rato callejeando y fisgando en las múltiples tiendas de anime, electrónica,...

Finalmente fuimos a Roppongi. La idea era subir a la Mori Tower antes de que anocheciera, pero nos habíamos entretenido tanto en Akihabara que llegamos ya de noche, así que decidimos simplemente dar una vuelta por el barrio, del que me esperaba bastante más después de haber leído sobre los edificios tan modernos que albergaba, y llegar casi hasta la base de la Tokyo Sky Tower. Sí se veía gente muy arreglada y que era zona de discotecas y clubs. Quizá lo más sorprendente para nosotros fue ver el primer grupo de gente vestida de Mario kart recorriendo las calles en sus karts.
Cenamos en un sitio de ramen y gyozas donde nos encontramos con un español que viajaba solo y estuvimos un buen rato compartiendo las primeras experiencias sobre Japón.

Vuelta al hotel, que de nuevo se nos había hecho tarde...