Hoy tocaba de nuevo excursión, aprovechando el JR Pass, y el destino sería Himeji, que destaca por su castillo.
Nada más salir a la calle desde la estacion se ve ya el castillo, majestuoso, y hay unos 15 minutos andando por la calle principal (si llueve, que no fue nuestro caso, leímos que la práctica totalidad del recorrido se puede hacer de forma techada por el centro comercial que queda a la derecha).

El castillo es un conjunto de edificaciones que, como nos pasara en Kanazawa, es interesante pero por dentro está bastante vacío. Eso sí, por fuera es muy bonito. Recibe el sobrenombre del castillo de la garza blanca, al estar hecho de yeso blanco, y estar en una colina, con lo que domina sobre toda la zona.
Tras un buen rato recorriendo el recinto, con muuucho calor y bastante humedad, lo que por momentos hizo la visita algo pesada, visitamos los jardines Koko-en (merece la pena comprar la entrada combinada), bastante bonitos, y con un recorrido numerado que facilita la visita.

Finalmente, volvimos a la estación por la misma calle principal. Allí mismo compramos algo para ir comiendo en el tren, rumbo a Kyoto.
La siguiente parada fue Fushimi Inara, donde llegamos sobre las 15:30 y, quizá porque era sábado, estaba atestado de gente. Y unas cuantas chicas y mujeres con el kimono, que lo hacía bastante especial. Fuimos subiendo por la senda de los toriis, haciéndonos mil fotos, hasta llegar a la altura del mirador sobre Kyoto, desde donde volvimos por otro camino por el que se van recorriendo varios santuarios hasta llegar al punto de partida.


Tren de vuelta y paso por el hotel para darnos una ducha e ir hasta Pontocho, donde habíamos quedado para cenar con la pareja del monte Fuji. Y tuvimos mucha suerte, ya que justo cuando nos estaban diciendo que ellos habían visto una geisha el día anterior... aparece una de repente, y desapareció tan rápido que nos quedamos de piedra, no nos dio tiempo ni a hacer el amago de coger el móvil para hacer una foto. Sería la única que vimos en el viaje.
Tras dar una vuelta por la zona, hicimos cola para cenar un Okonomiyaki, el primero de nuestro viaje. Y es que hubo unos cuantos más.

Después fuimos a tomar una cerveza en un bar, y estábamos tan agusto que cuando quisimos volver al hotel el metro ya había cerrado, para los autobuses había que esperar un buen rato... así que cogimos un taxi: conductor con guantes blancos, ganchillo en los asientos, puerta automática,... Llegamos al hotel reventados, pero después de otro día genial.