Las cerves locales me han dado la noche. Eso junto con el gafe que tenemos con los neoprenos. Como los traíamos mojados los dejamos colgado fuera de la habitación para que se secaran... Sobre las 3 de la madrugada la cerve local me hizo levantarme, cuál fue mi sorpresa que estaba lloviendo!! Vamos no me fastidies. Ciudad del Cabo, famosa por la sequía, con carteles en el alojamiento de ahorro de agua y de que no tiremos de la cadena si es solo pis y duchas de 90 segundos... Y justo esta noche que tenemos los neoprenos fuera llueve. En uno de los neoprenos había un charco de agua hecho que con eso me da para dos duchas mínimo... A las 3 de la madrugada poniendo las cosas a cubierto. Entre eso y el festival que llevaba en la barriga la noche ha sido mala.
Finalmente nos hemos despertado a las 6. La idea hoy era ir la península del cabo pero con lo que llovía y las nubes hemos decidido cambiar de plan, ver pingüinos y recorrer la carretera del océano.
Hemos desayunado con vistas al mar y lloviendo, y sobre las 8 viendo que ya caía poco nos hemos puesto en marcha rumbo a ver pingüinos.
La colonia de pingüinos la tenemos a 10 minutos. Se accede por dos puertas, una que da a la playa y en la que andando te topas con algún pingüino y la otra puerta que lleva a las pasarelas sobre la colonia de pingüinos. Hemos ido primero a la playa. No había un alma y la hemos recorrido tranquilamente mientras nos encontrábamos con algún pingüino. Pasan bastante de ti pero si te arrimas mucho se mosquean, comienzan a girar la cabeza y ahí es cuando te juegas el picotazo. De la playa hemos pasado a las pasarelas. Desde las pasarelas se ve toda la colonia que convive junto con otra de cormoranes. Hay una zona de cría en la que los pingüinos van y vienen con ramitas para el nido mientras esquivan picotazos y luego toda la playa en la que están agrupados y van metiéndose al agua y saliendo. El sonido es curioso principalmente se oyen una especie de estornudo (que es lo que hacen para quitarse el salitre de las fosas nasales) y sobre todo el sonido de cuando se van de vareta, es un continuo. De vez en cuando esa melodía se rompe por un rebuzno de algún pingüino solitario que busca a su pareja. Hemos estado viendo a los pingüinos como dos horas. Primero en la pasarela de la zona de cría, de esta pasarela nos hemos ido tras la llegada de un grupo de chinos que han batido el récord de mala educación, que cosa más desagradable, gritando, fumando, llamando a los pingüinos... Tremendo lo de los chinos. La otra pasarela se sitúa sobre la playa y al estar más escondida la gente se la pasa de largo y se está perfecta. Yo me tiraría viendo a los pingüinos todo el día.



De los pingüinos hemos vuelto a la casa, una vez visto que no iba a llover más hemos colgado de nuevo todos los neoprenos para ver si por fin se secan. Después de esto hemos puesto rumbo a la carretera del océano. La carretera del océano bordea toda la costa dejando Table Mountain a la derecha. Los paisajes son muy chulos. Principalmente playas y acantilados. Los pueblos por los que pasas son principalmente afrikáners. Pasamos por Scarborough donde muchos afrikáners hacen surf. El pueblecito de Kommetjie y de ahí vamos a la carretera de Chapmans Peak. Esta carretera es muy escénica y tiene miradores cada poco. Aquí el hombre del alojamiento nos aconsejó que no anduviéramos solos por las playas ya que está cerca de una población grande, Noordhoek, y se han dado caso de asaltos a turistas con relativa frecuencia. Tampoco es mucho problema porque lo chulo es parar en el Mirador y poco hay que andar.



La carretera de Chapman termina con unas vistas espectaculares de Hout Bay. Al llegar a Hout Bay hemos comido en una especie de mejicano y hemos parado en un súper. El pueblo es nuevamente afrikáner a tope. De Hout Bay la carretera te lleva al plato fuerte. Camps Bay. Esta población es un mini Benidorm, lo bueno que tiene es una playa de arena blanca extensísima con unas vistas a las montañas muy chulas, se llama la playa de los 12 apóstoles que hace referencia a los 12 picos que se ven.
Andamos un rato por la playa y de ahí recorremos con el coche el paseo marítimo de Ciudad del Cabo. La verdad que se ve ambientillo pero la ciudad tampoco nos atrae mucho. De Ciudad del Cabo vamos hasta Bloubergrant. Aquí hay una playa larguísima cuyo atractivo es que se ve Table Mountain desde lejos. Para llegar ahí nos hemos comido un traficazo importante, al menos la playa merece la pena.



Sobre las 17 ponemos rumbo al alojamiento. Con el tráfico que hay tardamos casi una hora en llegar. Al llegar hemos pasado por St James que tiene una playa con unas casetas de colores chula y muchos gorrillas desagradables y antes de ir al alojamiento hemos vuelto a las pingüinos. A las 18:30 no quedaba casi nadie y había el triple de pingüinos que por la mañana. Eso junto con el toque del atardecer y la marea baja, estaba más bonito aun si cabe que esta mañana. La verdad que es más aconsejable verlo al atardecer.



A las 19:30 llegamos al alojamiento, los neoprenos están secos, hasta los escarpines. Por fin los podemos guardar y olvidarnos de la maldición. Dejamos la mochila y nos vamos de nuevo al bar de ayer. El Dixie de Glencairn. Esta vez pizza pero sin local beer.