Éste fue uno de esos días en los que el cansancio hizo mella y cambiamos totalmente el planning previsto. Teníamos hora reservada para visitar el Antilopee Canyon, uno de los puntos más interesantes a priori del viaje. La idea era ir a primera hora al mirador de la herradura (Horseshoe Bend) y después ir a la visita al cañón que teníamos reservada (pero no pagada) para luego coger el coche y visitar por la tarde Monument Valley para el que ya teníamos la entrada al parque nacional Navajo. Como estábamos perezosos y no nos apetecía ir todo el día corriendo, decidimos aparcar Antilopee Canyon para otra ocasión dado que por lo que habíamos leido era un lugar espectacular pero la experiencia quedaba empañada por la cantidad de turistas y las prisas que te dan para que hagas la visita lo más rápido posible. Como ya hemos dicho somos bastante anti-aglomeraciones, así que decidimos dejarlo para otra ocasión.
Por tanto cogimos el vehículo y llegamos al aparcamiento que hay justo a un sendero que te lleva al mirador de Horseshoe Bend. A pesar que era primera hora de la mañana ya había bastante gente en el aparcamiento y el calor empezaba a notarse. Cogimos agua porque ya lo sabíamos de antemano pero un montón de carteles te sugieren que lo hagas porque es un lugar francamente caluroso y en el que te deshidratas sin darte cuenta. El trayecto hasta el mirador transcurre con ligeras pendientes pero con un calor notable y una gran cantidad de gente que lo convierte en un paseo poco agradable. En unos 40-50 minutos, dependiendo del ritmo, se llega al mirador que ofrece unas vistas impresionantes del meandro que forma el río Colorado en un profundo cañón formado tras miles de años de erosión. Las fotos desmerecen el paisaje y francamente es una vista que se queda marcada en tu cerebro durante mucho tiempo. Tras muchas fotos y verlo desde diferentes puntos, volvimos hacía el parking comprobando como cada vez había más gente en dirección al mirador.
Otra vez a nuestro coche y, una vez descartado Antilopee Canyon, tomamos la dirección hacía Kayenta dónde teníamos nuestro nuevo alojamiento ubicado junto a Monument Valley en un trayecto de una hora y media aproximadamente. Llegamos al Hampton Inn Kayenta, un motel correctísimo junto a la carretera principal dónde descansamos un rato. Por la tarde a primera hora tomamos la dirección a Monument Valley dónde llegamos a los 25 minutos y nos encontramos con una larga cola de entrada al parque. Al principio pensamos que estaba el parque lleno y no dejaban acceder, pero al ir avanzando los coches nos dimos cuenta que el problema era que sólo había una taquilla dónde se pagaba la entrada al parque (sólo efectivo) y la persona que atendía era un indio que se había tomado demasiadas pipas de la paz o simplemente era lento de narices. Cada coche tardaba un minuto o dos en pagar, por lo que calculamos que con unos cuarenta coches delante la espera podía ser de una hora y eso que nosotros tan sólo debíamos enseñar el papel conforme estaba pre-pagada la entrada. Al poco rato apareció una india que entró en la segunda cabina con la intención de abrirla, lo cual nos colmo de esperanza. Pero resulta que la chica debía fumar lo mismo que su compañero, así que tardo quince minutos en abrir. Justo cuando nos quedaban media docena de coches abrió la segunda cabina y en cinco minutos conseguimos entrar en el parque tras casi 45 minutos de espera. Una vergüenza porque era un problema humano, no de saturación de visitantes porque apenas entraban 3 o 4 coches cada 5 minutos que eran menos de los que salían. Al parecer los indios actúan, también por lo que vimos dentro, como funcionarios que les da igual la cantidad de gente y trabajan a su ritmo.
Podréis entender que llegado a este punto estábamos un poco moscas, por lo que tras bajar del coche para ver el centro de visitantes y comprobar las vistas de los miradores cercanos, decidí que lo de hacer la ruta en coche por los caminos quedaba completamente descartada. No me apetecían dos o tres horas de conducción atenta por medio del polvo esquivando a los otros guiris. Además el día estaba medio gris por nubes altas y el paisaje de Monument Valley, a pesar de ser espectacular, no ofrecía su máximo esplendor como cuando hace un día soleado y claro. Así que estuvimos contemplando un buen rato el paisaje desde los miradores, haciendo fotos y conseguimos relajarnos y disfrutar de las vistas.
Regresamos hacía nuestro hotel no sin antes realizar al pasar junto a ellos unas miradas asesinas a los taquilleros del parque que seguían sin inmutarse con su ritmo desquiciantemente lento. Al llegar al hotel aprovechamos que tenía lavandería automática y aprovechamos para hacer colada. Compramos comida cerca del hotel y cenamos en la habitación.