Hoy era nuestro último día de viaje, dado que nuestro vuelo de vuelta salía a las 6:30 de la mañana siguiente. La idea era poder dar una vuelta por Los Angeles y hacer algunas compras. Nuestra intención era parar en los Citadel Outlets para acabar de hacer las últimas compras de ropa y después ir a Santa Monica, Venice, Muscle Beach, etc... Tomamos el coche y nos dirigimos a la ciudad de las estrellas pero rápidamente se nos ocurrió un nuevo "naming" para la ciudad: la ciudad de los atascos. Para hacer unas 80 millas tardamos casi dos horas y media... horroroso.
Los Citadel Outlets están francamente bién, buena variedad de marcas a precios bastante buenos (aunque sigo pensando que para comprar ropa siempre es mejor Nueva York ya que en la ciudad de los rascacielos la ropa no tiene impuestos y tiene una gran variedad de Outlets y tiendas). Compramos poco en varias tiendas, como no unas cuantas prendas Levi's y mi mujer encontró un vestido muy original y a muy buen precio en otra tienda. Con la cartera más vacia regresamos al coche y partimos en dirección a Santa Monica. De nuevo para hacer unas veinte millas tardamos casi dos horas y llegamos con la paciencia muy justa a una zona que estaba abarrotada de coches. Intenté acceder a la zona de parkings pero estaban a reventar y de pronto me di cuenta de que era domingo, era verano y probablemente todo Los Angeles había decidido ir a pasar el día al mismo sitio ya que es uno de los pocos lugares de la mega-urbe dónde se puede pasear. Al ver lo complicado que estaba todo decidimos irnos de allí antes de perecer engullidos por la muchedumbre y los miles de coches.
Como ya no teníamos ganas de más aglomeraciones, y visto que LA no es una ciudad nada amable para moverse por ella, decidimos acabar nuestro viaje aquí. Fuimos al hotel que estaba junto al aeropuerto y tras dejar a mi familía me dirigí a devolver el coche a un par de calles de distancia. Podría haberlo devuelto de madrugada, pero tampoco lo íbamos a usar más, nos ahorrábamos los caros parkings de la zona y además prefería dejar el trámite hecho y poder ir por la mañana directos al aeropuerto con el shuttle de cortesía del hotel.
Debo decir que la devolución del coche fue también muy eficiente. No me hicieron perder el tiempo y en menos de dos minutos estaba de vuelta hacía el hotel. Fui caminando porque era un paseo de diez minutos, pero debo decir que da impresión caminar por una ciudad en la que apenas hay peatones. Al llegar al hotel, el Hilton LAX, nos registramos y fuimos directamente a comer (casi merendar) a una hamburguesería de la cadena Carl's, que por cierto no está nada mal, junto al hotel. Después regresamos al hotel y mi mujer y mi hijo fueron a disfrutar de la piscina mientras yo descansaba del stress que me había provocado el tráfico de LA. Después recogimos todo y preparamos las maletas para tenerlo todo listo para el día siguiente. Para cenar regresamos a comer algo al Carl's y a dormir temprano que madrugábamos.
Por cierto, llegados a este punto del viaje teníamos un gran dilema moral. Resulta que como al ser tres personas podíamos llevar tres maletas de mano y tres facturadas, pero tan sólo teníamos dos para facturar. Por tanto podíamos llevar un tercer equipaje. Y eso fue lo que nos hizo empezar a mirar con cariño a nuestra preciosa nevera de plástico roja que nos había acompañado todo el viaje y de la cual no he hablado demasiado, pero fue el cuarto ocupante de nuestro coche y nos ofreció bebida fresca durante todo el viaje en coche. Obviamente a la que lo pensabas cinco minutos, facturar una nevera de plástico portátil de 10$ parecía una locura o una cosa "friki", pero por otro lado le cogimos tanto cariño como si fuera un animal de compañía. Por la noche decidimos que era una locura, que se perdería o llegaría rota y que la dejaríamos en el hotel para que alguien la pudiera aprovechar o para que la tiraran.
A la mañana siguiente justo antes de salir de la habitación, nos miramos los tres y sin casi palabras y obviando la decisión de la noche anterior, la nevera roja acabó en un shuttle que nos recogió poco antes de las 4:30 de la mañana y nos llevo en apenas 5 minutos a nuestra terminal. Facturamos el equipaje y nuestra nevera roja desapareció por la cinta de equipajes. Seguramente no la volveríamos a ver porque tenía pinta de perderse o de acabar destrozada, a pesar que era de plástico duro.
Nuestros vuelos Los Angeles - Atlanta y Atlanta - Barcelona fueron puntuales. Tan sólo un dolor de espalda insoportable me fastidió bastante el viaje de vuelta, pero al final a las 8:30h de la mañana siguiente aterrizamos en Barcelona tras una experiencia fantástica.
Como esperábamos, recogimos las maletas y la nevera no apareció por la cinta de equipajes. Estábamos cansados como para perder mucho tiempo intentando preguntar dónde podría estar (¿quizás algún operario en Atlanta decidió quedársela? ¿Fue aplastada por una maleta llena de compras de otro viajero?). Pero como por un impulso del destino decidimos intentar ver si podíamos recuperarla. Mi mujer empezó a hacer cola en equipajes perdidos (pensando cómo narices le explicaría que habíamos facturado una nevera sin carcajearse) y yo fui a las cintas de equipajes especiales, dónde salen las cosas voluminosas, pesadas o raras, pero no había nada. Fui a la otra cinta de equipajes especiales situada en el lado opuesto y tras cinco minutos de paseo nada. Regresé y como a mi mujer le quedaba poco para que la atendieran, decidimos esperar unos minutos y volví paseando a la primera cinta de equipajes especiales y... allí estaba. Perfecta y sin un rasguño. Me reuní con el resto de la familia y los cuatro: nosotros tres y nuestra nevera adoptada, nos fuimos para casa como en un final feliz de película.
Y hasta aquí el diario de viaje
, intentaré hacer un nuevo post con consejos y algunas cosas que pueden ser de interés si preparas el viaje.