Con la cabeza muy alta, decidimos dar la vuelta. Salimos temprano, a eso de las 8 de la mañana y nos reconciliamos, en parte, con el paisaje que tan infernal nos pareció en la tarde del día anterior. Además encontramos un camino alternativo por el que, en lugar de atravesar las aldeas, caminamos paralelos a un riachuelo. Atravesamos la aldea de Zhamusi, donde visitamos su iglesia y proseguimos el camino a través de extensas praderas. El calor empieza a apretar y a mitad de la subida, en una zona arbolada, hacemos una parada que atrae la atención de un rebaño de vacas que merodeaba por la zona, a una de las cuáles le llama poderosamente la atención nuestras botas de las que nos habíamos descalzado y no duda en saborearlas con un generoso lengüetazo.

Retomamos el camino y al coronar la subida nos detenemos de nuevo a contemplar la extraordinaria vista del valle. Llegamos a Mestia sobre las 14 de la tarde, exhaustos de nuevo por el calor de justicia, nos tomamos una cerveza con vistas al valle y nos dedicamos a buscar nuestro nuevo alojamiento, lo que nos costó como una hora, puesto que era de reciente apertura, no contaba con ningún cartel indicativo y ningún lugareño lo conocía, entre otras cosas por tener un nombre en inglés.
Nos alojamos las dos siguientes noches en el 4 seasons Mestia (33 euros la noche con desayuno , habitación doble con baño), está llevado por una pareja joven y está nuevo, limpio y perfectamente acondicionado, salvo la ausencia de cartel o indicaciones, se encuentra al final de la calle principal viniendo de Zugdidi, y girando a la izquierda por una empinada cuesta. El desayuno es, como de costumbre en Georgia, generoso y de calidad, acompañado por las diferentes visitas de familiares, amigos y conocidos de la familia, cada uno de distinto género y condicione y que convirtieron el desayuno en un curioso, aunque, ininteligible sainete en georgiano.

La tarde la pasamos tranquilamente paseando por los alrededores y el centro del pueblo, y acabamos cenando en el Café Laila, en la plaza principal, quizás el lugar más turístico. La comida es buena, los precios, aunque caros para la zona, son irrisorios comparados con los europeos y ofrece un espectáculo de música y baile regional durante la noche.