LUNES 16/09/2024
Nuestro vuelo de Vueling a Barcelona salió según la hora prevista, llegando puntual (9:00-10:45). Una vez en Barcelona tuvimos mucho tiempo de espera hasta el siguiente vuelo, pues no salía hasta las 17:15, aprovechando para hacerme trenzas en el pelo, ¡y conseguí acabarlas todas!
Comimos algo de tentempié que llevábamos y después, justo antes de embarcar, tomamos dos menús del Burger King (36€). El avión de Wizzair resultó ser bastante simple, sin pantallas en los asientos, por lo que dormimos un buen rato y luego me dediqué a leer. Llegamos sobre las 00:15 horas al aeropuerto de Kutaisi y nos pusimos en la cola para pasar el control policial. Tras un rato de cola nos pusieron el sello en el pasaporte y entramos para el aeropuerto, que por cierto estaba completamente adornado con banderas de la Unión Europea.
Un trabajador de Elene nos esperaba fuera, en el parking privado del aeropuerto, que fue al que le pagamos el dinero, sin obtener ningún recibo a cambio. Por cierto, las empresas de alquiler del aeropuerto estaban abiertas a esas horas así que creo que podríamos haber alquilado un coche al llegar y seguramente habríamos conseguido mejor precio.
Nuestros teléfonos móviles tenían cobertura (recibimos un mensaje diciendo que Georgia no estaba incluido en el Roaming, cobrando 15€/día) así que gracias a eso llegamos al hotel, que estaba a cinco minutos de coche del aeropuerto, pero el camino era muy oscuro (de hecho nos pasamos la entrada y tuvimos que dar la vuelta). Nos recibió Giorgi, el que nos había facilitado el teléfono del alquiler de coches, por lo que se lo agradecimos (a pesar de ser un negocio totalmente irregular, basado en la confianza y que no sabíamos cómo iba a salir...). En ese momento tuvimos que pagar la habitación y de entre todas las tarjetas que llevábamos en ese momento sólo nos funcionó la N26, aunque luego a lo largo del viaje iban funcionando o no intermitentemente (ING y Revolut), algo que no llegamos a entender.
La habitación era muy austera, en una segunda planta sin ascensor, con dos camas dobles y baño; había dos botellas de agua fría en la habitación, un par de botes de gel muy pequeños, un cuadro y nada más. Estaba muy limpia pero la verdad es que tenía bastante aire soviético, fue toda una experiencia... Nos duchamos y a dormir, sin cenar, pues el menú del Burger King nos había dejado bastante tupidos.
Nuestro vuelo de Vueling a Barcelona salió según la hora prevista, llegando puntual (9:00-10:45). Una vez en Barcelona tuvimos mucho tiempo de espera hasta el siguiente vuelo, pues no salía hasta las 17:15, aprovechando para hacerme trenzas en el pelo, ¡y conseguí acabarlas todas!
Comimos algo de tentempié que llevábamos y después, justo antes de embarcar, tomamos dos menús del Burger King (36€). El avión de Wizzair resultó ser bastante simple, sin pantallas en los asientos, por lo que dormimos un buen rato y luego me dediqué a leer. Llegamos sobre las 00:15 horas al aeropuerto de Kutaisi y nos pusimos en la cola para pasar el control policial. Tras un rato de cola nos pusieron el sello en el pasaporte y entramos para el aeropuerto, que por cierto estaba completamente adornado con banderas de la Unión Europea.
Un trabajador de Elene nos esperaba fuera, en el parking privado del aeropuerto, que fue al que le pagamos el dinero, sin obtener ningún recibo a cambio. Por cierto, las empresas de alquiler del aeropuerto estaban abiertas a esas horas así que creo que podríamos haber alquilado un coche al llegar y seguramente habríamos conseguido mejor precio.
Nuestros teléfonos móviles tenían cobertura (recibimos un mensaje diciendo que Georgia no estaba incluido en el Roaming, cobrando 15€/día) así que gracias a eso llegamos al hotel, que estaba a cinco minutos de coche del aeropuerto, pero el camino era muy oscuro (de hecho nos pasamos la entrada y tuvimos que dar la vuelta). Nos recibió Giorgi, el que nos había facilitado el teléfono del alquiler de coches, por lo que se lo agradecimos (a pesar de ser un negocio totalmente irregular, basado en la confianza y que no sabíamos cómo iba a salir...). En ese momento tuvimos que pagar la habitación y de entre todas las tarjetas que llevábamos en ese momento sólo nos funcionó la N26, aunque luego a lo largo del viaje iban funcionando o no intermitentemente (ING y Revolut), algo que no llegamos a entender.
La habitación era muy austera, en una segunda planta sin ascensor, con dos camas dobles y baño; había dos botellas de agua fría en la habitación, un par de botes de gel muy pequeños, un cuadro y nada más. Estaba muy limpia pero la verdad es que tenía bastante aire soviético, fue toda una experiencia... Nos duchamos y a dormir, sin cenar, pues el menú del Burger King nos había dejado bastante tupidos.