Consejos:
En Atenas, la mayoría de las ruinas clásicas son de pago.
Hay un tícket que por 30€ incluye las más importantes, entre ellas, el Acrópolis. Y tiene una duración de 5 días consecutivos.
Si teniendo en cuenta que la entrada al Acrópolis ya cuesta 20€, es posible que pienses que te sale a cuenta comprar el ticket conjunto.
La Biblioteca de Adriano cuesta 4€, el Ágora griega cuesta 8€, el Ágora romana cuesta 6€, al igual que el Templo de Zeus Olímpico, pero en realidad todo se ve bastante bien desde la calle.
Nosotros quizás sí que hubiéramos pagado por entrar en el Ágora griega, para acercarnos más a los templos, pero no siendo especialmente unos fervientes apasionados de la arquitectura clásica, nos contentamos con verlos desde la distancia.
Ah, los/as universitarios/as, al enseñar el carnet de estudiante, no pagan. Además algunos días al año es gratis, están en la web.
El griego es complicado de narices. Solo conseguimos decir Kaliméra (buenos días). Por suerte, la mayoría de indicaciones también están en inglés. Y todos los camareros y personal de los hoteles hablan inglés. De castellano, no mucho.
Jueves 6 de septiembre:
Llegamos a Atenas con el último vuelo de la noche, a la una de la madrugada, con retraso (típico de Vueling
Hay que comprar los tíquets en el quiosco que queda a la izquierda una vez se sale a la calle. La parada del bus está a la derecha.
Con una frecuencia de 20 minutos y por 6€ nos deja en el centro de Atenas, en Plaza Syntagma, pero el trayecto dura una hora y cuarto. Estamos cansados.
Con toda la estrategia del mundo, hemos reservado un hotel muy cerquita. Diez minutitos de caminar por una calle tranquila y bien iluminada, y llegamos al Cypria Hotel. Por 117€ la noche en habitación doble y desayuno incluído. Si los hoteles en Atenas nos parecieron caros, esperad a Mykonos.
Pero el hotel está bien. Un cuatro estrellas, muy céntrico, limpio y espacioso, con un desayuno completísimo y un trato sublime. A dormir.