Comenzaba nuestro último día en Jordania y nos lo íbamos a tomar con tranquilidad. Queríamos aprovechar nuestras últimas horas en el hotel de Aqaba y como nuestro vuelo salía a las 2:00 de la mañana ir subiendo con calma visitando cosas ya que teníamos bastante tiempo.

De esta forma desayunamos con parsimonia en el hotel y nos fuimos a disfrutar un poco de la piscina y de las últimas vistas del Mar Rojo. El hotel en este sentido está muy bien ya que tiene salida directa al mar a una especie de bahía. Justo enfrente están construyendo otro gran hotel de luja y por la zona se ven varios más, se nota que el turismo está repuntando en los últimos años en Aqaba y tienen que adaptar las infraestructuras.

Antes de comer salimos a ver un poco la ciudad. Era sábado y las calle estaban muy bulliciosas, con mucha gente en la calle y en los mercados. No nos llamó mucha la atención y corroboramos las sensaciones del día anterior sobre ésta, es una ciudad ligada al Mar Rojo y su secreto está precisamente bajo el agua, aunque es cierto que está muy bien montada para el turismo, aunque tiene poco que ofrecer al viajero en cuanto a monumentos.
Uno de los atractivos es el fuerte de Aqaba, un castillo Mameluco del siglo XVI que había sido anteriormente una fortaleza cruzada. Fue un escenario importante durante la Revuelta Árabe, cuando en el año 1916 fue tomada por los árabes entre los que se encontraba Lawrence de Arabia. Lamentablemente para nosotros, la fortaleza se encuentra en obras de restauración y no se puede acceder a ella y prácticamente no se distingue nada desde la calle.
Uno de los atractivos es el fuerte de Aqaba, un castillo Mameluco del siglo XVI que había sido anteriormente una fortaleza cruzada. Fue un escenario importante durante la Revuelta Árabe, cuando en el año 1916 fue tomada por los árabes entre los que se encontraba Lawrence de Arabia. Lamentablemente para nosotros, la fortaleza se encuentra en obras de restauración y no se puede acceder a ella y prácticamente no se distingue nada desde la calle.

Fortaleza de Aqaba
Junto a la fortaleza está el gran mástil con la bandera de la Revuelta Árabe. Es el quinto mástil más grande del mundo con una altura de 130 metros y una bandera de 60 metros de longitud y 30 metros de altura. Gracias a sus dimensiones, la bandera puede ser vista desde Israel, Egipto y Arabia Saudí. Desafortunadamente y siguiendo con la suerte que estábamos teniendo, justo estaban cambiando la bandera, así que pudimos ver el mástil desnudo.
La principal mezquita de Aqaba, Sharif Hussein Bin Ali, destaca por su reluciente color blanco. Fue nombrada de esta forma en honor al Emir de la Meca Hussein Bin Ali, precursor de la Revuelta Árabe
La principal mezquita de Aqaba, Sharif Hussein Bin Ali, destaca por su reluciente color blanco. Fue nombrada de esta forma en honor al Emir de la Meca Hussein Bin Ali, precursor de la Revuelta Árabe

Mezquita Sharif Hussein Bin Ali
Deambulamos por las calles circundantes de la mezquita donde se encuentran algunos de los zocos con multitud de tiendas. La ciudad estaba abarrotada y sinceramente no supimos sacarle el jugo así que rápidamente nos pusimos en marcha con dirección al Mar Muerto, con una parada intermedia en el Castillo de Shawbak.



Importante que si hacéis esta ruta desde Aqaba llenéis el depósito en la misma ciudad ya que vais a atravesar zonas de la Carretera del Rey en la que no vais a encontrar muchas gasolineras. Es una ruta además de muchos cambios de altura ya que se empieza a nivel del mar pero inmediatamente al salir de Aqaba se empieza a subir a través de la Carretera del Desierto hasta más de los 1.500 metros y cuando llegamos al Mar Muerto estuvimos a casi -400 metros respecto al nivel del mar.
Abandonamos rápidamente la Carretera del Desierto, sin mucho interés aunque mucha más rápida que el resto de carreteras, para volver a tomar la Carretera del Rey (35). Una carretera más entretenida y con mejoras vistas que la "gran autopista" jordana.
Abandonamos rápidamente la Carretera del Desierto, sin mucho interés aunque mucha más rápida que el resto de carreteras, para volver a tomar la Carretera del Rey (35). Una carretera más entretenida y con mejoras vistas que la "gran autopista" jordana.


Carretera del Rey
La primera parada de la ruta fue en el Castillo de Shawbak a unos 25 kilómetros pasado Wadi Musa. Este castillo cruzado está en perores condiciones que el castillo de Karak, aún así sus ruinas ofrecen bonitas postales desde los miradores frontales. Esta fortaleza se construyó ene l año 1115 d.c. y resistió año y medio el asedio de las tropas de Saladino. Esta resistencia fue posible gracias a un pasadizo secreto con más de 300 escalones que conecta el castillo con un pozo de agua en al fortaleza de la montaña. Nosotros nos limitamos a contemplarlo desde lejos y no accedimos a su interior.


Castillo de Shawbak
Junto al castillo de Shawbak en la carretera que conduce a este, una curiosidad, el "hotel más pequeño del mundo" que lo tienen montado en un antiguo Volkswagen Beetle. El precio por pasar una noche en este coche son 40 dinares y aunque el titulo del hotel más pequeño del mundo lo tiene un establecimiento de Alemania, debe ser toda una experiencia y el entorno, insuperable.

Pequeño hotel con vistas
Antes de llegar al Mar Muerto se deja a un lado la Reserva de la biosfera de Dana. Cada vez más viajeros incluyen este punto de Jordania en sus viajes, así como la realización de alguna ruta de trekking. Nosotros por días teníamso imposible incluirla aunque las vistas que pudimos disfrutar desde la carretera son magníficas y de volver nos plantearemos muy seriamente incluirla en nuestro itinerario.

Reserva de Dana
En la localidad de At-Tafilah abandonamos la Carretera del Rey para tomar la Carretera del Mar Muerto (65). Nuestra intención era recorrer la carretera y parar en algún punto pintoresco para disfrutar de un nuevo atardecer en este lugar tan especial.
La primera parte de esta carretera está repleta de fábricas que extraen sal y la potasa utilizada posteriormente en la fabricación de fertilizantes.
La primera parte de esta carretera está repleta de fábricas que extraen sal y la potasa utilizada posteriormente en la fabricación de fertilizantes.



Carretera del Mar Muerto
Recorriendo la carretera nos encontramos con un punto curioso, una formación que rocosa que se atribuye a la esposa de Lot, sobrino de Abraham, Edith. Según se relata en la Biblia Lot junto con su mujer y sus dos hijas vivían en la ciudad de Sodoma, famosa junto a Gomorra por ser dos ciudades pecaminosas.
Dios envió a dos ángeles para avisar a Lot de que escapase junto a su familia de la ciudad ya que iba a ser destruida. Los ángeles avisaron a Lot para que en ningún momento volviese la vista atrás. Esta orden no fue obedecida por la esposa de Lot que se convirtió en un pilar de sal al instante. Este pilar es el que se supone que podemos ver desde la carretera del Mar Muerto. No os será difícil de ubicar ya que siempre hay algún coche parado.
Dios envió a dos ángeles para avisar a Lot de que escapase junto a su familia de la ciudad ya que iba a ser destruida. Los ángeles avisaron a Lot para que en ningún momento volviese la vista atrás. Esta orden no fue obedecida por la esposa de Lot que se convirtió en un pilar de sal al instante. Este pilar es el que se supone que podemos ver desde la carretera del Mar Muerto. No os será difícil de ubicar ya que siempre hay algún coche parado.

Estatua de Sal de Edith
Como ya estaba cayendo el sol decidimos buscar un buen punto panorámico y disfrutar de nuestras últimas horas de sol en el Mar Muerto y en Jordania.



No teníamos mucho más tiempo así que decidimos ir a cenar a Madaba, al restaurante Haret Jdoudna. Tuvimos suerte porque encontramos nada más llegar un sitio en el patio que tienen. El restaurante se ha hecho famoso en Madaba y está repleto de turistas, aunque merece la pena ya os alojéis en Madaba o estéis de paso. Probamos el hummus y el sawami, carne cocinada en su horno de leña, y todo estaba muy bueno.


Haret Jdoudna
Desde Madaba hasta el aeropuerto de la Reina Alia hay apenas 30 minutos que lo hicimos sin ningún problema. Lo que vino después fue nuestra pequeña odisea del viaje. El vuelo de Turkish salió de Ammán con casi 3 horas de retraso lo que provocó que perdiésemos el avión en el enorme aeropuerto de Istambul. Nos dio mucha rabia porque nos pegamos una carrera importante en este nuevo aeropuerto, pero cuando llegamos la puerta estaba cerrada, no había nadie del personal, pero nuestro avión seguía ahí. En fin, lo bueno es que nos ubicaron en el siguiente vuelo un par de horas más tarde y el trastorno fue menor.