El primer día fue el día más intenso.
Fuimos a Madrid en coche teniéndonos que levantar muy pronto para llegar con un mínimo de 4 horas de antelación a la hora de salida del avión, para no arriesgar a que pasase algo por el camino y perdiésemos el vuelo.
Llegamos al aeropuerto de Madrid, aparcamos en el parking y fuimos a facturar.
El vuelo salió con casi una hora de retraso y las niñas ya estaban cansadas.
Dentro del avión, pese a estar cansadas, se portaron muy bien.
Eso sí, tantas horas de vuelo se les hicieron pesadas.
Aterrizamos en Cancún y con la suerte que nos caracteriza, nos tocó la lucecita roja y nos tuvieron que registrar las maletas.
Aparte de esto y para dejarnos ya totalmente intranquilos, una agente mexicana con un perro, se acercó a nosotros y el perro se volvió loco olisqueándome y sentándose como marcando que había encontrado algo.
Menos mal que la agente ya imaginaba lo que yo estaba pensando y rápidamente aclaró que ese perro detectaba alimentos, preguntándonos si teníamos algo de comida que no habíamos declarado. Abrí la bolsa que tenía en la mano y me di cuenta que se trataba de un blíster de jamón abierto, de lo que nos había sobrado en el avión y que por descuido no había tirado. La agente fue muy amable y simplemente nos acompaño hasta una papelera para tirarlo.
Después fuimos hasta el lugar donde nos esperaban para ubicarnos en los autobuses y distribuirnos por los diferentes hoteles.
Ya era de noche y de camino hasta el hotel mis hijas y yo caímos rendidos y acabamos durmiendo. Menos mal que mi mujer estaba despierta, si no aún estamos en el autobús.
Bajamos y entramos a la recepción del hotel ("Riu Playacar"). Esta vez habíamos elegido Playa del Carmen.
Hicimos el check inn y nos fuimos a la habitación.
El hotel no era como el de la primera vez que fuimos a Riviera Maya ("Grand Bahía Principe"), era un complejo menos grande. Al principio nos quedamos un poco despagados en la comparativa, pero después el hotel nos sorprendió para bien.
Estábamos reventados asique nos dormimos enseguida para disfrutar del día siguiente.
Fuimos a Madrid en coche teniéndonos que levantar muy pronto para llegar con un mínimo de 4 horas de antelación a la hora de salida del avión, para no arriesgar a que pasase algo por el camino y perdiésemos el vuelo.
Llegamos al aeropuerto de Madrid, aparcamos en el parking y fuimos a facturar.
El vuelo salió con casi una hora de retraso y las niñas ya estaban cansadas.
Dentro del avión, pese a estar cansadas, se portaron muy bien.
Eso sí, tantas horas de vuelo se les hicieron pesadas.
Aterrizamos en Cancún y con la suerte que nos caracteriza, nos tocó la lucecita roja y nos tuvieron que registrar las maletas.
Aparte de esto y para dejarnos ya totalmente intranquilos, una agente mexicana con un perro, se acercó a nosotros y el perro se volvió loco olisqueándome y sentándose como marcando que había encontrado algo.
Menos mal que la agente ya imaginaba lo que yo estaba pensando y rápidamente aclaró que ese perro detectaba alimentos, preguntándonos si teníamos algo de comida que no habíamos declarado. Abrí la bolsa que tenía en la mano y me di cuenta que se trataba de un blíster de jamón abierto, de lo que nos había sobrado en el avión y que por descuido no había tirado. La agente fue muy amable y simplemente nos acompaño hasta una papelera para tirarlo.
Después fuimos hasta el lugar donde nos esperaban para ubicarnos en los autobuses y distribuirnos por los diferentes hoteles.
Ya era de noche y de camino hasta el hotel mis hijas y yo caímos rendidos y acabamos durmiendo. Menos mal que mi mujer estaba despierta, si no aún estamos en el autobús.
Bajamos y entramos a la recepción del hotel ("Riu Playacar"). Esta vez habíamos elegido Playa del Carmen.
Hicimos el check inn y nos fuimos a la habitación.
El hotel no era como el de la primera vez que fuimos a Riviera Maya ("Grand Bahía Principe"), era un complejo menos grande. Al principio nos quedamos un poco despagados en la comparativa, pero después el hotel nos sorprendió para bien.
Estábamos reventados asique nos dormimos enseguida para disfrutar del día siguiente.
