Por la mañana nos despiertan a las 6.00, y a las 7.00 ya estamos saliendo del barco donde nos encontramos con montón de coches de caballo que se dedican a trasladar a los turistas hasta el templo (incluido en el programa). El guía nos ofrece como alternativa ir en una furgoneta y a todos nos parece bien.
El Templo de Edfú es el que está mejor conservado (de los que hemos visto). Este templo está dedicado a Horus, el dios halcón. El motivo por el que se encuentra en mejor estado que el resto de templos, es porque otros templos han sufrido algún terremoto y que se encuentran junto al Nilo, y cuando llegaban las crecidas del río, el agua los iba deteriorando.
La fachada está revestida y sus relieves en perfecto estado.

Tanto en la puerta de acceso al templo, como en su patio interior se conservan estatuas de Horus.

En el patio se pueden apreciar que las columnas cambian de estilo, siendo en este templo grecorromana. Además tiene techo que está ennegrecido, lo que interpretan como lugar en el que se llegó a vivir y en el que se encendían fuegos.


Las paredes laterales están llenas de escenas grabadas perfectamente conservadas.

Y en uno de los pasillos laterales vemos un nilometro, que es un pasadizo subterráneo que comunica el templo con El Nilo, y se usaba para ver el nivel de las crecidas del río.
Dentro de nuestro grupo llevamos a Loli, la abuela de una gran familia, que es profesora de Historia y una gran conocedora de Egipto, de la que también aprendemos muchas cosas, como que el Nilometro también servía para saber cómo iban a ser las cosechas del año y así poder cobrar más o menos impuestos.
En el santo santuario se conserva una barca sagrada.
