Durante la noche llovió y al levantarnos estaba todo mojado (5,15 hs).
A las 6 llegó el taxi y minutos después Jairo para recibir la casa. Pagamos ($ 25) y salimos hacia el aeropuerto.
Hicimos todos los trámites sin problemas hasta el escáner donde una vez más me pidieron que les muestre la faja de mi cintura y de paso hacían una “revisación privada”. Deben realizar una revisación detallada de algunas personas y al tener que llevarme a una oficina para sacarme la faja aprovechan y hacen las dos cosas. Deben tener un testigo (compañero de trabajo) y abren todo incluso hasta pasaron un papel por la superficie de la mochila y la introducen en una máquina que detecta si estuvo en contacto con estupefacientes o derivados.
Todo esto fue lo que me contaron los oficiales que controlaban. Fue divertido cuando uno de ellos preguntó que era las hojas que llevaba en una bolsa y cuando le respondí “Guayusa” el otro me preguntaba a qué parte de la selva habíamos ido, que había vivido allí algunos años, etc. etc. Fueron casi 20 minutos en los que Sandra había empezado a preocuparse.
Salimos en horario en un Boeing 767 muy cómodo con despegue muy suave. Nos ofrecieron bebidas y un muffin (minitorta o similar). Llegamos a Lima y en poco tiempo embarcamos en un Airbus 320 rumbo a Ezeiza.

Vuelo tranquilo tratando de reconocer lugares y geografías ya que estaba despejado al cruzar la Cordillera de los Andes; disfrutamos de lindos paisajes y hasta ubicamos las Salinas grandes de Córdoba y a lo lejos Rosario y el río Paraná que nos acompañó gran parte del viaje a la distancia.

Llegada en horario y fin de un nuevo privilegio: Haber estado en los lugares que dieron lugar a una de las más importantes leyes de la biología, La Selección Natural de las Especies.

