El amanecer nos lo tomamos con calma. Una ducha de agua helada para variar (que agusto me iba a dar una ducha de una hora con agua hirviendo cuando llegase a casa) y salimos a desayunar al Katmandu que ese día sí que estaba abierto. El desayuno de los campeones; pancake de nutella y un black tea. Volvimos al hotel para terminar de hacer las maletas y organizarlo todo porque a la noche tocaba el viaje de vuelta a casa. Dejamos las maletas en la recepción del hotel y salimos con intención de ir a ver el Templo de Loto. Fuimos en metro (la verdad que es muy fácil utilizar el metro en Delhi). En las maquinas seleccionamos el destino pagamos 80 rps los dos. Teníamos que ir por la línea amarilla y a mitad de camino cambiar a la morada.
Llegamos y vimos que había una cola de la leche, dudamos si entrar o no, pero al ver que iba bastante rápido decidimos entrar. El edificio en sí era bonito, pero la visita no nos gustó nada. Te guían en camino como ovejas en fila india, y todos pegados, rozando la mochila, porque los indios eso de lo espacio vital no lo tienen en el diccionario.

Hicimos el recorrido de rigor y vimos que después había una zona abierta para pasar a la zona trasera. Ahí sí que pudimos sacar fotos mejores y sin gente. Teníamos alguna zona más apuntada para ver en Delhi, pero decidimos volver a la zona del hotel para pasar la tarde tranquilos. Cogimos el metro hasta Chandi Chowk (80 rps), queríamos callejear por el mercadillo y volver andando hasta Pharagah.
El callejeo por Chandi Chowk fue toda una odisea, muchísima gente por todos los lados, la gente empujando para pasar por los callejones, no sé si fue porque era sábado o porque eso es siempre así. No encontramos nada decente, la mayoría de las tiendas están pensadas para los locales, saris, telas, joyas, electrónica… están organizados los gremios por calles. Bueno la verdad que tampoco nos paramos a mirar mucho, con la cantidad de gente que había empujando, los rickshaw pasando por estrechas callejuelas y las motos tocando la bocina, se te quitaban las ganas de mirar pingos.

Callejeando llegamos al barrio musulmán de Delhi, la verdad que nos sorprendió lo grande que era. Recorrimos varias calles, saludamos a gente y continuamos con el paseo hasta llegar a la estación New Delhi. Al final el paseo resultó más largo de lo esperado.
Eran las sobre las 16 cuando llegamos a Main Bazar y la tarde la dedicamos a compras. Una falda, un bolso y un libro para mí. Unas gafas de sol y arreglar unos pantalones para D y piedra de alumbre para los dos. Menuda diferencia de precio con respecto a España, 100gr 50 rps. Cogimos una piedra de 200 gr que nos la partieron en tres cachitos.

Esa noche teníamos pensado cenar en el restaurante Khatmandu pero en el desayuno leímos un cartel que nos hizo cambiar de opinión rápidamente “alcoholic drinks are not allowed”. Así que volvimos a Krishna Restaurant a tomarnos una cervecita y hacer repaso de todo el viaje. Cenamos allí mismo con otra cerveza y con un pancake de nutella de postre y todo. Algo pasadas las 22 cogimos las maletas al hotel y nos dirigimos al aeropuerto. Cogimos el tren en la estación de metro de New Delhi, 60 rps por persona en el airport express (está muy bien indicado).

Importante hacer el check-in antes de llegar al aeropuerto o llevar al menos el correo de los vuelos, por motivos de seguridad no dejan entrar al aeropuerto sin un tarjeta de embarque, aunque se un pantallazo en el móvil.
La espera hasta coger el avión se nos hizo eterna, un vuelo a las 2 de la madrugada pasa factura. Aunque lo bueno fue que antes de despegar ya estábamos dormidos.