Por fin llegó el gran día, después de meses de estudio, además, con resultados satisfactorios, ha llegado la hora de las vacaciones y no podemos estar más ilusionados, ha pasado más de un año desde el último viaje largo y ya hay mono de aventura. Llegamos a Madrid a mediodía, y después de pasar la tarde con la familia nos acercan al aeropuerto por la noche.

Estamos bastante emocionados por viajar en nuestro primer Airbus 380 de Emirates, y la verdad es que no nos decepciona, las escaleras al segundo piso casi parecen de un hotel, el espacio para las piernas es el más grande que hemos visto… y en entretenimiento ya es harina de otro costal, pantallas HD, las últimas novedades… Que duro va a ser volver a las compañías occidentales jeje.

El vuelo es bastante placentero y después de una peli y unas horas de sueño enseguida estamos en Dubai, nos damos una vuelta por la terminal flipando con las tiendas y los precios del café… Nos tomamos uno en Mcdonald’s, que es lo más barato que encontramos, para hacer la espera más corta.
Llega el segundo vuelo, que también se pasa muy rápido y seguimos con la amplia oferta en novedades. Respecto a la comida, quizá no está tan a la altura como el resto, pero es comida de avión así que no se puede pedir mucho, nos pareció curioso que ya teníamos en los asientos el menú que se iba a servir.


Llegamos a Kuala Lumpur a las 21 de la noche, y lo primero es conseguir un taxi al hotel y una tarjeta SIM.
Según sales de la cinta de equipaje, hay un puesto para coger un ticket para el taxi, hemos leído que está bien de precio así que decidimos no complicarnos y así pagamos con tarjeta, la carrera a nuestro hotel en el centro nos cuesta 18€.
Lo siguiente es coger una tarjeta SIM, y como vamos a salir del país al día siguiente para luego volver, después de muchas vueltas con la dependienta (nos costó un montón comunicarnos, no como en Tailandia que todo era muy sencillo), acabamos cogiendo una SIM con datos ilimitados para 24 horas que luego al volver a Malasia podríamos recargar.
Al estar en dos países, nos planteamos coger la famosa tarjeta Holafly, que nos valdría para los dos y así tampoco teníamos que buscarnos la vida allí, pero nos parecía demasiado caro, unos 30 euros con 4 gigas… Sin duda puede ser una opción cómoda, pero os diré que en Singapur hay bastante Wifi libre, y que al final la tarjeta y la recarga para estar en Malasia no llegó a 7 euros y tuvimos datos ilimitados todos los días.
El cambio del aeropuerto no era bueno, y en ese momento ya estábamos deseando llegar porque era bastante tarde, así que tampoco buscamos cajero, nos fuimos a la cola del taxi, y después de un rifi rafe con el taxista, en la taquilla nos pusieron mal la dirección (yo se la enseñé en el móvil) y nos echó la culpa a nosotros… por fin estamos de camino.
El taxista no puede llegar a la puerta del hotel ya que la calle está cerrada, y nos deja en una esquina cercana y alucinamos, porque, aunque es verdad que ya son las 11 de la noche, no hay apenas un alma en la calle, y eso que cogimos este hotel porque al ser una avenida grande pensamos que tendría movimiento, lo bueno es que, al contrario que en Tailandia, el calor es muy soportable y no hay ni rastro de aquella bofetada asiática que nos hacía sudar según poníamos un pie en la calle.
Subimos al hotel, y como os conté en la introducción, se nos cae el alma a los pies, quizá sea un poco exagerado, pero de un hotel con notazas no te esperas que la limpieza esté tan ausente. Eso si, tiene una terraza en la parte superior con unas vistas bonitas de la mezquita.

Decidimos ir a por algo de cenar al 7 eleven, pensando, que podríamos pagar con tarjeta sin problema, y pese a tener un datáfono al lado, el chico dice que nanay. Caminamos un poco y lo intentamos en otro con el mismo resultado… No tenemos más opciones porque está todo cerrado, y como ya estamos muy cansados nos vamos a la cama sin cenar. La llegada a Kuala no ha sido buena y nos vamos a dormir con una sensación agridulce, esperemos que mañana mejore la cosa…
5*