Es nuestro segundo día con nuestro Fiat Panda y nuestro destino son los paisajes de Crete Senesi. Esta zona se caracteriza por una serie de colinas y bosques entre pueblos. Crete Senesi significa literalmente “arcillas sienesas”. Solo el cultivo de los cereales, de forraje y de girasoles es posible en esta zona, de aquí la escasez de vid y olivos.
¡Da gusto disfrutar de este paisaje! Nos vamos parando a cada rincón que nos permite la carretera.





Nuestro primer destino es la Abbazia di Monte Oliveto Maggiore. Cipreses y bosques de robles enmarcan este conjunto de edificios donde domina el color rojizo. El primer santuario fue fundado en 1313 por un aristócrata sienés, Bernardo Tolomei, que abandonó la vida mundana tras quedarse ciego y tener visiones de la virgen. En 1344, el papa clemente VI reconoció a los monjes como olivetanos o benedictinos blancos, una orden que propugnaba la vuelta al estilo de vida sencillo de los primeros benedictinos. Pero está claro que ese estilo de vida no implicaba un edificio sencillo.
Lo más destacado es el Chiostro Grande, en cuyas paredes hay un conjunto de frescos sobre la vida de san Benito, obra de Luca Signorelli y de Giovanni Antonio Bazzi, llamado Sodoma. San Benito era un monje de Umbría del siglo V, fundador del monacato occidental, cuyos monjes fueron quienes preservaron la cultura del continente de las Edades Oscuras. Para leerlos hay que empezar por la pared este, a la derecha de una puerta que lleva a la iglesia de la abadía, que, por otra parte, no merece la pena.




Volvemos a ponernos en ruta. El paisaje desde la Abbazia di Monte Oliveto Maggiore hasta Montalcino y la Abbazia di Sant’Antimo hace que nos paremos a cada momento, porque claro, el conductor también tiene derecho a disfrutar del paisaje con tranquilidad (bueno, eso es lo que opina mi marido).



Y llegamos a la Abbazia di Sant’Antimo, que es la abadía medieval más hermosa de Toscana. Está muy cerca de Montalcino, rodeada de campo. Hay una zona delimitada para el aparcamiento (43°00'02.4"N 11°31'02.4"E).

Al parecer esta Abadía fue fundada por Carlomagno antes de ser coronado emperador del Sacro Imperio romano-germánico. De hecho, hay testimonios de la existencia de la abadía en 814, cuando Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, la enriqueció con tierras. En los siglos posteriores se convirtió en la segunda abadía más rica de Toscana, gracias a estar situada cerca de varias rutas comerciales. Con el tiempo, los fondos de Sant’Antimo empezaron a menguar hasta llegar a su estado actual.
Todo el conjunto es precioso: desde las colinas y los cipreses hasta el gran árbol que se alza junto al campanario de la iglesia. Estamos dando vueltas, disfrutando de los campos, haciendo fotos por doquier. Esta abadía es fotogénica desde cualquier ángulo.
Nos entretenemos por los alrededores. Un colegio está visitando el lugar y tienen el interior ocupado, pero esperamos. No importa.



Partimos hacia Montalcino que está a unos 10 km. Aparcamos justo enfrente de la Rocca o Fortezza (43°03'23.7"N 11°29'23.6"E), un castillo del siglo XIV. Vale la pena visitarlo, porque si os pensáis que visitareis un castillo al uso, estáis muy equivocados: en la planta de abajo de la fortaleza, hay un local llamado "Enoteca La Fortezza" en el que se pueden degustar y comprar los vinos de la zona. Y es que aquí se elabora uno de los mejores tintos de Italia, el Brunello, y también el Rosso di Montalcino (los mejores precios, en la cooperativa, por eso). Pero lo mejor es subir a lo alto y disfrutar desde las almenas de las vistas del pueblo.



Aunque Montalcino es de origen etrusco y romano, conserva el trazado del siglo XII. En la Edad Media fue pasando de mano en mano hasta que en el siglo XVI fue conquistada por el ejército del Emperador Carlos I de España y V de Alemania. Al parecer, la resistencia que opusieron los sieneses, que por aquellos entonces dominaban la ciudad, fue similar a la de nuestra Numancia a los romanos.
Debido a la hora que es está todo cerrado. Tampoco es que tuviésemos un especial interés en visitar ni la catedral, ni el museo diocesano, ni... Lo mejor es dedicarse a pasear por sus calles, que tienen “sabor medieval”.


Y nos vamos. Dejamos Montalcino sobre su colina. Dejamos atrás los campos de la Toscana para volver a Siena. Descartamos, con dolor en el corazón, la visita de Bagni San Filippo, porque tenemos que devolver el coche.
Pero antes de regresar, volvemos a disfrutar de la capella della Madonna di Vitaleta y esta vez sin gente. Y como la verja está abierta, nos adentramos un poco por el sendero. ¡Es tan bonita!

necesitas parar, también tienen muchas curvas.
Imperdibles :
San Gimignano, Volterra, Bagno Vignoni, Pienza , Bagni San Filippo, también una vuelta por el Chianti .
Dale un vistazo, hay mucho más pero estos destinos bastarían para...