Dia 12. Gijon- El Capricho de Gaudí en Comillas- (131 km)- Santoña (90 km) - Sos del Rey Católico ( 283 km).
Desayuno en Johy, check out y carretera.
Vamos directos a [b]Comillas, en Cantabria donde tenemos reserva para visitar El Capricho de Gaudí, que nos hace especial ilusión. Llegamos con mucha antelación, pero es mejor porque en Comillas el tema del parking es un problema. Hay parkings públicos, pero ese día hay mercado y nos cuesta encontrar un sitio. Además, justo delante del Capricho hay una zona a priori reservada para aparcar solo los residentes, asi que la dejamos libres. Y perplejos, mientras nos tomamos un café en la cafetería FuenteReal que está al lado, pared con pared de la entrada al Capricho, vemos que un espavilado, turista como nosotros, aparca allí. Y se queda tan pancho. A pie de monumento. Ole tu..

Tenemos la entrada online (7 EUR) y la visita reservada pero al menos ese día, no había problema para comprar entradas last minute y añadirse a una visita con poco tiempo de espera.

Si puedes, merece la pena la visita guiada porque la guía te enseña algunos secretos de esos tan típicos de Gaudí, como la melodía musical que hacen las ventanas y algunas cosas más, que no te digo por si la visitas alguna vez. Absolutamente recomendable. Una vez terminada la visita, te puedes quedar el rato que quieras en el recinto. Y con cierta pena, nos vamos. Comillas sin duda merece la pena unas horas, un paseo tranquilo e ir descubriendo palacios y casas señoriales.

Pero nos vamos porque antes de las 2 queremos llegar a Santoña, para comprar anchoas. Sí, es cierto. Hoy en día puedes comprar de todo en todas partes, pero ya que está casi a pie de autovÍa, pero nos hace gracia comprar anchoas del Cantábrico en el lugar más típico donde se producen. Unos amigos que veranean en Cantabria nos habían recomendado comprarlas en Conservas Avelina y en la web pone que cierran a las 2 así que allí que llegamos sobrados. El tema es que Avelina está cerrada a la 1.30. Pero vaya, no hay problema ya que todo el poligono industrial está lleno de conserveras y tiendas abiertas. Si no es Avelina, será su amiga… Al pasar con el coche vemos los premios que ha ganado, y nos quedamos en Conservas Ana Maria.

Sobre las 4 llegamos a SOS DEL REY CATÓLICO.
Nos alojamos en el Parador..!! si, si! Nivel. La noche anterior, no teníamos muy claro donde dormir. O si hacer el camino directo a Barcelona pero nos decantamos por visitar SOS y al mirar alojamiento, había una buena oferta. No se si es un precio habitual o como es una zona en estos momentos muy “llena” de Covid, hacen ofertas pero pagamos por una noche 75 EUR, sin desayuno. Más barato que el hotel de 2 estrellas de Cangas. Reservamos , eso sí, sin cancelación gratuita.

Desde la terraza del hotel se ve el pueblo, y a esas horas lógicamente no se ve ni al apuntador. Cae un sol de justicia. El parador es una enorme y antigua casona de piedra aunque la decoración es más de lo mismo, igual que la de otros Paradores.

En el camino nos había llamado la atención el nombre de Petilla de Aragón. Buscamos en santa Wikipedia, y leemos que solo están censadas 31 personas en 2018. Como es que siendo tan pequeño tiene carteles en la carretera, y más que por ejemplo, Ejea de los Caballeros o el propio SOS. Según Wikipdia, aquí nació Santiago Ramon y Cajal, en 1852 pero lo más asombroso de su historia es que es un pueblecito que pertenece a Navarra aunque está rodeado de tierras aragonesas. Y es que por una deuda del rey de Aragon Pedro II en el siglo XIII pasó al Reino de Navarra, y cuando los aragoneses la reivindicaron, los petillenses ( será esté el gentilicio ) resistieron cual Asterix, así que aún siguen, 6 siglos más tarde, bajo el paragüas de Navarra.
Cuando empieza a bajar el sol, la terraza es un lugar perfecto para tomarse una copa, y con buenas vistas. Nos entra el hambre y decidimos cenar en el mismo parador. Tienen carta, pero si te alojas aqui, te hacen un 20% de descuento. Algo es algo. Escogemos un entrante de pimientos rellenos de morcilla que están de muerte, y como plato principal yo me inclino por el ajoarriero y R por unas migas de pastor. Sin sitio para el postre, pagamos un precio más que correcto por unas raciones abundantes y deliciosas.
Aprovechando que aún hay mucha luz, salgo a dar una vueltecita por el casco antiguo, y charlo con unas mujeres que, sentadas al fresco, ven la vida pasar…
Efectivamente, es un pueblo con mucho encanto.