Desde Split en aproximadamente 30 minutos en bus se llega a Trogir, un pueblo pequeño a orillas del Adriático, que tiene todo lo que a mi personalmente me atrae de estos lugares no masificados. Una de las cosas que tiene es justamente eso, pocos turistas, se puede recorrer el pueblo o disfrutar de sus playas con total tranquilidad, tiene también un caudal cultural importante por haber pasado por este lugar cantidad de conquistadores y un hermoso paseo marítimo. En este lugar pudimos apreciar la transparencia absoluta de las aguas del Adriático.

Lo más llamativo, después del Adriático, es el castillo del Camarlengo que es una fortaleza construida por los venecianos cuando mandaban por el lugar, hoy día se puede entrar aunque está vacío pero dicen que vale la pena sólo por las vistas desde la torre, nosotras no subimos. Si se sigue andando hacia la otra orilla se puede ver la pequeña Torre de San Marcos, antaño unida al castillo.


En el casco antiguo destaca la Catedral de San Lorenzo

