Aunque mi intención hubiera sido intentar de nuevo de ir a tratar de ver el lobo, tras los acontecimientos de la tarde anterior no estaba muy en condiciones. Aún así cuando desperté y vi que el cielo estaba con niebla suspiré de alivio porque Murphy no hubiera actuado como de costumbre.
Ayer por la noche pensamos qué hacer para hoy y tras deliberarlo un poco decidimos inspeccionar el valle de Lechada que parte un poco antes de Portilla de la Reina. Viendo el perfil por wikiloc se veía bastante plano y supuse que aunque hubiera recuperado fuerzas por la noche mejor era no esforzarse demasiado. Así que tras un desayuno ligero y esta vez sin café por mi parte, nos dirigimos a nuestro punto de destino, una explanada del polígono ganadero situado a las afueras de Portilla de la Reina de la cual parte la ruta, la PR-LE 22 que primero transcurre por el valle de Lechada y luego la del Naranco para finalizar en Lláneves de la Reina (o en sentido contrario)
Nosotros no la haríamos completa, sino los 5 primeros kms que nos harían llegar hasta una cascada y echarle un vistazo a una de las principales montañas por las que pueden transcurrir alguno de los pocos osos pardos del núcleo oriental.
La ruta es siempre por pista, fácil, acompañados de un río, al principio el Yuso y luego el Lechada. Pasamos por un pequeño desfiladero y poco a poco vamos avanzando sin problemas, con las cumbres de la sierra de Orpiñas a nuestra izquierda. Cuando estamos ya próximos a donde queríamos llegar, pues ya estábamos divisando la montaña donde queríamos echar un vistazo detenidamente, vemos un montón de vacas y unos mastines en mitad del camino. Como nosotros íbamos con nuestra perrita de poco más de 5 kgs, la agarramos y mi mujer se da la vuelta con ella. Yo le digo que quiero avanzar un poco más para divisar mejor la montaña, pero no he andado ni 100 metros cuando los mastines se dan cuenta de mi presencia y salen ladrando a mi búsqueda. Me paro y adiós muy buenas, que me vuelvo. Un poco frustrado por no poder llegar a donde queríamos cuando nos quedaba tan poco, regresamos al coche por el mismo camino.



Dirigiéndonos al pequeño desfiladero del Lechada. Poco antes de darnos la vuelta. Camino de vuelta
Ya en el coche nos dirigimos a Lláneves de la Reina y decidimos comer en la terracita del Hotel San Glorio y la verdad que muy bien. Yo limitado a comer pescado a la plancha, pero estaba más sabroso de lo que esperaba. Tras descansar un poco y con ganas de visitar algo más, nos dirigimos al puerto de San Glorio, frontera entre Cantabria y León y cogemos la carreterita que te lleva al Collado De Llesba y su famoso mirador del oso.
En la cima, muchos coches y ciclistas y mucha gente en el mirador. El sitio se ve espectacular y en vez de ir al monumento como todo el mundo, decidimos andurrear por allí, ya que parte una pista desde el collado en claro descenso con unas vistas que llaman al paseo. Y eso es lo que hicimos, andurrear un kilómetro y medio para allá y lo mismo para volver, pero disfrutando mucho del paisaje a Picos de Europa que observábamos.




Por Collado de Llesba
Y de allí nos dirigimos a Riaño. Ya en el hotel nos duchamos y nos bajamos al bar para echarnos unas cervezas y cenar algo, sabiendo que esta era nuestra última noche en el pueblo. Mirando la previsión del tiempo parecía claro que mañana llovería, antes en Villablino que era nuestra próxima base en nuestro viaje, que aquí, que parecía que lo haría por la tarde, así que decidimos quedarnos por la mañana por la zona y viajar tras comer para el valle de Laciana.
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