Hoy nos despedíamos de Riaño y yo seguía con la mosca detrás de la oreja. Habíamos venido aquí en mi afán de ver al lobo y aunque lo había visto, fue un avistamiento de pocos segundos. Así que no es de extrañar que mi reloj interno abriera los ojos sobre las 7 de la mañana, mirara esperanzado a través de la ventana y para mi asombro, no pareciera que hubiera niebla ni estaba lloviendo. Así que sin dudarlo, cogí los bartulos y para el coche para ir de nuevo al lugar de observación que había conocido días atrás.
Esta vez no hubo sorpresa faunística por el camino. La historia la misma. Dejé el coche aparcado y andar un poco más de un cuarto de hora para situarme en lo alto de la colina que se encontraba enfrente de la montaña lobera. Una vez instalado no hay mucha historia que contar. Todo es paciencia y mirar por todas las zonas donde se pudiera ver algo por si hay movimiento. Hubo un momento que creí tener éxito, pero tras mirar por el telescopio comprobé que era una cierva. Y así pasé el principio de la mañana, hasta que sobre las 9 me dio la sensación de ver algo en la cima, por un cortafuegos o saber qué. Miré por el telescopio y volví a comprobar que era una cierva cruzando, pero estaba parada mirando para arriba y es entonces cuando ví a los lobeznos de unos 4 meses muy cerca de los venados. Buah, fue un momento mágico, no muy largo, pero me dio para disfrutarlo e incluso hacer una cutre grabación poniendo la cámara del móvil a pulso sobre el ocular del telescopio.
cutrevideo lobos
Tras ello yo estaba en una nube. Estuve un ratillo más, pero no mucho. Debía volver a Riaño para recoger todo. Llegando a Riaño me dije que era una vergüenza no haber ido al par de miradores que tienen del pueblo que surgen del camping, así que me dirigí para allá, aparqué y andando. Los miradores están muy bien y la verdad es que merecen la pena. Lo suyo para que dé el sol en las montañas es ir por la mañana, pero en los primeros días me dije que luego iría y en estos últimos o ha habido niebla o ha estado muy nublado, así que no he conseguido la mejor iluminación. Aún así juzgad.


Riaño.
Ya en el hotel recogemos todo y tras pagar la dolorosa, nos dirigimos a Maraña, para realizar la excursión a la laguna de Mampodre. La ruta parte del mismo pueblo y es sencillita, unos 6 kms i/v por el mismo camino. Se puede hacer circular, pero tiene más dificultad y el cielo empezaba a estar cada vez más nublado. La ruta la hice yo solo, mi mujer no tenía ganas.
En cuanto a la ruta en sí, la recomiendo. EL primer kilómetro es el más duro, pero transcurre todo por un camino claro. Cuando ya te aproximas a las montañas de Mampodre, te ves rodeadas por ellas y es un goce para los sentidos. A la laguna llegué a tientas pues el camino claro lo dejas en un momento dado, pero la dirección es clara pues es justo debajo de los picos, donde la lógica dice que desembocaría todo el agua del circo glaciar cuando la nieve se derritiera. La gracia fue verla con algo de agua, pues no la tenía todas conmigo.



Por el camino en ascenso, con Maraña al fondo. Acercándonos al circo de Mampodre. Laguna ¡¡con agua!!
Tras descansar unos minutos vuelvo por el mismo sitio sin pérdida alguna.

Ya en el coche, volvemos a Riaño para comer en el mesón que nunca pillábamos sitio afuera. Allí nos tomamos unas zamburiñas y una morcilla leonesa para chuparse los dedos. Y empezó a llover, como estaba previsto. Tras un cafelito al coche y hacer las 2 horas y cuarto de trayecto. Todo el camino lloviendo y bastante fuerte por zonas.
Una vez en Villablino aparcamos cerca del hotel que teníamos reservado, el hotel La Brañina, muy correcto y admiten mascotas, claro. Tras ducharnos nos damos una vuelta en coche porque sigue lloviendo para comprar algo para esta noche, aunque está casi todo cerrado y nos pasamos por la lavandería donde yo me quedo a hacer la colada que necesitamos tras una semana de viaje. Cuando vuelvo ya nos quedamos viendo serie y cenando en la habitación.
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