Era nuestro último día, pero como no dejábamos el alojamiento hasta la tarde, decidimos aprovechar.
Por la mañana, fuimos a la Playa de las Amoladeras, al principio de la Manga del Mar Menor, cerca del famoso Hotel Entremares y ya en la zona de aguas mediterráneas, donde podemos encontrar restos arqueológicos y paisaje dunar, además de tener vistas a Cabo de Palos.

La arena es fina y gris y como el día estaba ventoso y nublado había mucho oleaje. Afortunadamente para nosotros la bandera era tan solo amarilla, por lo que estuvimos horas sin salir del agua disfrutando con las olas.

Después, dado que estado de la mar era muy divertido, pero poco apto para nadar, cambiamos a Playa Paraíso, ya en el Mar Menor, donde a pesar de que había abundancia de algas, habíamos leído que cerca de las boyas era posible nadar, y, de hecho, se cumplió. La arena, eso sí, era más gruesa y con conchas y piedrecitas.
De aquí, fuimos ya a comer y recoger. Decidimos salir tarde para ahorrarnos el calor y el peor sol. Nuestra parada sería Albacete. Llegamos a Albacete sobre las 19:00 - 19:30 y, si bien es cierto que no es una ciudad monumental, su centro nos pareció muy agradable de pasear e incluso nos entretuvimos más de lo esperado. Fue toda una sorpresa.
Ya oscureciendo reemprendimos la marcha a Madrid a donde llegamos pasadas las doce de la noche, pero fresquitos.