Por primera vez en todo el viaje la mañana amanece nublada, tras un tranquilo desayuno nos vamos a un Monasterio que está un poco más alejado y pasa un tanto desapercibido en las guías, en comparación con sus vecinos, el de Putna.
Según nos acercábamos vimos que había un sinfín de autobuses, coches, personas con sus trajes regionales, banderas, etc, luego vimos que era una importante peregrinación y la posterior celebración con la presencia del Patriarca de la Iglesia ortodoxa rumana.
Tuvimos suerte y pudimos aparcar cerca, el monasterio no tiene sus fachadas pintadas como sus hermanos, pero es realmente bonito, tanto el recinto como la iglesia, en su interior está la tumba del Príncipe Stefan Cel Mare, personaje de gran importancia para los rumanos y que lo hace un lugar especialmente transcendente y sagrado.


En el recinto hay un pequeño museo con distintos objetos religiosos: libro, bordados, pinturas, orfebrería, etc,
Tras visitar la Iglesia y el museo, nos quedamos un rato viendo la celebración, que ya estaba terminando, nos seguía impresionando la fe de la gente.
Continuamos hacia Marginea, queríamos ver como se elabora la cerámica negra, nos costó un poco encontrar algún alfarero, pero lo encontramos, en un pequeño taller vimos como trabajaban el barro, y en la tienda los trabajos que terminados, personalmente los objetos de cerámica negra siguiendo los modelos antiguos son sencillo y bonitos, cuando empiezan a jugar con el color, personalmente no me parecen nada atractivos. La visita al taller es gratuita aunque no compres nada. Cuando salimos empezaba a llover y decidimos comer en el local que había al lado, mientras comíamos empezó a llover como si no hubiera mañana, por lo que había que tomárselo con calma.

Cuando paró, volvimos al coche y camino de Suceava, paramos en Gura Humorului, donde teníamos controlado un sitio para cambiar dinero, ya que nuestro siguiente destino era la zona del Delta del Danubio y no teníamos muy claro como estaba el tema en la zona.