6 de Julio. Por fin llegó el día.
Nuestro vuelo de Turkish Airlines salía de Bilbao puntual a las 18:00 con rumbo a Estambul. Aproximadamente a las 20:00 nos servían la cena, que estaba muy bien: verduras salteadas, pasta gratinada, postre de chocolate y bebida a elegir. Tras cuatro horas de vuelo, a las 23:00, hora de Estambul, aterrizamos. Nos esperan 2 horas y media de escala en este aeropuerto, que se nos hacen amenas con el servicio de wifi gratuito y pendientes de la pantalla para saber cuál sería la puerta de embarque para nuestro vuelo a Kuala Lumpur.
A la 1:30 sale puntual este vuelo. Estamos deseando despegar y dormir, tanto que traen la cena y ni nos enteramos pues ya estamos dormidas. Son 10 horas de vuelo y las 8 primeras las pasamos dormidas. Qué maravilla despertar y ver que estamos en tierras asiáticas y que ya queda poco para aterrizar. Nos traen un desayuno-almuerzo salado y a las 17:30 hora de Malasia aterrizamos. ¡Estamos en Asia!
En el aeropuerto de KL tenemos una larga cola de espera para el control de pasaportes pero no nos importa; estamos tan felices de haber llegado allí... Una vez pasado el control encontramos un mostrador de cambio de moneda, donde cambiamos justo 50€, que son 220 ringit malasios. Seguido vemos el stand de KLIA, el tren que tomaremos para llegar al centro de KL. Compramos los billetes en la máquina, ida y vuelta adulto y niño, 32€. Allí mismo hay una chica que nos indica el lugar donde se toma el tren, que está muy cerca. Apenas tenemos que esperar pues enseguida llega el tren.
El trayecto dura poco más de media hora y nos alucina acercarnos a una gran ciudad rodeada de vegetación. Esto es porque KL pasó de ser una pequeña aldea china dedicada a la extracción de estaño, a convertirse en una bulliciosa metrópolis de 7 millones de habitantes en sólo 150 años.