Este día descansamos de coche. Por fin. Nos levantamos un pelin más tarde que los días anteriores y comenzamos con un buen desayuno en una de las cafeterías cercanas a nuestro hotel. Creo que en Mérida fue donde tomamos el mejor café de todo el viaje. Tras un buen desayuno comenzamos a recorrer la ciudad por la plaza principal, la Casa Montejo, la Catedral de San Idelfonso, el Palacio del Gobernador… vamos, por toda la parte histórica. También aprovechamos para hacer alguna compra y entrar alguna tienda local. Había cosas monísimas, la verdad.


Caminamos hacia el Paseo Montejo con sus casas señoriales, parando antes en el parque de Santa Lucía y pusimos rumbo al Monumento a la Patria. Decir que estaba lleno de pintadas. Una pena porque es una auténtica pasada.

Una vez que terminamos este paseo (largo, por cierto), en el que fuimos parando en diferentes ocasiones por el calor, miramos en internet para ir a comer a un sitio guay. Nos decantamos por Micaela Mar & Leña. Fue un autentico acierto. Estaba todo riquisimo y la atención excepcional. Probamos el mezcal, la raicilla y el tequila.


Disfrutamos mucho de la comida y después regresamos caminando al hotel para echarnos un rato la siesta después de las bebidas energéticas jeje. La verdad es que nos dormimos bastante y ya cuando nos despertamos nos dimos un baño en la piscina, nos duchamos y salimos a cenar en un lugar cerca de la plaza. Era muy turístico pero comimos un burrito al pastor riquísimo. Me da un poco de rabia que en algunos sitios la propina ya fuera incluida en la cuenta. Manías.
Después de cenar fuimos a tomar una copa a La Fundación Mezcaleria, que además contaba con música en vivo. Estuvimos un ratito y después nos fuimos a la cama. Al día siguiente tocaba volver a coger el coche.
