Nos levantamos en Mérida y volvimos a desayunar un rico café y algunos dulces de la zona. Tras un buen desayuno, seguimos nuestro viaje. Esta noche nos tocaba dormir en Valladolid, donde pasaríamos las dos próximas noches. Pero antes de llegar a la capital de Yucatán, hicimos una parada en Izamal, un pueblo completamente amarillo que es una pasada.
Pusimos rumbo en nuestro coche a Valladolid. Para que no se hiciera el viaje pesado, decimos ir haciendo paradas. La primera fue en Felipe Carrillo, para darnos un refrescante baño en uno de sus cenotes. La verdad es que no había mucha agua y no había mucha zona de baño, por lo que hicimos una visita rápida, fotografiamos los jardines y nos marchamos rumbo a Izamal.

Un viaje en coche en mitad de la selva con unas vistas increíbles hasta llegar a Izamal. Una vez que llegamos al pueblecito, hacía un calor para morirse. Visitamos el convento, fotografiamos todo lo que pudimos y más, paseamos por sus calles y después nos desplazamos hasta el restaurante Zamna. Un poco más caro que el resto del viaje pero todo estaba riquísimo.


Tras disfrutar de una comida, visitamos la Pirámide de Kinich Kakmó... aunque no teníamos fuerza para subir arriba... entre la calor y que acabábamos de comer. Tras una visita exprés a sus ruinas mayas, nos tomamos un helado y seguimos nuestro road trip.

La siguiente parada fue Uayma, donde paramos para fotografiar su iglesia. La verdad es que había unos chicos que no nos dieron buena espina y seguimos con el camino hacia Valladolid muy pronto. Me hubiera gustado pasar más tiempo allí.
En torno a las 18.00 horas llegamos hasta Valladolid. Las dos próximas noches nos alojamos en el hotel El Mesón del Marqués. En la última planta. El hotel era muy bonito. Tras descansar un poco y darnos una ducha, nos marchamos a disfrutar del espectáculo de Luz y Sonido. Una vez que terminó todo, nos pedimos unas pizzas para cenar en el hotel, ya que estábamos muy cansados y el día siguiente había que madrugar. Nos íbamos a Chichen Itzá.
