Nos levantamos muy temprano para ver la salida del sol sobre el Gran Cañon.
Si la puesta de sol es impresionante, la salida del sol no lo es menos, pintando de distintos colores los enormes acantilados del cañón, a medida que el sol se va elevando.
En seguida vamos al coche porque nos espera otro espectáculo: sobrevolar el Gran Cañon en avioneta.
Vamos al aeródromo muy justos de tiempo, y nos montamos en una avioneta de ocho plazas.
El Gran Cañon es tan inmenso, que la mejor forma de apreciar sus dimensiones colosales es a vista de pájaro. Un vuelo de 45 minutos que se hizo cortísimo, que nos proporcionó una experiencia única y un recuerdo imborrable.
Después de ver el cañon desde el aire, teníamos tiempo de pasear por él.
Nos calzamos las botas y descendimos por el sendero South Kaybab hasta el Ohh Ahh point. Se trata de un punto intermedio con una vista impresionante. Unos 5 km y 230 mt de desnivel que se recorren en una hora y media.
El rio Colorado está todavía 1250 metros más abajo. Llegar hasta él y volver a subir requiere un gran esfuerzo y un dia largo. Nosotros nos conformamos con andar este tramo.
Despues de comer desmontamos las tiendas y montamos en el coche para dirigirnos a otro destino mítico: Monument Valley!
Monument Valley es un territorio sagrado para los navajos y aunque es un parque nacional gestionado por ellos, no se encuentra en la red de parques nacionales de los EEUU. Por ello hay que pagar una entrada a parte.
Hay un único hotel en Monument Valley, y es muy bonito, lujoso y caro: The View.
A nosotros nos pareció más auténtico acampar en la casa de un navajo con el que habíamos contactado previamente, que está a un kilómetro del hotel.
El “campground” era muy precario, con un par de casetas de madera donde ponía “women” y “men” y que pretendían ser los servicios, y otra caseta muy cutre donde se podía leer “shower”.
La primera reacción fue la de “joder, dónde nos hemos metido”.
Justo antes de la puesta del sol, encontramos una senda que se dirigía hacia Monument Valley.
Al cabo de 10 minutos y tras subir unos metros, se nos aparece esta magnífica vista:
Seguro que desde el hotel la vista seria parecida, pero ahí estábamos solos, sin nadie más por los alrededores. Ahí distrutamos de la hermosa puesta de sol mientras bebíamos las cervezas que llevábamos.
Ya de noche, la mujer navaja nos preparó una cena -tacos navajos- y comimos bastante bien.
Era una noche sin luna, magnífica, que mostraba la Via Lactea como nunca la habíamos visto, y echamos unas fotos desde el campamento.

Mi hijo fue al mirador anterior a hacer fotos nocturnas, pero volvió al poco rato cuando vio que a su lado había varios escorpiones.
A dormir, que mañana hay que madrugar.
Gracias por compartirlo! 


