Hoy queremos una jornada tranquila, no queremos hacer demasiados kilómetros, así que decidimos conocer los alrededores de nuestro agriturismo, y a las 9 de la mañana ya estábamos en SAN GIMIGNANO, aparcamos muy bien, arriba del todo, junto a Porta San Giovanni. Nosotros aparcamos en plaza de movilidad reducida pero de subida encuentras varios parkings de pago, a esas horas había bastantes plazas libres.
Las tiendas aún estaban cerradas y las hordas de turistas todavía no habían llegado. Era maravilloso pasear por sus calles cerradas al tráfico, aunque los vehículos de reparto afean las instantáneas.
San Gimignano presume de ser la ciudad mejor conservada de la zona desde la Edad Media. En su día llegó a tener 72 torres, ya que sus habitantes rivalizaban por mostrar sus riquezas y poder levantando torres; hoy solo quedan en pie 14. Hay que imaginarse la ciudadela como un auténtico Manhattan en sus buenos tiempos.
Nos deleitamos paseando por sus calles y en cuanto abrió la heladería DONDOLI, allí estábamos, desayunando helado.
Esta heladería ha sido galardonada varias veces como mejor heladería del mundo, y sus helados artesanos además están registrados. Como acababan de abrir el dueño estaba en la barra, un tipo súper especial, con sus gafas moradas, que nos sonrió y nos preguntó de dónde éramos. Mi marido que le falta tiempo para ponerse a hablar le empezó a preguntar por el futbolista Joaquín, y para qué más!! El dueño le conocía personalmente (de cuando Joaquín jugó en la Fiorentina), y allí estuvieron un rato de charla.
Yo probé el helado de mora y lavanda, y era como tener la flor en la boca, literal, una delicia.
Nos tomamos los helados tranquilamente sentados en la plaza, como los italianos, viendo la vida pasar. Me flipa como la gente mayor se sienta en las ciudades y allí pasan media mañana, viendo turistas, contemplando los alrededores o charlando.
Después terminamos de recorrer la ciudadela, calle arriba, calle abajo, siguiendo las indicaciones de miradores, torres e iglesias. Compramos algunos recuerdos y nos fuimos, aquello empezaba a masificarse sobre manera. La cola de la heladería ya era importante y bajando las calles se veían grupos y grupos de gente subiendo.
He de decir que volvimos otro día más solo a Dondoli a probar otros sabores.
Nuestro siguiente destino, por cercanía, fue CERTALDO y su pequeña villa medieval, porque la ciudad de Certaldo es muy grande, pero a nosotros solo nos interesaba la zona histórica, y para ello, había que subir en funicular (breves reminiscencias suizas de nuevo...
Conocimos este destino gracias a Mery, de MI VIAJE EN LA TOSCANA, os dejo su web porque para nosotros ha sido nuestra gurú del verano, gracias a ella hemos descubierto esta y otras muchas maravillas que ya iréis descubriendo. Di con ella a través de instagram y sus consejos siempre fueron rápidos y certeros.
Mery es guía turística, así que no os perdáis sus recorridos si viajáis allí próximamente. Nosotros no hemos podido debido a que se encontraba en la recta final de su embarazo, pero vuelve a estar operativa para ayudaros a descubrir los preciosos paisajes toscanos.
Como os decía un funicular te lleva de Certaldo Basso a Certaldo Alto, el precio no lo recuerdo pero fue irrisorio, vamos que merece la pena sí o sí. También se puede subir andando, pero con el calor que hacía, ni lo pensamos.
Esta pequeña villa no tiene una plaza principal como el resto de ciudades, todos sus edificios importantes se concentran en un par de calles. Visitamos el Palacio Pretoriano, intentando buscar algo de sombra, era media mañana y el sol apretaba; merece la pena la visita. Recorrimos sus calles y terminamos visitando la tumba de Bocaccio (porque en Certaldo nació, vivió y está enterrado) en la iglesia de los Santos Jacobo e Filippo. Ojo porque su cuerpo no está bajo el gran mármol, sino más adelante, bajo un pequeño azulejo, apunte de Mery también!
Al bajar paramos en el coop, compramos algunas cosas, comimos en casa y tarde de piscina, el calor era horroroso y la mejor forma de combatirlo era a remojo.

















