Amanecemos en Edimburgo este último día de nuestro viaje y no podemos irnos sin recorrer una vez más las encantadoras calles adoquinadas del centro. ¿He dicho ya que me parece una de las ciudades más bonitas del mundo?
El regreso a casa y al mundo real va sin problemas y nos queda el recuerdo de una nación acogedora a pesar de su clima inhóspito. Una gente orgullosa de su tierra y una historia digna de películas (se han hecho varias, como ya sabréis) y unos paisajes que tienen el poder de calmar las mentes más agitadas, que te obligan a parar y, simplemente, disfrutar.
Conclusiones:
Escocia tiene todo lo bueno de Inglaterra, y todo lo malo. El transporte público es puntual y eficiente. Pero que no te pille una huelga… Las cosas son caras. Pero los museos son gratuitos… El paisaje es precioso. Pero el tiempo es regulero…
Idioma: Pues es cierto que tienen un acento peculiar, pero en general, si hablas inglés, les entiendes y ellos te entienden a tí.
Dinero: Aceptan tarjeta de crédito en la mayoría de establecimientos.
Economía: Un buen truco para controlar los gastos (y el colesterol) es pedir la sopa del día en los restaurantes. Es el plato más barato de la carta, que incluye un purecito y un par de rebanadas de pan.
Equipaje: Nosotros llevábamos unas botas de montaña impermeables y nos han ido bien para pisar barro y para mantener los pies resguardados de la lluvia. También hemos llevado chubasquero que hemos usado prácticamente cada día.
Clima: La temperatura en verano es fría, sobre todo en la isla de Skye donde además sopla el viento. ¡En invierno no me lo quiero ni imaginar!
Alojamientos: Para ir a Edimburgo en agosto hay que reservar con la máxima antelación posible, pues los b&b o guesthouse económicos se llenan por completo.
Espero que el diario y los consejos sean de utilidad. Gracias a todas y todos por leer y en especial, gracias a Roger por las fotos.