El día está nublado, espero no llueva que hoy son muchas horas de caminata. Hago hora hasta la hora del desayuno y voy a ver Salento a las 7:00 sin nadie de gente.Que diferencia a la noche!! Todo solo para mi, me resulta curioso que los bancos de piedra de la calle Real, todos tienen el nombre de una familia, supongo del pueblo.
Todas las fachadas muy bonitas, pero quizás las de Filandia son aún más llamativas, quizás también porque en Filandia las casas me parecieron mayores.
Veo llegar los primeros Willys (jeeps) a la plaza para recoger a los turistas más madrugadores.
A las ocho, agarramos nuestro tanque y hacemos el serpeante camino asfaltado hasta el valle del Cocora. No hay apenas gente, que guay!! Como está todo muy mojado, por recomendaciones varias, decidimos alquilar unas botas de agua. Para Rosana perfect pero yo gasto un 48 y me miran como un bicho raro, así que no hay botas para mi.
El día se ha quedado despejado total, y la estampa es preciosa. Un día genial para un entorno maravilloso. Las primeras fotos a las gigantescas palmeras son una pasada y encima no hay apenas nadie. Después de los dos primeros kms, Rosana va echando fuego por la boca, ya que esas botas son incomodisimas, el camino está muy bueno y el calor aprieta, no hace más que arrepentirse y yo con mis botas de trekking, tan de pm.
Después de mucho rato subiendo, llegamos a lo más alto, con los colibrís volando libremente (aún no estamos en la casa de los colibrís) y ya por encima de las nubes, me recuerda a Machu Picchu.
Empieza la bajada y nos empezamos a cruzar con gente que ha empezado por el camino inverso, ya que la ruta larga es circular. Veo algunos chorreando de sudor, pero las botas no las llevan mojadas apenas. Cada vez el camino es más resbaladizo y peligroso, a la vez que más bello. Llegamos a la casa de los colibrís, pero como ya hemos visto algunos, no pasamos y seguimos ruta. Ya de lleno en un entorno salvaje, lleno de vegetación, puentes colgantes, cascadas, woww, chulisimo e imperdible.

Tan alta está la vegetación, que a las 14:00 horas ya casi apenas se ve y encima se ha nublado a tope. Intercambiamos charla con distinta gente, españoles, alemanes, colombianos, ahora si que hay gentecilla. Piso una enorme piedra mojada, y para no caer de culo al escurrirme, hago un esfuerzo y noto un chasquido en los músculos del abdomen, un dolor que ya me acompañaría todo el viaje. Cuando al fin salimos de tanta vegetación, empieza a llover de pm. Ahora toca una recta pero eso es un barrizal total. Mis botas perdidas de barro y mi pareja tan a gustito con sus botas de agua.
Sobre las 15:00,al fin llegamos al final, con una buena lluvia y viendo la cantidad de gente esperando a que llegara algún Willy, esperaba mejor servicio de esos vehículos, pues no veáis la gente que había esperando y mojandose.
De vuelta con nuestro tanque, decidimos ir otro día a la finca cafetera, estamos hambrientos y llueve bastante. Nos cambiamos de ropa en el Hostel y nos encontramos con una pareja de chicos, españoles que conocimos en el trekking, con los que comemos. Ellos se van a descansar, y nosotros a los billares a darle al aguardiente y disfrutar del ambiente tan auténtico que hay allí, lleno de gente autóctona, jugando al billar o viendo el fútbol patrio.
Ya muy cansados, damos una vuelta por la calle Real, compro una crema antiflamatoria en una de las varias farmacias que hay allí y nos vamos para el hostal a bebernos unas Club Colombia que están de pm y a muy buen precio. A dormir pronto, que el día siguiente será movidito, con parapente incluido.