VIERNES 29/10/2022
Nos despedimos de Laura, la anfitriona de nuestro alojamiento Airbnb de Agrigento, pues vive en la casa de enfrente, y continuamos con nuestra ruta. Antes tuvimos que pagarle una tasa turística de 2€ pero sólo teníamos un billete de 5€; como no tenía cambio al final fueron 55€ por noche más tasa.
Quisimos visitar la Mina de Sal de Favara pero vimos en Internet que sólo abren al público la primera semana de cada mes así que nos dirigimos a la Scala dei Turchi, que es un acantilado que se encuentra entre dos playas. Su especialidad radica en que se compone de material blanco, marga, que ha sido modelado por la erosión durante muchas años, dando un espectacular paisaje. El nombre hace referencia a los piratas sarracenos, quienes fueron erróneamente llamados «turcos» por la población siciliana. Según cuentan las leyendas, estos piratas llegaron en el siglo XVI e invadieron lo que hoy es Realmonte subiendo por esta escalera natural.
Aparcamos el coche en la calle, en una zona gratuita y sin señales de «no aparcar», en vez de pagar a los parkings privados, pues apenas había gente. Bajamos por las escaleras que estaban señalizadas como de acceso, con chiringuitos y restaurantes a ambos lados, hasta la playa. Parece larga desde arriba pero llegamos enseguida al cartel que marca que el paso está prohibido, pues resulta que ya no se permite la subida a la Scala para evitar su degradación, bajo multa; había incluso una valla que los visitantes habían tirado al suelo, saltándose la prohibición. Sin embargo había bastante gente caminando por encima del monumento natural y haciendo fotos así que es vuestra decisión el saltar la valla y con ello la prohibición de acercarse. Volvimos a subir por el mismo camino y, una vez arriba, nos acercamos al mirador, pero desde ese punto no nos pareció que hubiese realmente grandes vistas. Sí había unos interesantes carteles informativos en el que se relataba que en los años 1980 se construyó un hotel en el la base de los acantilados; dada la aberración la obra se paralizó y, tras una larga batalla judicial, la zona finalmente fue catalogada como lugar de especial valor, siendo por tanto protegido e inmodificable hasta la actualidad. La construcción, abandonada, fue demolida en 2013, tras una la insistencia de los vecinos de la zona, a los que hay que agradecer que el lugar se mantenga natural a día de hoy.
La siguiente parada fue en Sciacca, donde vimos la Scala di Sciacca, la famosa Escalera en zigzag y finalmente la escalera de Cortile Carini. Paseamos también por el centro, lleno de detalles cerámicos, al estilo de Caltagirone. Aprovechamos para tomar algo en un bar con vistas al paseo, llamado Bali Caffé: dos creminos y una sfogliata de ricotta, estando todo riquísimo (5’5€).
Decidimos parar a comer en Mazzara del Vallo, en un local que contaba con muy buenas opiniones, llamado Trattoria Jeannine. Tras pedir recomendación al dueño tomamos:
-ensalada de pulpo con zanahoria y apio
-variado de pescado alla grilla: pez espada, calamares, gambones de la zona y ensalada
Para beber tomamos media jarra de vino blanco de la casa (elaborado a base de la variedad Grillo) y media de tinto (Nero d’Avola), muy sabrosos. El dueño era encantador y charlamos bastante con él, resultó ser un agradable local que recomendaríamos sin duda. Pagamos por todo 43€. En la mesa de al lado había una encantadora familia italofrancesa con los que también tuvimos una interesante conversación (Silvia, de Turín, con su marido francés y su hija bilingüe).
Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo en el local pero tuvimos que salir con prisa porque teníamos reservada una visita a las 15 en la Bodega Marco de Bartoli (esa misma mañana les había escrito un mail y rápidamente me contestaron diciendo que tenían prevista una visita en italiano a la que podíamos unirnos, accediendo a la invitación), por recomendación de Biagio, de Azienda Agricola Cos.
Finalmente llegamos sobre las 15:30 pero la guía, llamada Alice, nos recibió amablemente. Nos mostró las viñas, la zona de depósitos inox, sala de barricas, ánforas, etc. Pudimos posteriormente probar seis referencias en un bonito salón. Por lo que nos explicaron elaboran vino en la zona de Marsala pero también en la isla de Pantelleria (entre Sicilia y Túnez), ambos sustratos volcánicos. Todos los vinos resultaron excelentes, sobre todo los oxidativos, recordando mucho a algunos de los vinos de Jerez.
En 1980 Marco quedó impresionado por el potencial de la isla de Pantelleria y decidió construir una nueva bodega en la zona de Bukkuram (que, al parecer, en árabe significa «padre de la viña»). La tradicional práctica agrícola de esta isla fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2014, llamada «vite ad alberello» (en vaso). Resumo brevemente las seis referencias que probamos:
–Vignaverde: blanco de Marsala elaborado a base de Grillo en acero
–Pietranera: blanco de Pantelleria elaborado en acero a base de Zibibbo/Moscatel de Alejandría
–Vecchio Samperi: se elabora a base de Grillo mediante un sistema similar al de Criaderas y Solera, sin fortificar. Existe en la versión de 10, 20, 30 y 40 años.
–Marsala Vigna La Miccia 2017: Marco creó un nuevo estilo de Marsala en 1985 vinificando en frío y evitando excesivas oxidaciones durante la evolución del vino. Elaborado con Grillo, fermentación en acero y crianza en barricas nuevas de roble francés.
–Marsala Superiore Oro 1988: elaborado con Grillo respetando la tradición de la zona, fortificado en 1988 y criado en madera de roble durante más de veinte años.
–Bukkuram 2020: vino Passito elaborado con Zibibbo de Pantelleria que se seca al sol.
Al acabar la visita nos cobraron 30€ por persona y abandonamos la preciosa bodega. Continuamos hasta Marsala, conocida zona de vinos de Sicilia. Resultó ser una bonita y cuidada ciudad principalmente construida en piedra blanca. Conseguimos aparcar en la calle, valiéndonos de la aplicación Easypark. Tras un pequeño paseo entramos en la Enoteca Ciacco, que nos había recomendado Alice.
Hablamos con el camarero para que nos pusiera dos vinos distintos de la zona, para probar. Nos sirvió un par de oxidativos de Marsala de 5 y 10 años, buenísimos. A continuación nos puso dos copas, una de tinto, I Versi Rosso 2018, elaborado con Rosso en Trapani, y otra de blanco, Gerbino di Giovanna, elaborado con Chardonnay en la zona de Sambuca di Sicilia. Para acompañar nos pusieron dos tandas de pinchos riquísimos, pagando por todo 20€.
Continuamos con nuestro paseo por la localidad y finalmente buscamos un local para cenar, escogiendo la Osteria Siciliando, donde pedimos los siguientes platos:
-Antipasti de mar para dos: muy completo y variado, con puntilla, pescado frito, ahumado, calamares, etc
-Tagliatelle de pulpo y huevas de pescado
-Calamarata con gambas
-Semifrío de pistacho, delicioso
Todo estaba muy rico y las raciones eran abundantes. Para beber tomamos un espumoso llamado Rosso di Nera, elaborado por la Azienda Agricola G. Milazzo en la zona de Licata de la isla (creo que elaborado con Nero d’Avola y Nerello Cappuccio), y un café, pagando 80€. Volvimos al coche, pagando a través de la aplicación Easy par 1’55€ y 0’5€ a un gorrilla con muy mala pinta, por miedo a que nos hiciese algún daño al vehículo de alquiler.
Para esa noche había reservado un bonito chalé a través de Booking por el que pagamos sólo 30€, una ganga. Se llamaba A Casa dei Fenici, a 9km-15 minutos de Marsala. La casa tenía dos plantas, con varias habitaciones, baños, cocina, salón, terraza, barbacoa, ideal para ir unos cuantos y pasar allí unos días. Enseguida se nos acercó una gatita muy maja, que ya no nos abandonó hasta que marchamos al día siguiente.
Como hacía un día estupendo nos sentamos en la terraza y nos tomamos unos chupitos del licor de Mirto que nos habían regalado Franco y Tina en Ragusa. Estuvimos acariciando a la gatita hasta que anocheció, además luego aparecieron más amiguitos de ella. Por cierto, a la dueña no la llegamos a ver, pues le mandamos las fotos de los DNIs por el Whatsapp y le dejamos 1€/persona de tasa turística en la mesa de la cocina. Por cierto, en el día de hoy recorrimos alrededor de 160 kilómetros que os muestro en el mapa a continuación.
Nos despedimos de Laura, la anfitriona de nuestro alojamiento Airbnb de Agrigento, pues vive en la casa de enfrente, y continuamos con nuestra ruta. Antes tuvimos que pagarle una tasa turística de 2€ pero sólo teníamos un billete de 5€; como no tenía cambio al final fueron 55€ por noche más tasa.
Quisimos visitar la Mina de Sal de Favara pero vimos en Internet que sólo abren al público la primera semana de cada mes así que nos dirigimos a la Scala dei Turchi, que es un acantilado que se encuentra entre dos playas. Su especialidad radica en que se compone de material blanco, marga, que ha sido modelado por la erosión durante muchas años, dando un espectacular paisaje. El nombre hace referencia a los piratas sarracenos, quienes fueron erróneamente llamados «turcos» por la población siciliana. Según cuentan las leyendas, estos piratas llegaron en el siglo XVI e invadieron lo que hoy es Realmonte subiendo por esta escalera natural.
Aparcamos el coche en la calle, en una zona gratuita y sin señales de «no aparcar», en vez de pagar a los parkings privados, pues apenas había gente. Bajamos por las escaleras que estaban señalizadas como de acceso, con chiringuitos y restaurantes a ambos lados, hasta la playa. Parece larga desde arriba pero llegamos enseguida al cartel que marca que el paso está prohibido, pues resulta que ya no se permite la subida a la Scala para evitar su degradación, bajo multa; había incluso una valla que los visitantes habían tirado al suelo, saltándose la prohibición. Sin embargo había bastante gente caminando por encima del monumento natural y haciendo fotos así que es vuestra decisión el saltar la valla y con ello la prohibición de acercarse. Volvimos a subir por el mismo camino y, una vez arriba, nos acercamos al mirador, pero desde ese punto no nos pareció que hubiese realmente grandes vistas. Sí había unos interesantes carteles informativos en el que se relataba que en los años 1980 se construyó un hotel en el la base de los acantilados; dada la aberración la obra se paralizó y, tras una larga batalla judicial, la zona finalmente fue catalogada como lugar de especial valor, siendo por tanto protegido e inmodificable hasta la actualidad. La construcción, abandonada, fue demolida en 2013, tras una la insistencia de los vecinos de la zona, a los que hay que agradecer que el lugar se mantenga natural a día de hoy.
La siguiente parada fue en Sciacca, donde vimos la Scala di Sciacca, la famosa Escalera en zigzag y finalmente la escalera de Cortile Carini. Paseamos también por el centro, lleno de detalles cerámicos, al estilo de Caltagirone. Aprovechamos para tomar algo en un bar con vistas al paseo, llamado Bali Caffé: dos creminos y una sfogliata de ricotta, estando todo riquísimo (5’5€).
Decidimos parar a comer en Mazzara del Vallo, en un local que contaba con muy buenas opiniones, llamado Trattoria Jeannine. Tras pedir recomendación al dueño tomamos:
-ensalada de pulpo con zanahoria y apio
-variado de pescado alla grilla: pez espada, calamares, gambones de la zona y ensalada
Para beber tomamos media jarra de vino blanco de la casa (elaborado a base de la variedad Grillo) y media de tinto (Nero d’Avola), muy sabrosos. El dueño era encantador y charlamos bastante con él, resultó ser un agradable local que recomendaríamos sin duda. Pagamos por todo 43€. En la mesa de al lado había una encantadora familia italofrancesa con los que también tuvimos una interesante conversación (Silvia, de Turín, con su marido francés y su hija bilingüe).
Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo en el local pero tuvimos que salir con prisa porque teníamos reservada una visita a las 15 en la Bodega Marco de Bartoli (esa misma mañana les había escrito un mail y rápidamente me contestaron diciendo que tenían prevista una visita en italiano a la que podíamos unirnos, accediendo a la invitación), por recomendación de Biagio, de Azienda Agricola Cos.
Finalmente llegamos sobre las 15:30 pero la guía, llamada Alice, nos recibió amablemente. Nos mostró las viñas, la zona de depósitos inox, sala de barricas, ánforas, etc. Pudimos posteriormente probar seis referencias en un bonito salón. Por lo que nos explicaron elaboran vino en la zona de Marsala pero también en la isla de Pantelleria (entre Sicilia y Túnez), ambos sustratos volcánicos. Todos los vinos resultaron excelentes, sobre todo los oxidativos, recordando mucho a algunos de los vinos de Jerez.
En 1980 Marco quedó impresionado por el potencial de la isla de Pantelleria y decidió construir una nueva bodega en la zona de Bukkuram (que, al parecer, en árabe significa «padre de la viña»). La tradicional práctica agrícola de esta isla fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2014, llamada «vite ad alberello» (en vaso). Resumo brevemente las seis referencias que probamos:
–Vignaverde: blanco de Marsala elaborado a base de Grillo en acero
–Pietranera: blanco de Pantelleria elaborado en acero a base de Zibibbo/Moscatel de Alejandría
–Vecchio Samperi: se elabora a base de Grillo mediante un sistema similar al de Criaderas y Solera, sin fortificar. Existe en la versión de 10, 20, 30 y 40 años.
–Marsala Vigna La Miccia 2017: Marco creó un nuevo estilo de Marsala en 1985 vinificando en frío y evitando excesivas oxidaciones durante la evolución del vino. Elaborado con Grillo, fermentación en acero y crianza en barricas nuevas de roble francés.
–Marsala Superiore Oro 1988: elaborado con Grillo respetando la tradición de la zona, fortificado en 1988 y criado en madera de roble durante más de veinte años.
–Bukkuram 2020: vino Passito elaborado con Zibibbo de Pantelleria que se seca al sol.
Al acabar la visita nos cobraron 30€ por persona y abandonamos la preciosa bodega. Continuamos hasta Marsala, conocida zona de vinos de Sicilia. Resultó ser una bonita y cuidada ciudad principalmente construida en piedra blanca. Conseguimos aparcar en la calle, valiéndonos de la aplicación Easypark. Tras un pequeño paseo entramos en la Enoteca Ciacco, que nos había recomendado Alice.
Hablamos con el camarero para que nos pusiera dos vinos distintos de la zona, para probar. Nos sirvió un par de oxidativos de Marsala de 5 y 10 años, buenísimos. A continuación nos puso dos copas, una de tinto, I Versi Rosso 2018, elaborado con Rosso en Trapani, y otra de blanco, Gerbino di Giovanna, elaborado con Chardonnay en la zona de Sambuca di Sicilia. Para acompañar nos pusieron dos tandas de pinchos riquísimos, pagando por todo 20€.
Continuamos con nuestro paseo por la localidad y finalmente buscamos un local para cenar, escogiendo la Osteria Siciliando, donde pedimos los siguientes platos:
-Antipasti de mar para dos: muy completo y variado, con puntilla, pescado frito, ahumado, calamares, etc
-Tagliatelle de pulpo y huevas de pescado
-Calamarata con gambas
-Semifrío de pistacho, delicioso
Todo estaba muy rico y las raciones eran abundantes. Para beber tomamos un espumoso llamado Rosso di Nera, elaborado por la Azienda Agricola G. Milazzo en la zona de Licata de la isla (creo que elaborado con Nero d’Avola y Nerello Cappuccio), y un café, pagando 80€. Volvimos al coche, pagando a través de la aplicación Easy par 1’55€ y 0’5€ a un gorrilla con muy mala pinta, por miedo a que nos hiciese algún daño al vehículo de alquiler.
Para esa noche había reservado un bonito chalé a través de Booking por el que pagamos sólo 30€, una ganga. Se llamaba A Casa dei Fenici, a 9km-15 minutos de Marsala. La casa tenía dos plantas, con varias habitaciones, baños, cocina, salón, terraza, barbacoa, ideal para ir unos cuantos y pasar allí unos días. Enseguida se nos acercó una gatita muy maja, que ya no nos abandonó hasta que marchamos al día siguiente.
Como hacía un día estupendo nos sentamos en la terraza y nos tomamos unos chupitos del licor de Mirto que nos habían regalado Franco y Tina en Ragusa. Estuvimos acariciando a la gatita hasta que anocheció, además luego aparecieron más amiguitos de ella. Por cierto, a la dueña no la llegamos a ver, pues le mandamos las fotos de los DNIs por el Whatsapp y le dejamos 1€/persona de tasa turística en la mesa de la cocina. Por cierto, en el día de hoy recorrimos alrededor de 160 kilómetros que os muestro en el mapa a continuación.