
El domingo partíamos de nuevo hacia España. Nuestro avión salía a las 3 de la tarde, así que aún pudimos aprovechar la mañana para hacer algo que aún no habíamos podido hacer. Ir a ver la noria del Prater. Se trata de la noria más antigua del mundo, y sin duda uno de los símbolos de la ciudad, junto con la Catedral de San Esteban. Está situada en un vetusto parque de atracciones, en el parque del Prater de Viena. Nos habían recomendado no ir al parque de atracciones en invierno, y menos de noche, ya que no es una buena zona, y hay mucho vagabundo. Y era cierto; aún siendo las 10 de la mañana, la zona estaba plagada de gente sin hogar y en no muy buenas condiciones. Visitamos la noria, noz hicimos algunas fotos e incluso mis amigos montaron en uno de esos columpios con las cadenas gigantes que dan vueltas y te hacen volar por los aires.
A las 11 tomamos el metro hacia el hotel para recoger las maletas y marchar para el aeropuerto. Desde el sábado por la noche, ya no tenía vigencia la Viena Card que habíamos adquirido, pero decidimos que visto lo visto, y que ningún revisor nos había solicitado nada en ningún transporte, malo sería que para 2 ó 3 viajes más tuviéramos que pagar algo, así que decidimos subirnos sin ningún billete ni nada. Y, ¡oh, ley de Murphy! Si algo puede salir mal, saldrá mal. Solo dos paradas hasta el hotel, y nada más subir nos damos cuenta de que había un revisor en nuestro vagón. Y el tren que cada vez avanzaba más lento. Nos levantamos y nos acercamos a la puerta. Parecía que nunca iba a llegar a la parada. Pero llegó, y antes de que el revisor nos pidiera nada, nos bajamos. Tuvimos que esperar al siguiente tren para que nos acercara otra parada más. Por poco, habíamos estado a punto de que nos pillaran. Ya habría sido mala suerte...
Llegamos al hotel, cogimos las maletas, y esta vez si, compramos los billetes para tomar el tren hasta el aeropuerto. Allí, tuvimos que facturar en una máquina de esas de check-in, e hicimos espera hasta tomar el vuelo de Swiss. Hicimos escala en Zurich y llegamos a Madrid sobre las 19:30. Tomamos el metro hasta Avenida América donde a las 21:30 cogimos el bus con destino a Soria. A las 00:15 ya estaba en casa, con una maleta llena de ropa sucia y regalos, y un montón de ideas en la cabeza para contar en este diario.
A las 11 tomamos el metro hacia el hotel para recoger las maletas y marchar para el aeropuerto. Desde el sábado por la noche, ya no tenía vigencia la Viena Card que habíamos adquirido, pero decidimos que visto lo visto, y que ningún revisor nos había solicitado nada en ningún transporte, malo sería que para 2 ó 3 viajes más tuviéramos que pagar algo, así que decidimos subirnos sin ningún billete ni nada. Y, ¡oh, ley de Murphy! Si algo puede salir mal, saldrá mal. Solo dos paradas hasta el hotel, y nada más subir nos damos cuenta de que había un revisor en nuestro vagón. Y el tren que cada vez avanzaba más lento. Nos levantamos y nos acercamos a la puerta. Parecía que nunca iba a llegar a la parada. Pero llegó, y antes de que el revisor nos pidiera nada, nos bajamos. Tuvimos que esperar al siguiente tren para que nos acercara otra parada más. Por poco, habíamos estado a punto de que nos pillaran. Ya habría sido mala suerte...
Llegamos al hotel, cogimos las maletas, y esta vez si, compramos los billetes para tomar el tren hasta el aeropuerto. Allí, tuvimos que facturar en una máquina de esas de check-in, e hicimos espera hasta tomar el vuelo de Swiss. Hicimos escala en Zurich y llegamos a Madrid sobre las 19:30. Tomamos el metro hasta Avenida América donde a las 21:30 cogimos el bus con destino a Soria. A las 00:15 ya estaba en casa, con una maleta llena de ropa sucia y regalos, y un montón de ideas en la cabeza para contar en este diario.