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Los días siguientes son algo diferentes. Íbamos a estar con unos amigos y el ritmo lo fuimos adaptando porque además había un niño pequeño de dos años. Nos vamos a Sakudaira, un pueblo cercano a Nagano donde viven Risa, Javi y Ryota.
Amaneció de nuevo con 3°C, pero ya vimos que los termómetros en Saku no subían de los 0°C. ¡Habíamos venido preparados!
Como volveríamos a Tokio para pasar los últimos días, preguntamos en el hotel sí podíamos dejar el equipaje hasta la vuelta y así viajar un poco más ligeros. No pusieron ninguna pega. Para llegar a Saku tuvimos que coger un Shinkasen de la línea Hokoriku. Su modelo de tren más habitual es el E7 Series.
Amaneció de nuevo con 3°C, pero ya vimos que los termómetros en Saku no subían de los 0°C. ¡Habíamos venido preparados!
Como volveríamos a Tokio para pasar los últimos días, preguntamos en el hotel sí podíamos dejar el equipaje hasta la vuelta y así viajar un poco más ligeros. No pusieron ninguna pega. Para llegar a Saku tuvimos que coger un Shinkasen de la línea Hokoriku. Su modelo de tren más habitual es el E7 Series.

Nos llamó la atención la frase que ponían al final en las pegatinas informativas que están en cada asiento: “el ruido del teclado de tu ordenador puede molestar a otros viajeros, por favor, tenlo en cuenta”. ¿Exagerado? El nivel de ruido es tan mínimo que, sinceramente, da gusto. Ya no os digo, si queréis echar una cabezadita.

Llegamos a Saku sobre las 10h30 y Risa ya nos estaba esperando en la estación. Habían pasado unos cuantos años desde la última vez que nos habíamos visto en Castro pero habíamos mantenido el contacto con ella regularmente. Así que nos dio mucha alegría a todos volver a reunirnos de nuevo. Su coche, como no podía ser de otro modo, totalmente japonés. Realmente cómodo con las puertas de apertura lateral, pequeño pero bien equipado con Android auto y Apple carplay y cámara 360°. Nuestros coches ya tienen unos añitos…

De la estación nos dirigimos directamente al onsen donde íbamos a estar la primera noche. En 2016 estuvimos en uno tradicional y queríamos repetir experiencia en baños termales clásicos. Risa ya nos había comentado que se trataba de un sitio histórico y ella se encargó directamente en hacer la reserva porque online no lo vimos posible.

Comentar que presentando el certificado de vacunación del COVID con las tres dosis, hacían un 40% de descuento sobre el precio. Y qué queréis que os digamos, vino bien para el bolsillo. En total pagamos un poco más de 150€ por dos habitaciones dobles, incluidos los baños, cena y desayuno tradicionales.

Hasta las 16h no teníamos que pasar a recoger a Ryota de la guardería así que nos propuso ir a comer a un restaurante cerca de Karuizawa en plena naturaleza. La comida para los cuatro salió por ¥6780 /46,50€.

Tras la comida estuvimos dando un pequeño paseo por la zona. Tentados estuvimos de entrar a unos baños públicos. Pero al final decidimos seguir caminando. El río daba a un pequeño estanque helado con una mini pista de hielo acondicionada. Mientras ellas se ponían al día yo aproveché para sacar algunas fotos.

Risa nos dijo que podíamos intentar llegar a unas cascadas (Shiraito) que no estaban muy lejos, pero temía que pudiésemos encontrar nieve en la carretera y eso es lo que sucedió. Al principio, eran restos en el arcén, pero a medida que avanzábamos lentamente, la cantidad de nieve iba en aumento hasta el punto de hacerse intransitable y decidimos dar media vuelta y no tentar la suerte.

Y llegó la hora de ir a por el peque. Ahí andábamos todos, pensando cómo nos recibiría porque lo mismo les entras por buen ojo o deciden ignorarte y nosotros éramos unos completos desconocidos para él.
No estaba muy convencido de salir, pero la sorpresa nos la llevamos cuando al saludarle, se abalanzó a los brazos de Raquel. Parecía que la cosa podía ir por buen camino. Nos miraba, pero a la vez no dejaba de sonreír.
Lo cierto es que hacía bastante frío y ya tampoco quedaba mucho tiempo de luz así que nos acercamos a un centro comercial para entrar en calor. ¡Aquí comenzó mi amistad con Ryota!
No estaba muy convencido de salir, pero la sorpresa nos la llevamos cuando al saludarle, se abalanzó a los brazos de Raquel. Parecía que la cosa podía ir por buen camino. Nos miraba, pero a la vez no dejaba de sonreír.
Lo cierto es que hacía bastante frío y ya tampoco quedaba mucho tiempo de luz así que nos acercamos a un centro comercial para entrar en calor. ¡Aquí comenzó mi amistad con Ryota!

Con él me recorrí el centro comercial. Realmente, confieso que no sé quién es más niño en estos casos… jejeje… Pero llegó la hora de la despedida y ahí pasamos al drama. Porque el pobre se puso a llorar desconsoladamente porque no entendía, aunque se lo tratábamos de explicar, que al día siguiente nos volveríamos a ver de nuevo.
De nuevo en el onsen, nos dimos un baño relajante con agua a más de 40°C y como en la calle la temperatura había caído a los 0°C, aún da más gusto estar sumergidos en la terma.
Ya vestidos como manda la tradición en estos casos, con nuestros respectivos Yukata, nos acercamos al comedor reservado para nosotros solos. La cena, plenamente tradicional de principio a fin, estuvo realmente deliciosa. Y lo dice, un tiquismiquis como ya os dije al principio, poco amigo de probar cosas nuevas.
De nuevo en el onsen, nos dimos un baño relajante con agua a más de 40°C y como en la calle la temperatura había caído a los 0°C, aún da más gusto estar sumergidos en la terma.
Ya vestidos como manda la tradición en estos casos, con nuestros respectivos Yukata, nos acercamos al comedor reservado para nosotros solos. La cena, plenamente tradicional de principio a fin, estuvo realmente deliciosa. Y lo dice, un tiquismiquis como ya os dije al principio, poco amigo de probar cosas nuevas.



*** final del día 18 ***
Cuando nos preguntaron a qué hora queríamos desayunar les dijimos que prontito así que lo reservamos para las 7h30. Y como antes queríamos remojarnos un ratito en agua calentita, tuvimos que madrugar. El día amaneció nublado y la temperatura tenía esa rayita negativa, -2°C.
El desayuno lo realizamos en un comedor común con el resto de huéspedes que también eran madrugadores. Y estilo japonés. Y tengo que reconocer, hablo solo por mí, que algunas de las texturas aún me resultan difíciles de asimilar. Pero no dejé nada. La inmersión tiene que ser total para disfrutarla, con sus pros y sus no tan pros.
El desayuno lo realizamos en un comedor común con el resto de huéspedes que también eran madrugadores. Y estilo japonés. Y tengo que reconocer, hablo solo por mí, que algunas de las texturas aún me resultan difíciles de asimilar. Pero no dejé nada. La inmersión tiene que ser total para disfrutarla, con sus pros y sus no tan pros.

Aunque fuera hacía bastante frio estuvimos curioseando por los alrededores del local mientras esperábamos a que nos recogiesen. La sonrisa con la que nos recibió Ryota no tiene precio, así que supusimos que la alegría de volver a vernos era mutua.

La primera visita que hicimos fue al templo Shinkai-Sansha, un antiguo santuario situado en el distrito Taguchi de Saku. Al parecer su construcción data del período Heian, que abarcaría del año 794 a 1185. Además de la sala de adoración y el salón Kagura, hay en la parte posterior del templo una pagoda de tres pisos, construida en 1515 durante la era Eisho, concluyendo el periodo Muromachi.
Tanto la pagoda como el santuario oriental fueron declarados importantes propiedades culturales del país. El estilo arquitectónico mezcla varios de los estilos de la época añadiendo toques budistas, que es por otro lado, un rasgo característico de este periodo. La entrada al templo es gratuita. Quizás por la época del año en la que estábamos, lo cierto es que estuvimos solos todo el tiempo que permanecimos allí.
Sí mi memoria no me traiciona, creo recordar que Risa nos comentó que trajeron al templo a Ryota cuando tenía meses como hay costumbre.
Tanto la pagoda como el santuario oriental fueron declarados importantes propiedades culturales del país. El estilo arquitectónico mezcla varios de los estilos de la época añadiendo toques budistas, que es por otro lado, un rasgo característico de este periodo. La entrada al templo es gratuita. Quizás por la época del año en la que estábamos, lo cierto es que estuvimos solos todo el tiempo que permanecimos allí.
Sí mi memoria no me traiciona, creo recordar que Risa nos comentó que trajeron al templo a Ryota cuando tenía meses como hay costumbre.

No muy lejos de aquí se encuentran las ruinas castillo de Tatsuoka-Goryokaku, de estilo occidental con solo dos bastiones y que junto con el de Hakodate Goryokaku son los únicos de Japón que tienen forma de estrella.
El de Tatsuoka fue construido finalizando el período Edo (entre 1864 y 1867) por Matsudaira Noriken, el señor del dominio de Tanoguchi.
Su método de construcción es de estilo bastión y se dice que fue una idea concebida por el general francés Beauvan con el propósito de atacar y defender con fuego cruzado desde cada baluarte mediante la instalación de un arma de fuego en cada una de las esquinas salientes.
El de Tatsuoka fue construido finalizando el período Edo (entre 1864 y 1867) por Matsudaira Noriken, el señor del dominio de Tanoguchi.
Su método de construcción es de estilo bastión y se dice que fue una idea concebida por el general francés Beauvan con el propósito de atacar y defender con fuego cruzado desde cada baluarte mediante la instalación de un arma de fuego en cada una de las esquinas salientes.

En el centro de información que hay justo antes de acceder había una exposición fotográfica donde se mostraban otros castillos de otros países que tenían en común esta forma de defensa con muralla en forma estrellada. Uno de estos lugares es la Ciudadela de Halifax en Canadá que nosotros visitamos cuando hicimos el recorrido por las provincias atlánticas de Canadá.

En la calle seguía haciendo una temperatura fresquita con 3°C, pero al no hacer viento, era bastante llevadero. A las 13h pensamos en ir a comer y Risa nos llevó a un restaurante que ella conocía y el ambiente era muy familiar. Todo salió por ¥4620 /31,50€ incluida la comida de Ryota.

Antes de entrar a comer habíamos echado el ojo a un quiosco en la acera de enfrente que vendían taiyakis hechos al momento y que decidimos probar como postre.

Aunque Ryota se estaba portando de maravilla, no todo iban a ser templos así que nos acercamos al parque Saku City Inariyama con juegos y columpios para niños (¡y los no tan niños, ay!). Desde el alto de la torre/ falso faro, hay unas vistas de 360° de la ciudad de Saku y alrededores.
Algo muy curioso es que a las horas en punto, se abren unas pequeñas puertas en el edificio del faro donde unas figuras de ángeles bailan al son de música.
Algo muy curioso es que a las horas en punto, se abren unas pequeñas puertas en el edificio del faro donde unas figuras de ángeles bailan al son de música.


Antes de volver a Saku ciudad, visitamos algunos templos de tamaño chiquito que había en los alrededores del parque de juegos. ¿Quién dijo que visitar templos es aburrido? ¡preguntadle a Ryota que no bajo de mis hombros y me hizo sudar bien la camiseta debajo de toda la ropa de abrigo!

Después de darlo todo, Ryota y yo estábamos derrotados y pensamos que no era mala idea sí yo me quedaba con él en el coche mientras ellas iban a hacer alguna comprilla. ¡Se quedó roque en lo que se cerraron las puertas y yo, pues bueno, teniendo en cuenta que duermo en cualquier sitio, posición y momento del día … todo dicho… aunque sí me preguntas, lo negaré … shh!!!
Como teníamos que registrarnos en el hotel donde pasaríamos las dos noches siguientes, cuando nos juntamos de nuevo, nos fuimos hacia allí. El hotel tiene la ubicación perfecta porque está literalmente al lado de la estación del tren. Aquí tuvimos habitaciones separadas.
Como teníamos que registrarnos en el hotel donde pasaríamos las dos noches siguientes, cuando nos juntamos de nuevo, nos fuimos hacia allí. El hotel tiene la ubicación perfecta porque está literalmente al lado de la estación del tren. Aquí tuvimos habitaciones separadas.

Como Javi estuvo trabajando quedó con nosotros para cenar y nos llevaron a otro local que nos gustó mucho. No sé sí veis series japonesas o coreanas, pero algunos restaurantes tienen reservados o espacios privados para cada grupo. La comida la pedíamos con una tablet. Te sientas a la altura de la mesa y hay un hueco debajo para que te “cuelguen” las piernas, no es necesario sentarse a lo indio. El sitio se llama Kaisantei Icchou y os lo recomendamos sí os acercáis hasta aquí. No os podemos decir lo que nos costó la cena porque nos invitaron, pero vimos los precios de los platos y era bastante razonable y todo estuvo rico, rico.

A la hora de pedir postre, Javi y yo nos vinimos arriba y luego nos las vimos un poco canutas para terminarlo. En este caso la foto no hace justicia, creedme que era gigante.

Al salir, solo había 2°C y nevaba ligeramente. Como no entrábamos todos en el coche, Javi llevó primero a Risa y a Ryota, y luego volvió a por nosotros para acercarnos al hotel que también estaba cerca de su casa. Para no quedarnos cubito, casualidad que había un Starbucks y nos tomamos algo calentito ¥1395/ 9,5€.
*** final del día 19 ***
Como era de esperar el día amaneció gélido en Saku con solo -1°C. Teníamos incluido el desayuno en el hotel así que sobre las 8h estábamos reponiendo fuerzas.

Tras finalizar hablamos con nuestros anfitriones comentando los pronósticos del tiempo nada favorables, con nieve y frío. Además, teníamos el inconveniente de que no entrábamos todos en el coche. Nosotros teníamos preparado algún plan alternativo: volver a Matsumoto para ver el castillo o visitar el famoso parque de monos Jigokudani que tal como indican en su web es “el único lugar del mundo donde los monos se bañan en aguas termales”.
No estábamos seguros de sí podríamos llegar en transporte público hasta el parque y Risa nos hizo el favor de llamar y preguntar. No se lo pudieron asegurar y entonces, descartamos la idea. Decidiéndonos a favor de Matsumoto nosotros solos y quedar luego con ellos en su casa para cenar.
Y al salir del hotel, una sorpresa en forma de nevada y a nosotros nos hizo mucha ilusión que nevase para qué negarlo.
No estábamos seguros de sí podríamos llegar en transporte público hasta el parque y Risa nos hizo el favor de llamar y preguntar. No se lo pudieron asegurar y entonces, descartamos la idea. Decidiéndonos a favor de Matsumoto nosotros solos y quedar luego con ellos en su casa para cenar.
Y al salir del hotel, una sorpresa en forma de nevada y a nosotros nos hizo mucha ilusión que nevase para qué negarlo.

Teníamos el Shinkansen hacia Nagano a las 10h15 así que de camino a la estación paramos en una pastelería para coger algo de dulce para el viaje.

Las pastelerías japonesas son auténticos lugares de perdición, digo para perderse, pero fuimos cautos y nos conformamos con unos bollos y unos cafés ¥1302 /9€.


El trayecto de Saku a Nagano se realiza en apenas media hora así que apenas comimos lo comprado y ya estábamos preparándonos para desembarcar. Una vez en Nagano, cambiamos de anden para coger el tren de la línea Shinono que ya sería el que nos llevaría hasta Matsumoto. El billete (ida) es de ¥2900 /20,50€ por persona. Como hace el trayecto algo más despacio tuvimos oportunidad de ir sacando alguna foto. El pueblo que veis es Chikuma, al sur de Nagano.

Al llegar a Matsumoto nos encontramos de frente con el tren de la serie E353 entrando a tal tiempo a la estación… es mi imaginación seguro, pero ¿no es recuerda el frontal a las máscaras de los guerreros espartanos de la película 300? No me digáis cómo o por qué me vino esa imagen a la cabeza.

Ya dentro de la propia estación hay señales indicando la dirección hacia el castillo, así que pérdida no hay. La distancia es de un km y medio y vas dando un paseo tranquilo visitando la ciudad.


El castillo de Matsumoto al que originalmente denominaron castillo “Fukashi-jo” se construyó durante durante el periodo Sengoku (1467 – 1590) gobernando la región de Shinshu (actual Prefectura de Nagano) el clan Takeda. En 1582 cuando el señor de la guerra Oda Nobunaga derrotó al clan Takeda, éste se hizo cargo del castillo. La torre del homenaje se estima que fue construida en algún momento entre 1593 y 1594.
Posteriormente, el castillo fue entregado al clan Ogasawara momento en el cual se le cambió el nombre. Es apodado “castillo del cuervo” debido a su color negro y está considerado como uno de los tres castillos más bonitos de Japón junto con el de Himeji y el de Kumamoto. Nosotros hemos hecho pleno, visitándo los tres.
Posteriormente, el castillo fue entregado al clan Ogasawara momento en el cual se le cambió el nombre. Es apodado “castillo del cuervo” debido a su color negro y está considerado como uno de los tres castillos más bonitos de Japón junto con el de Himeji y el de Kumamoto. Nosotros hemos hecho pleno, visitándo los tres.

La entrada cuesta ¥700/ persona y te entregan una pequeña guía (es español) con los puntos más interesantes del castillo. Si os interesa, podéis descargar la guía aquí (solo inglés).

La apariencia es de una torre de cinco plantas, pero en realidad son seis y es que la tercera planta está construida de tal manera que no se ve desde el exterior (carece de ventanas). La primera altura está edificada con madera de ciprés y pino y se cree que su uso era almacenamiento de comida, armas y munición.
En la segunda planta hay una colección muy extensa de todo tipo de armas de fuego. Se trata de una donación a la ciudad por Michishige y Kayoko Akabane, matrimonio ya fallecido que a lo largo de su vida atesoraron todo este material.
En la segunda planta hay una colección muy extensa de todo tipo de armas de fuego. Se trata de una donación a la ciudad por Michishige y Kayoko Akabane, matrimonio ya fallecido que a lo largo de su vida atesoraron todo este material.



Las escaleras de madera para ir subiendo de planta a planta son estrechas y empinadas. Y las del último tramo especialmente altas. Difíciles para alguien de no mucha estatura. Y hacemos esta reflexión pensando en que la gente que uso el castillo, no destacaba precisamente por su talla. Claro que llegar al mirador de la sexta planta, bien merece la pena el esfuerzo, porque ya os imagináis que las vistas son…


Nota importante y a tener en cuenta: hay que descalzarse para entrar. Aunque el suelo es de madera, los pies se te quedan literalmente congelados, cubito, tiesos… y eso que no paras de andar. Quizás debido a la baja temperatura en esta época, pero procuraros el día que lo visitéis unos calcetines (sin agujeros, eso ya sabéis también) pero que sean mulliditos y gorditos.

Recuperando poco a poco la circulación y el calor en los miembros inferiores, finalizamos la visita al castillo pasando por la tiendecita y haciéndonos una foto de familia. Y pensando que no sería mala idea buscar un sitio para comer. A Raquel le sonaba que había un restaurante de curry de la cadena CoCo, así que sólo lo tuvimos que buscar en Google Maps y sentarnos a la mesa. La comida para los tres nos salió por ¥2899 /19,75€.


Desde el 1 de diciembre hasta el 28 de febrero, el castillo cuenta con una iluminación nocturna especial y nos hubiese gustado quedarnos pero teníamos una cita para cenar y teníamos hacer el viaje de vuelta. Pero para no dejaros con las ganas de verlo iluminado, os dejamos una foto que sacamos la vez anterior porque realmente, es aún más impresionante.

Una vez en Saku, Javi vino a recogernos para llevarnos hasta su casa. Risa estaba esperándonos con las “manos en la masa” y Ryota danzando de aquí para allá. La cena ¿qué podemos deciros? ¡De rechupete!
Al peque le dejaron levantado algo más de lo habitual y le dimos algunos de los regalos que le habíamos llevado para que se acordarse sobre todo de Oskar San. Al día siguiente, le tocaba guardería. Y probablemente ya no nos volviésemos a ver para que no se volviese a llevar disgusto al vernos marchar.
Al peque le dejaron levantado algo más de lo habitual y le dimos algunos de los regalos que le habíamos llevado para que se acordarse sobre todo de Oskar San. Al día siguiente, le tocaba guardería. Y probablemente ya no nos volviésemos a ver para que no se volviese a llevar disgusto al vernos marchar.

Para las 23h decidimos despedirnos y Javi nos volvió a acercar al hotel. En la calle, frío. ¡Con todas las letras!
*** final del día 20 ***
Hoy volvíamos a Tokio. Y aunque era lunes, Risa se había pedido el día libre para poder estar un poco más con nosotros. El día despejado y la aplicación del tiempo decía que estábamos a -5°C. Recogimos y bajamos a desayunar. Pedimos permiso para dejar las maletas en la consigna del hotel hasta la hora de marchar y no pusieron ninguna pega.


Una vez reunidos de nuevo con Risa, nos llevó a la zona del parque Hanazura. En sus alrededores hay varios templos “menores” y estuvimos paseando modo relax total.




Las chicas querían ir a un par de tiendas y yo pensé en darme una vuelta con la cámara mientras tanto. Me fui hasta cerca del puente Sakuo que cruza el río Chikuma. A pesar de que el sol lucía con fuerza, la temperatura sólo consiguió subir hasta los 3°C.

Poco antes de las 14h fuimos a comer a un restaurante de ramen casero que Risa conocía y donde había hecho una reserva porque el sitio es pequeño. Creo recordar que tenía 4 mesas. No podemos decir lo que nos costó la comida porque nos invitó, pero sí podemos deciros que el ramen nos sentó de maravilla y nos supo a gloria.


Tras el postre, Risa nos comentó que no quedaba mucho para tener que ir a recoger a Ryota y sí queríamos ir. Pero pensamos que para 10´que íbamos a poder estar con él, lo que habíamos pensado a la noche de no darle pie a un disgusto, era lo mejor. Y no solo lo hubiese pasado mal él, a nosotros también nos daba mucha penita.
También nos despedimos de ella. Con la promesa de vernos pronto de nuevo. Sí ellos vienen a España las posibilidades son muchas porque su familia vive prácticamente aquí al lado. Y siempre nos quedan las video llamadas mientras tanto.
Tras pasar a por nuestras maletas por el hotel, nos fuimos a la estación. Antes de montarnos en el tren, cogimos unos cafés y unas especias para cocinar en una de las tiendas de la estación ¥4444 /30,15€.
También nos despedimos de ella. Con la promesa de vernos pronto de nuevo. Sí ellos vienen a España las posibilidades son muchas porque su familia vive prácticamente aquí al lado. Y siempre nos quedan las video llamadas mientras tanto.
Tras pasar a por nuestras maletas por el hotel, nos fuimos a la estación. Antes de montarnos en el tren, cogimos unos cafés y unas especias para cocinar en una de las tiendas de la estación ¥4444 /30,15€.


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